N° de Edición 6773
Opinión

“Salsas Promesas”

“Salsas Promesas”.

Desde que asumió el nuevo poder ejecutivo, allá por diciembre del 2015, el gobierno se propuso dar un giro drástico en la economía.

Esta propuesta de cambio venia acompañada por consignas de “pobreza cero”, “la Inflación es lo más fácil de solucionar”, “no vamos a devaluar”, “no te vamos a quitar lo que ya tenés,” etc. Y el cambio llegó, pero sin las consignas.

En el 2018, el peso fue la moneda más devaluada en todo el mundo por amplio margen (50,56%) duplicando a la devaluación de la lira turca (28%) y triplicando al Rublo Ruso (17,1%). En materia inflacionaria, en el año 2018, el gobierno se propuso una meta inflacionaria en torno al 15% que terminó siendo casi un 48%. En marzo se dará a conocer el nuevo índice de pobreza, pero el último informe que dio a conocer la UCA indico que la pobreza creció al 33,6%, aumentándola un 19% respecto al año anterior. Es interesante que el informe de la UCA es un informe que parte del gabinete utilizó como medición durante sus años de oposición. Esto tendría que disipar toda crítica partidaria.

Tengamos en cuenta que la pobreza se mide a través de la Canasta Básica Total (CBT). Lo que incluye dentro de otras cosas a la canasta alimentaria, más los servicios como vestimenta, transporte, vivienda y salud. En la actualidad esta CBT para una familia tipo (2 menores y dos adultos) se encuentra en aproximadamente $25,500 pesos. Toda familia tipo por debajo de ese ingreso se encuentra bajo la línea de pobreza. El mayor problema es que por la enorme pérdida del poder adquisitivo (inflación) más y más familias pasen a estar por debajo de esa línea. Esta simple variable económica es la que el gobierno no pudo ni puede mejorar.

Lo que mide el crecimiento económico de una nación es el Producto Bruto interno (PBI) que es la producción de todos los bienes y servicios a nivel nacional. Ese PBI está compuesto por variables económicas como el consumo, la inversión, el gasto público, y la balanza comercial (exportación e importación). Si analizamos cada una de estas variables nos encontramos que el consumo cayó un 4%. Las inversiones externas e internas, que eran el caballito de batalla de este gobierno, nunca se concretaron debido a las altas tasas de interés; incentivando así más a la llamada “timba” financiera que a la creación de capitales. Hoy la capacidad productiva en la Argentina está trabajando al 50% de su capacidad instalada. El gasto público es de público conocimiento que no es una política que el gobierno quiera llevar adelante. La balanza comercial está sí teniendo un superávit, ingresando más dólares de los que salen. Pero este fenómeno se debe no a que se ha exportado más sino a que cayeron las importaciones por la recesión económica y la devaluación. Este panorama es aún más negativo si se tiene en cuenta que las exportaciones cayeron un 4,7% en los últimos 12 meses.

Estos son los factores por lo cual hoy la Argentina no está teniendo un crecimiento en la economía. Es necesario que el gobierno pegue un golpe de timón que no se base solamente en proclamas alentadoras sino en acciones claras y concretas. Los números contradicen el discurso presente en tiempo de campaña, discurso que mucha gente creyó y llevó a esta administración a gobernar nuestra nación

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