Número de edición 7680
Espectáculos

Segunda parte de la entrevista a Antonia B. Taleti

Segunda parte de la entrevista a Antonia B. Taleti

En esta entrega se seguirá ahondando en el gusto literario y su trayectoria literaria.

Por ROLANDO REVAGLIATTI

En tanto en 1998 obtuviste una Primera Mención en el género cuento, en el cuento incursionaste.

AT — Me sobran dedos de una mano para contar las veces que participé en concursos literarios. No tengo nada en contra de ellos, es más, recomiendo a mis alumnos que lo intenten. Personalmente carezco de esa ejercitación para concretar el trámite, no me informo, se me vencen las fechas, me olvido.

Sin embargo, hace dieciocho años la Convocatoria del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre las Mujeres (FHyA) me encontró con un cuento que yo acababa de escribir, cuya temática conectaba con la propuesta; también el lugar donde debía llevarlo estaba dentro de mi recorrido habitual y allá fue “Buen día, Selmi”, que obtuvo la primera mención.

Escribo cuentos, a veces. En su mayoría, están inéditos. Tienen un tono muy distinto a la poesía, una resolución más ágil y llana; la poesía está más encriptada. He terminado en estos días un relato que tal vez tantee el arduo camino de la edición.

Tengo conmigo mi ejemplar de “ItalianiD’Altrove”. Allí, en tu presentación (en italiano), te referís a figuras y circunstancias significativas.

AT — La invitación a participar en la antología “ItalianiD´Altrove”, propuesta del escritor uruguayo Milton Fernández, donde vos y yo hemos compartido páginas, me llevó a reflexionar sobre mi relación con Italia y de allí a consolidarla. En la presentación establezco tres nexos que me unen con la península.

“La primera relación con Italia me llega a través de la figura de mi abuela, de las anécdotas que se contaban de esta mujer fuerte, que murió cuando yo era todavía muy chica y que me dejó en herencia su recuerdo y su nombre: Antonia.

(…)

El segundo nexo con Italia lo establezco a partir del estudio de la Lengua y la Literatura que me ofrecieron en el Instituto Dante Alighieri de Rosario, donde cursé la escuela primaria y parte de la escuela secundaria.

(…)

El último lazo lo debo a mi madrina, una agradable boloñesa interesada en el arte que amaba a los animales y a las plantas y que me enseñó canciones como ‘C´era un grillo nell campo di lino…’.”

Es a la lectora más o menos habitual de literatura en idioma italiano a quien le pregunto qué novelistas, cuentistas, poetas italianos prefiere y porqué.

AT — Luigi Pirandello podría iniciar el recorrido, por su reflexión sobre el ser, la pregunta filosófica más allá del momento o el lugar donde surja. Uno, nessuno e centomilla. Los escritores que me interesan son aquellos que tienen un trabajo sobre el lenguaje y las estructuras y conectan con una mirada sobre lo social o individual. Es una combustión difícil, el encuentro de cómo escribir el tema irrenunciable para cada autor.

En desorden, nombro a Antonio Tabucchi mientras pienso en “Sostiene Pereyra”, a VincenzoConsolo en “La sonrisa del ignoto marinero”, a Leonardo Sciascia en “El día de la lechuza” y “El caso Moro”, a Andrea Camilleri no solo creador de la serie del comisario Montalbano, sino de historias como “La toma de Macalé”. Releo “Las ciudades invisibles” de Italo Calvino y desearía volver a “Si una noche de invierno un viajero” y a revisar su propuesta teórica. Actualmente, el desafío que propone la New Italian Epic me parece una evidencia de la vitalidad de la literatura italiana.

De los poetas italianos vuelvo a Giacomo Leopardi, Salvatore Quasimodo, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, pero, preciso aclarar que soy lectora de poesías, no de poetas, lectora de textos, no de autores.

Te transfiero, aunque con formato de preguntas, declaraciones del escritor Marcelo di Marco: ¿El arte tiene que molestar? ¿Ya no hay modelos en nuestra vida cotidiana?

AT — Pienso en el arte como una experiencia de percepción que abre sentidos, que amplía el horizonte, que aporta puntos de vista desde los cuáles reflexionar, donde se sostiene un criterio estético. El arte es creación que no tiene que dejar indiferente, que tiene que movilizar, que desacomodar.

Molestar, fastidiar, no es un objetivo, puede ser una consecuencia. La visión de mundo del sujeto creador deja su impronta en la obra. ¿Modelos en la vida cotidiana? Sí que existen, hay modelos a seguir y otros, a destruir. Es la dinámica de las relaciones generacionales.

Has publicado tres poemarios: ¿qué considerás común entre ellos?

AT — Los títulos indician un recorrido. En común tienen la búsqueda de la palabra que exprese lo inefable, lo que va más allá de nuestros límites, esa presencia de algo sagrado o divino que a veces vislumbramos. Por eso siempre es intento, interrogación, tratar de escuchar “La voz que nunca alcanzo”.

El segundo libro, “Río de paso”, agrega el oxímoron del instante para siempre; por último, la invitación a compartir, a encontrar a los pares en “Cómplice en la mirada”, que conlleva la idea de transgresión relacionada con el par escritura–lectura.

Dentro del género narrativo preferís…

AT — …las novelas. Admiro la capacidad de crear un universo que tienen los novelistas, se asemejan a los directores de cine. Me los imagino por meses habitando en mundos paralelos. Los cuentos de Borges, Cortázar, sí, pero no leo cuentos con frecuencia.

Y poesía porque me gusta y porque pretendo escribirla. ¿Podemos entrever la cantidad de libros publicados y fantasear en los que quedan relegados? ¿Lista de autores? Los ya mencionados y los que salen al cruce por recomendación de amigos, de críticos, de libreros. Encontrarse con libros para leer es una casualidad más.

Uno de los personajes de la novela “El mundo deslumbrante” de Siri Hustvedt, declara: “…la simpatía no sólo está sobrevalorada, sino que además resulta mucho menos atractiva de lo que suele afirmarse.” ¿Coincidís?

AT — En la base etimológica de la palabra simpatía está la idea de coincidir en la experiencia, de ser solidario, un término positivo. Si lo llevamos a un gesto superficial, se devalúa, pierde solidez. Hay un vocablo que en estos tiempos ha perdido su sentido, y es amigo. El uso impuesto por las redes sociales cambió su significado.

¿Alguien puede creer que tiene 3.500 amigos porque así aparecen en Facebook? Lamento esa pérdida porque la amistad es una relación sutil, generosa, que incluye la simpatía y el conocimiento profundo del amigo, relación que hay que cuidar como todo lo valioso, para que perdure.

¿Advertís que algunos recuerdos han ido cambiando en vos a través del tiempo?

AT — Creo que puede modificarse la valoración de algunos hechos del pasado. El recuerdo es un relato como la imagen de una foto, queda lo condensado y se desdibuja el original. No estoy pendiente del pasado, tenemos un presente alborotado que consume el tiempo. Mi memoria es arbitraria y desordenada, supongo que es la libertad de mi subconsciente de decir qué conserva y qué deja pasar. Lamento que de mis recuerdos preponderen las impresiones generales.

Antonia B. Taleti selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

A la intemperie

Estaba a la intemperie

cuando el pájaro picoteó

su alimento, toda

sangre, carne, huesos

mientras el río frotaba

las piedras ágilmente.

También pelos y uñas

rodeada por montañas.

A la intemperie

desnuda,

con los ojos abiertos,

tratando de escuchar

la voz que nunca alcanzo.

Alguien plantó el misterio y nos observa

en un juego de ciegos

oler, palpar, lamer

la presa equivocada.

(de “La voz que nunca alcanzo”)

Infancia

Bordeaba el margen lluvioso

un charco de enero.

Era chica

supe que ese instante

se condenaba al vacío

si no lo aferraba.

Lo guardé… para alguna vez.

Poesía, memoria de charcos.

(de “La voz que nunca alcanzo”)

Tendiste la niebla compacta y leve sobre el río

telones de gasa cubrieron el puente, las islas.

Desde allí llamabas sin manos y sin voz

solo un perfil alentando el secreto

en el ritual de un domingo de mañana.

Sin conocerte avanzo expuesta a esa luz blanda y húmeda

abandonada toda defensa busco tu imagen, tu palabra

y desde la orilla que me retiene ruego

que no sea cierto el perro lanudo, husmeante

los vidrios rotos

los desperdicios

ni siquiera el chasquido de las olas

ni la bandada de largos picos

que el hombre en medio de los charcos

no sabe, no puede nombrar.

Solo vos, entreabierto llamando.

(de “Río de paso”)

Húmeda

pegada a las baldosas

de la vereda, la hojita

aferrada al instante se ofrecía

humilde y sabia.

En el umbral, estremecida

yo esperaba.

(de “Río de paso”)

Del amor desconocido

me gustan las maneras

a qué budacristoalá

o como lo llamen

dar las gracias por

el árbol florecido

el solcito detrás del vidrio

el abrazo del compañero

la cerveza compartida.

(de “Cómplice en la mirada”)

Intermitente gotea el lila

y reverbera en vida desde la vereda.

Es un haz intenso el que atravieso.

¿Quién mira este escenario donde juego

mi breve paso de comedia?

Es octubre azul en Rosario y puedo verlo.

(de “Cómplice en la mirada”)

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