N° de Edición 7328
Política

Enfoque político: «El Pibe y el Pibito» Por: Carlos Enrique Galli

TESTESTE

ENFOQUE

 

El Pibito creyó ser feliz cuando, con seis años, la tarde del 11 de noviembre de 1954, jugando en el patio del viejo conventillo de Floresta apareció el padre, con traje gastado, el infaltable sombrero y dijo con su habitual parquedad: somos campeones. Venía de la Bombonera. Horas antes nuestro Boca Júnior había vencido a Tigre por uno a cero con gol convertido por M. A. Baiocco al  mítico “León de Wembley”, M. A. Rugilo, partido arbitrado por el inglés Harry Hartles.

Por: Carlos Enrique Galli

carlosgalli@yahoo.com 

Él no conocía el estadio, lo percibía, tan bien descripto por B. Veiga en sus relatos a través de la inmensa radio capilla, la misma que lo entretenía todas las noches compartiendo las peripecias de “Los Pérez García” o lo extasiaba con el “Glostora Tango Club”, refugio de la orquesta de Alfredo de Angelis. El rito se renovaba cada domingo, cuando calzando una raída camisetita partidaria, repetía incansablemente las mismas preguntas ¿papá, que es córner?, ¿Borello hace goles?, ¿Musimessi es un arquero cantor? No imaginaba que, ya con catorce años, estrenando el primer pantalón largo, presenciaría dos hechos realmente felices junto al viejo: el penal atajado por A. Roma a Delem durante el clásico Boca/River y la vuelta olímpica a finales del “62.

Para ese entonces, El Pibe, nacido en 1959 en el seno de una familia acomodada, había cumplido tres años. Separados por una década de diferencia, el club de la Ribera los haría transitar caminos paralelos con motivaciones opuestas. Mientras El Pibito ya trabajaba nueve horas diarias en una sórdida fábrica y disfrutaba del bicampeonato 1964/65, El Pibe, naturalmente, ingresaba al exclusivo colegio C. Newman. El uno le servía al xeneize desde la pasión, el nervio, el otro, como todo en su vidorria, se serviría del mismo, utilizando su vidriera para trascender a pesar de sus exiguos y peripatéticos méritos.

En el césped, un chiquilín atrevido de cintura prodigiosa convoca multitudes desde la tercera división: A. Rojas “Rojitas”. Promediando 1976, mientras el “Toto” Lorenzo acariciaba la  Libertadores del año siguiente y la Intercontinental del posterior ganando el Nacional y el Metro, el país ensombrecía bajo la dictadura cívico militar de J. Videla. Mientras el Narrador (ex Pibito) ya trabajaba en Segba, empresa estatal, El Pibe, concluido el ciclo secundario ingresa a la UCA a ¿cursar? ingeniería. En tanto, el Grupo Socma inicia su largo derrotero en las cuestiones de exprimir al estado, ya sea bajo votos o botas.

En 1981, el mundo futbolero se conmueve con la llegada de D. Maradona, en un paso por el club tan efímero como fructífero. En 1984, El Pibe, ya convertido en ¿ingeniero civil?, desarrolla tareas en las distintas empresas del Grupo, bajo la atenta y escrutadora mirada de un padre denostador e implacable.

En el mismo año, don Antonio Alegre, junto a C. Heller asume la presidencia del club implementando una audaz operatoria financiera para recuperar arcas exhaustas.

Se inicia una larga sequía de títulos que culminaría en 1992 cuando «El Maestro» O. Tabárez reverdece marchitas glorias. Un año antes, en un suceso nunca aclarado debidamente, el ingeniero es víctima de un sospechoso secuestro y, antes de ser liberado tras un rescate millonario en dólares, traba relaciones con el “Fino” Palacios, un funcionario policial que con el  tiempo reaparecía en su vida (y las nuestras) ocupando cargos en la CABA, y que derivarían en posteriores escándalos judiciales.

En 1994, mientras el Ingeniero y su padre son procesados (y absueltos) por la Corte Menemista por el contrabando de autopartes a Uruguay relativo a la automotriz Sevel, el Narrador pierde su puesto en la empresa que, gracias a las políticas de remate del país implantadas por C. Menem ya no es más estatal.

Los años 1995/96 marcan un quiebre en la institución, ya que en elecciones poco transparentes, el Ingeniero se alza con las mismas, dando inicio a un ciclo de modificaciones tanto en lo deportivo como en lo particular. Intenta contratar un técnico de “la contra”, (D. A. Pasarella), firma un acuerdo con el club Parque, desde donde arriban C. Tévez, L. Viatri y… R. Riquelme, remodela elitistamente el estadio, y crea un registro de socios “Vip” a los que sólo un puntaje les permite el acceso, vaciando de contenido popular las tribunas. Paradójicamente, en el debut de Román,  el equipo pierde  6 a 0 contra Gimnasia, el “Lobo Platense”. En lo personal, y según sus palabras, esta presidencia le otorgaría a posteriori una difusión de su imagen imposible de lograr en su pretendida función de estadista.

En 1998/99 irrumpen los Mellizos, Palermo, Córdoba, Bermúdez, se da una seguidilla impresionante de campeonatos, y, se padece la reelección del Ingeniero. En 2001, soporta los desaires de J. R. con su famoso Topo Gigio y de C. Bianchi abandonando en su cara una rueda de prensa; adquiere a  ignotos Takahara y A. Tchamit y, dos años más tarde, lanzado a la política funda Compromiso para el Cambio y luego el Pro. Simultáneamente, es electo diputado nacional, cargo en el cual demuestra su habitual y escasa vocación laboral: en 2006 concurre poco porque “se fastidia” y en 2007 no va jamás. Imprevistamente, ese mismo año, es electo en la CABA siendo ratificado en 2011.

A esta altura del relato, lo demás es reciente. El Ingeniero avanzó con sus planes, hizo y deshizo a gusto, dijo, negó, tejió alianzas inverosímiles, desfiló  impúdicamente por canales colaboradores y, por supuesto, nunca supo de la existencia del Narrador. El mismo, mientras busca una salida decorosa para la historia, piensa para sus adentros: que lo parió, Mauricio Macri, no te bastó convertir la ciudad en tu feudo, pintarla de amarillo, reprimir indefensos, vetar ciento y pico de leyes, espiar a propios y extraños, someterte a jueces extranjeros, vivir multiPROcesado, desmantelar hospitales, pauperizar la educación estatal, y ahora como ¡¡Presidente!! (¡¡Dios, no lo puedo creer!!), magnificar y multiplicar todas esas perversiones.

Evidentemente no, nada de eso te bastó, también, a través de un criado testaferro como D. Angelici me privaste -en 2015- de Juan Román, te cobraste el atrevimiento de C. Bianchi y te me apoderaste de Boca.

 

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