N° de Edición 7328
Política

Enfoque Político: «Maleza» Por: Carlos Enrique Galli

TESTESTE

ENFOQUE

Enfoque Político. Esa mañana Celedonio, uno de los componentes más caracterizado de aquella pequeña colectividad, ubicada en el deslinde del partido de La Matanza, justo donde coordinan Cañuelas y Marcos Paz, al oeste del gran Buenos Aires, notó que, tanto el

espacioso jardín, que con  dedicación y esmero cultivaba Martina, su compañera de lucha durante décadas, cómo los fondos de la antigua casita que con energía y tenacidad levantaran allá por los 50”, habían sido invadidos por una extraña y nociva maleza que amenazaba acabar, en muy poco tiempo, con las rosas, pensamientos, geranios, lirios y alverjillas que alegraban no solo la vida de Martina, su responsable, sino también con la enorme variedad de vegetales, legumbres y árboles  frutales que, robustos y lozanos crecían en la huerta de Celedonio.

Por: Carlos Enrique Galli

carlosgalli@yahoo.com

Inquieto, y cavilando porqué extraña jugarreta el destino o la naturaleza lo habían elegido justo a él, como víctima de una posible pérdida económica irreparable, de la que -seguramente- le costaría resurgir, igual que durante aquella sequía de hacía ya unos… ¿catorce, quince? años, empezó a visitar, uno por uno, a sus vecinos para informar, o confirmar según sea el caso, sobre la impensada presencia del tenebroso matorral.

Para su disgusto y desazón, advirtieron que sí, ciertamente, la alimaña vegetal se extendía imparablemente en cada sembrado, apoderándose del esfuerzo que todos ellos habían puesto en convertir aquel nauseabundo pantano de tiempos lejanos, en esos fértiles labrantíos que prometían, por un lado, perfume y color, y por otro, sustento, comida para la comunidad toda y, quien te dice, por ahí, hasta para vender algún saldito remanente.

Nunca fue fácil la vida de Celedonio y sus compañeros. Sobrellevaron con estoicismo y valentía todos y cada uno de los obstáculos a que cíclicamente fueron sometidos, ya sea por causas meteorológicas o, como en este caso, por la irrupción francamente sorpresiva de la maleza que amenazaba con destruir tantos abriles de espaldas encorvadas sobre la tierra.

Embarcados en una amistosa ronda de mates, no lograron evitar rememorar cuando, transitando la dura década del 90”, se vieron invadidos por una feroz embestida de babosas y caracoles que, con andar lento sí, pero imparable, devastaron a su paso con aquello que encontraban, brotes, plantas y hortalizas, accionando preferentemente de noche, que era cuando todos ellos se reponían de sus largas jornadas; o la vez en que, de repente, el cielo se ennegreció con la presencia de oscuras aves usureras que, si bien no atacaron los cultivos en sí, arrasaron a pequeños animales, como roedores o culebras que eran los encargados a su vez, de mantener inalterable la relación de fuerzas de supervivencia de las especies, dando por sentado que, de romperse un solo eslabón de la cadena, los perjuicios comprenderían a toda su pequeña sociedad.

Lo cierto, lo irrefutable, era que la maleza, con todo su poder de devastación, respondiendo evidentemente a  patrones genéticos desiguales encausados hacia el daño, hacia la corrosión de la plantación, se iba apoderando primero, de las raíces, para, en pocos, poquísimos días, quebrar la frescura y lozanía de los tallos más tiernos provocando, por último, la muerte lentamente agónica de la fronda toda.

Tanto Celedonio como sus vecinos, hombres duros curtidos en mil batallas agrícolas, difíciles de doblegar en su lucha contra espacios inhóspitos, veteranos triunfadores de rigores climáticos, decidieron, una vez más, como siempre, por unanimidad, como se lo ordenaba su tradición, resistirle a la maleza, arrancarla sin armas químicas, sólo usando sus manos, hasta lograr al fin la redención de aquello que les perteneció, por historia y por derecho.

Articulos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba