N° de Edición 7092
Cultura

Economía y sociedad en el pago de Magdalena (Buenos Aires)

Economía y sociedad en el pago de Magdalena (Buenos Aires), a principios del siglo XVIII

Economía y sociedad en el pago de Magdalena (Buenos Aires), a principios del siglo XVIII

Afortunadamente, disponemos de fuentes históricas del período colonial que nos permiten hacer, hasta cierto punto, interesantes reconstrucciones sociales, económicas e incluso políticas a nivel local. Una de ellas es una que vengo trabajando desde hace algunos años, y que se presta a distintas interpretaciones: el padrón de la ciudad y campaña de Buenos Aires realizado en 1726.

Por Mauro Luis Pelozatto Reilly*

Para esta oportunidad, he decidido releer los datos, reordenarlos, y plantear algunas características generales de la sociedad y las prácticas económicas del pago de Magdalena por entonces, lo cual me deja espacio para plantear también varios interrogantes al final.

Antes que nada, hay que decir que, indudablemente, Magdalena tenía tanto una sociedad como una economía concentradas en el ámbito rural, ya que la extensa región integraba la campaña bonaerense en aquel momento. Partiendo de esta base, no se puede hacer otra cosa que concentrarse en el estudio de las unidades productivas rurales y de los actores sociales que iban y venían entre aquellas.

Es que, como bien señalan varios especialistas, la movilidad de hombres y ganados era muy grande, y la irregularidad y estacionalidad de la mano de obra eran prácticamente una regla, salvando las diferencias locales. Por ejemplo, cuando se levantó el censo analizado, solamente pude anotar 8 establecimientos con trabajadores libres registrados. Asimismo, aquellos se encontraban en diferentes situaciones de ocupación y trabajo: por ejemplo, se sabe que el vecino Juan Ramírez contaba con la asistencia de un negro y 2 entenados como agregados; don Juan Bas tenía un ‘‘indio arrimado’’, el cual era casado y tenía 2 hijas; el capitán Antonio Barragán contaba con la asistencia de un agregado; mientras que doña Bernarda, viuda de Orles, supervisaba el trabajo de varios ‘‘mulatos y negros’’. Todos los casos citados hacen referencia a vínculos consuetudinarios, es decir, basados en la fuerza de la costumbre.

La agregación era un tipo de relación entre el estanciero y campesinos que no tenían tierras en propiedad, y que para poder producir en parcelas, pagaban una renta en trabajo al dueño.

Otras situaciones dejan ver otro tipo de vinculaciones entre estancieros y trabajadores. A modo de ejemplo, el capitán don Ambrosio Gil Negrete mandaba al joven Carlos Negrete (de 15 años de edad), y al mismo tiempo tenía 2 ‘‘indios conchabados’’. Al igual que los agregados, estos peones provenían de distintos lugares de Buenos Aires y de otras provincias, y también los había de todos los grupos sociales y castas. Otro aspecto relevante es que se desempeñaban en todo tipo de tareas y labores dentro de las explotaciones, como la doma de potros, el marcado de los ganados, las recogidas de alzados, las vaquerías, las castraciones, la reproducción de mulas, etc. Tampoco debemos pasar por alto la posibilidad de que se ocuparan en las siembras y cosechas, ya que, como he demostrado en trabajos anteriores, las zonas ganaderas también contaban con terrenos agrícolas, principalmente para obtener granos para el mercado local.

La afirmación de que había ‘‘gauchos negros’’ rondando entre los rodeos y los campos de cultivo es, a estas alturas, innegable. Como ya se ha sostenido a lo largo de muchas investigaciones, los esclavos, por más de que fueran pocos dentro de las unidades de ocupación, representaban a la fuerza de trabajo más estable, y por lo general convivían con peones, arrimados, arrendatarios, entre otros. En la Magdalena de 1726, no había grandes propietarios de esclavos, y predominaron casos como el de Luis de Giles, que tenía 3, el del ya mencionado Gil Negrete (con 1 negro y 2 mulatillos), y el de la estancia del difunto Juan Bas, donde fueron declarados 5 ‘‘bozales’’. Algunos de estos africanos, por diversas causas (establecimiento de vínculos de amistad con el amo, premiación por el destacado desempeño laboral, etc.), lograban su libertad jurídica (pasando a ser libertos), como fueron los casos de los 3 negros y el mulato que asistían al capitán Pablo Barragán.

Más allá de cualquier clase de trabajadores externos a cada sitio, no caben dudas de que los integrantes de cada familia constituyeron el grueso de la cantidad de brazos disponibles para las actividades agropecuarias. Las cifras son contundentes: de los 25 jefes de unidad productiva estudiados, 19 eran casados, mientras que 16 contaban con hijos que tranquilamente los podían ayudar. Esta es uno de los factores más determinantes para entender la baja cantidad de esclavos, la irregularidad del peonaje y de las otras formas de explotación laboral, ya que muchos de estos campesinos dependientes eran a su vez productores libres que debían atender sus propias parcelas familiares.

Otros indicadores me llevan a profundizar sobre más cuestiones. Un tal Francisco, de origen portugués, casado y con 2 hijos, aparece como arrendatario en tierras de la Compañía de Jesús. Mediante la compra, las concesiones reales y las donaciones particulares de vecinos hacendados, órdenes religiosas como la de los jesuitas lograron acumular grandes extensiones de tierras, y además, gracias al cobro del diezmo (o su arriendo), pudieron concentrar importantes planteles de ganado. Al igual que los productores ‘‘laicos’’, los religiosos invertían y producían mirando a las demandas de diversos mercados: cría y engorde de novillos para el abasto de carne municipal, extracciones de piezas de sebo y grasa para el consumo interno y para realizar envíos hacia otras ciudades, acumulación de cueros (principal producto pecuario de exportación), envíos de vacunos y mulares hacia otras regiones el Paraguay, Cuyo, Chile o el Alto Perú minero, mantenimiento de tierras de chacra para abastecer a los mercados trigueros, etc.

Ahora bien, en lo que toca directamente a la ganadería, y específicamente a la vacuna, hay que marcar varias cosas. Primeramente, que si bien aparecen algunos ocupantes bajo la nómina de ‘‘estancieros’’ o de ‘‘hacendados’’, durante buena parte del siglo XVII y comienzos del XVIII, la cría de bovinos ocupó un lugar secundario en comparación con las vaquerías, expediciones de caza practicadas sobre los animales salvajes (cimarrones), organizadas por vecinos criadores y autoridades coloniales, con la intención de obtener cueros, sebo, grasa y carne. Sin embargo, durante los primeros años de la centuria, se produjo la extinción de este tipo de animales, y tanto los miembros del cabildo como los ganaderos tuvieron que recurrir a otras alternativas como las faenas sobre las reservas de la Banda Oriental (Uruguay), una mayor intensificación de la cría en estos lados, y las recogidas de alzados para reintegrarlos a las estancias.

Representación de unos gauchos coloniales.

Fuente: https://ar.pinterest.com/explore/vestidos-de-epoca-colonial/

Asimismo, como pude desarrollar en otros escritos, no faltaron intervenciones directas del municipio porteño en esta parte de su jurisdicción. Además de la organización de entradas para combatir a los ‘‘indios infieles’’ de la frontera y para recolectar rodeos dispersos, no faltaron nombramientos de jueces comisionados, para facilitarles el trabajo a los alcaldes de la Hermandad, que desempeñaban funciones de ‘‘justicia y policía’’ en los pagos rurales, ocupándose no solamente de la recolección y redistribución de haciendas, sino de resolver litigios entre vecinos del poblado, derivar problemáticas a autoridades superiores, encargándose del cobro de los impuestos, de empadronar a los habitantes de su partido, supervisar las marcas y señales de los ganados, evitar determinadas irregularidades, perseguir a los ‘‘vagamundos y forasteros’’, entre otros asuntos de interés público. No nos olvidemos que para esa época, estamos ante una sociedad rural de frontera abierta, donde los ataques de los nativos hostiles, como las entradas de los ‘‘blancos’’ y las instancias de negociaciones políticas y económicas entre ambas ‘‘repúblicas’’ eran moneda corriente, junto con los asaltos, robos de animales, el trueque, el comercio al por menor, y toda una gama de situaciones que se daban dentro y fuera del marco legal.

Este repaso general sirve para plantear nuevos temas de estudio en base a cuestiones que quedan sin resolver, como la relación entre los miembros del cabildo y las tierras de Magdalena, la conexión entre los productores de la zona y los múltiples mercados, el peso del latifundio y de los pequeños productores independientes, la diversidad de relaciones sociales que tuvieron lugar en el pago, enfocándonos más en lo cotidiano, en el día a día, y demás ideas que puedan surgir.

Referencias

Academia Nacional de la Historia (ANH). Documentos para la Historia Argentina. Tomo X. Padrones de la ciudad y campaña de Buenos Aires (1726-1810). Padrón de 1726, pp. 177-180.

Archivo General de la Nación (AGN). Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Varios tomos y libros.

Fradkin, Raúl (2000). ‘‘El mundo rural colonial’’, en Tandeter, Enrique (Dir.). Nueva Historia Argentina. Tomo II. La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, pp. 241-284.

Fradkin, Raúl y Garavaglia, Juan Carlos (2009). La Argentina colonial. El Río de la Plata entre los siglos XVI y XIX. Buenos Aires, Siglo XXI Editores.

Garavaglia, Juan Carlos (1999). Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de la campaña bonaerense 1700-1830. Buenos Aires, Ediciones de la flor.

Mayo, Carlos (2004). Estancia y sociedad en la pampa (1740-1820). Buenos Aires, Editorial Biblos.

Pelozatto Reilly, Mauro Luis (2017). Entre rodeos y campos de cultivo: productores, trabajadores y mercados en Buenos Aires rural colonial (1726-1759). Saarbrucken, Editorial Académica Española.

Pelozatto Reilly, Mauro Luis (2017). El cabildo, la ganadería vacuna y sus mercados en Buenos Aires entre las décadas de 1720 y 1750. Tesis para la obtención del título de Magíster en Ciencias Sociales con mención en Historia Social. Universidad Nacional de Luján (UNLu).

*Profesor en Historia egresado de la Universidad de Morón (UM), Especialista y Magíster en Ciencias Sociales con mención en Historia Social por la Universidad Nacional de Luján (UNLu). Se desempeña como docente en las materias de Seminario de Investigación I y II, correspondientes a la carrera de Licenciatura en Historia de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Como investigador, ha realizado múltiples investigaciones sobre temas de historia social, económica y de las políticas económicas en el Río de la Plata y otros puntos de Hispanoamérica colonial, muchas de las cuales han sido publicadas o presentadas en diversos espacios académicos y de divulgación.

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