N° de Edición 7271
Política

En El Desarrollo De Las Primarias: APRENDER DE LOS ACIERTOS Y ERRORES. Julián Licastro

TESTESTE

Julián Licastro

La comunidad es una construcción conjunta que trasciende todo aislamiento individual organizando sus relaciones de producción, reproducción y convivencia. Sin el ideal del bien común, que madura como cultura de identidad y arraigo, ella se reduce a un conglomerado amorfo, inestable y violento que frustra expectativas y esperanzas.

La diferencia entre uno y otro estadio de la evolución política, corresponde al progreso de las instituciones y estructuras, y a la solvencia del régimen de conducción y gobierno. La calidad del poder así constituido abre o cierra perspectivas económicas y sociales en cada etapa; encomiando la selección y elección de sus dirigentes en un marco civil centrado en el deber y la satisfacción de participar.

Las campañas electorales resultan importantes porque en ellas se juega el destino de un tramo de trayectoria histórica, con consecuencias que, a veces, comprometen factores claves que hacen a su razón de ser. Por tanto, hay que advertir sobre simulaciones y aventuras que pueden dañar la síntesis vital de la cuestión nacional, que es menester preservar de la fragmentación decadente y estéril.

Hoy, el desarrollo de los comicios primarios ofrece la oportunidad de efectuar un balance metodológico de los errores y aciertos en el modo de ejercer el sufragio, con el objeto de mejorar la acción de fondo enfocada en las elecciones generales. Con este propósito, la referencia debe superar lo táctico con lo didáctico, para contribuir al  esclarecimiento mutuo, que es lo propio de la educación política entre personas libres.

Una falla letal para la democracia es el fraude, real o aparente, por comisión u omisión de las autoridades responsables, máxime en los procedimientos tecnológicos que multiplican el volumen de votos afectados, respecto a las consabidas trampas a escala reducida de ciertos punteros barriales. De igual manera, una “modernidad” mal entendida puede variar la pretensión innovadora de los partidos no tradicionales. Ellos tienen que prevenir las mañas del viejo caciquismo, como la saturación personalista, el uso discrecional del aparato, la opacidad en la administración de fondos y las designaciones arbitrarias o divisionistas.

Lo más positivo del balance, todavía incipiente, es el tono moderado de los precandidatos triunfantes en los distintos espacios, y su disposición a dialogar sobre el eje de políticas públicas concertadas. Dato relevante, después de un tiempo de confrontación excesiva, que revierte ahora en una apertura. Es una amplitud de miras que representa mejor la directriz de la alternancia democrática, respecto al esquema “cambio o continuidad” carente aún de debates y precisiones programáticas.

La unidad requerida no es la uniformidad insulsa entre componentes demasiado semejantes, ni la verticalidad fingida para obtener favoritismo. Por el contrario, es la unión dinámica de aportes esenciales para enriquecer una plataformacompartida.Éste es también el valor de la reflexión política, porque repensar lo actuado, sin engañarse a sí mismo, fortalece la estrategia y anula la tentación del escepticismo y del cinismo.

Revisar los flancos vulnerables de nuestra acción, implica una catarsis de alcance filosófico por su apelación a la sabiduría y la prudencia, que libra a la militancia honesta de los resabios de lecciones vividas dolorosamente. Así permite aprovechar los beneficios de todo lo aprendido en la práctica concreta, para retomar con energía la misión permanente.

Buenos Aires, mayo de 2015

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