N° de Edición 6824
Opinión

Relato: Cuando Prevenir Es “Currar”. Por Ana María Neve

ANA NEVE 1

Desde unos años a esta parte estamos acostumbrados a ver galenos en los medios de comunicación enseñándonos prevención en salud, moral, civismo, como vivir, comer, votar y hasta tener relaciones sexuales.

Hace 17 años consecutivos que lucho contra un nomenclador agresivo de cáncer que se reiteró en un par de oportunidades, por lo cual nunca tuve ni tendré el alta y debo hacer controles dos veces al año a diferencia del resto de las personas que deben hacerlo anualmente.

Protocolo de salud

Como consecuencia de ciertos “beneficios” que acompañan la edad y la enfermedad crónica necesito concurrir, entre otras especialidades médicas, a una endocrinóloga que controla mi problema de osteopenia, situación que padece la mayoría de las mujeres de mi edad y que es previa a la osteosporosis, si no se trata a tiempo.

Los galenos mediáticos dicen que debemos chequear este asunto óseo con el especialista que es el endocrinólogo y completar la consulta con una densitometría ósea CADA DOS AÑOS.

Siempre he obedecido a rajatabla, aunque mi endocrinóloga se la rebuscaba para que vaya cada TRES meses, alegando que le faltaba un resultado de una vitamina en sangre, o hacer la receta de la inyección que me aplicaban según su indicación cada cuatro meses, y su indicación de la respectiva aplicación con la enfermera que ella designaba, en el lugar que ella designaba y con los chequeos de resultados del laboratorio que ella designaba.

Partiendo de la base que no es placentero ir al médico, mucho menos lo es cuando la profesional te deja un promedio de TRES a CUATRO horas en espera para atenderte, para luego recibirte escribiendo recetas para sus lugares “favoritos a designar” sin levantar la vista ni siquiera para ver si todavía estás delante de ella o te fuiste a la mierda y la dejaste recetándole a Magoya.

Por mi problemática oncológica debían suministrarme un bloqueador quimioterápico cada 21 días, por lo cual el oncólogo bajaba esa medicación para la osteosporosis según la indicación y previo a inyectar el bloqueador quimioterápico para evitar que me pinchen varias veces la misma y casi única vena disponible después de tantos años de bloqueadores oncológicos.

Burocracia insaluble

La última vez que fui a esta endocrinóloga había sido a mediados de 2013 porqué además de hacer otras cosas como seguir viviendo, le perdí el rastro. Le enviaba mensajes a su contestador que no eran respondidos, hasta que un día me atendieron y me dijeron que se había mudado. Llamé a la obra social y me dijeron sus nuevos datos, saqué turno y para allí fui con la densitometría correspondiente a mediados de 2013 y  la última de enero de 2015; resultados de chequeos de sangre y control de la vitaminas de 40 días atrás. Soy muy organizada.

Llego al consultorio a la hora acordada: 15:50, y a las 17:50 quedando el consultorio vacío, llama a una persona que se había retirado por la larga espera. Parece que las DOS secretarias habían equivocado el orden de los cuatro pacientes previos. No quiero calificar a estas empleadas que se la pasaron hablando del tamaño de las semillas de la papaya y su similitud con el caviar (así de grotesco como suena) porque tal vez estas secretarias podrían tener capacidades diferentes que justo no coincidirían con la atención al público en un consultorio, agregando otra falla a la desatención por parte de esta médica.

La conversación “sostenida” por las secretarias, no fue la única que tuve que escuchar; también se agregaron las quejas que la endocrinóloga comentó a uno de los pacientes que llegaron después de mi pero que atendió antes. Uno de los dramas existenciales de la doctorcita fue como se había aburrido en Punta del Este con su hijo y su esposo que se la pasaron los cuatro días con el celular y los jueguitos y como en pocos días partiría hacia Escocia e Inglaterra al cual calificó como su país favorito, porqué allí la gente era “educada de verdad” y además no dudó en catalogar como al  mejor país del mundo.

En un momento abrió la puerta y fue hasta donde estaban las “papayeras papagayas y bagayeras” y casi muero infartada al contemplar el aspecto tan desalineado de la galena. Como dice el tango: vieja, fané y descangayada, sin guardapolvos, el pelo encrespado cual novia de Frankestein versión Boris Karloff y más malhumorada que Zulma Lobato.

Cuando ya no quedaba nadie llamó a la Sra. La Regina que se había retirado cansada por la espera y FINALMENTE me llamó a mí.

 Prevenir es “currar”

Yo le dije que La Regina se había retirado, y que todos habían pasado antes que yo (incluido los ausentes), reaccionó violentamente, se puso como loca y me GRITÓ a boca de jarro que: gracias que me atendía después de dos años que no iba, YA QUE ESO A ELLA NO LE CONVENÍA y QUE ME DEJÓ ÚLTIMA A PROPÓSITO por mi “despropósito” de no ir en esos dos años. Le contesté que había estado ubicándola sin éxito; me dijo que le hubiera consultado a la obra social; yo le dije que no sabía que se hubiese mudado y dejaba mensajes en un contestador que nadie atendía y que si se había mudado, que a través de sus secretarias hubiese pegado un llamadito a los pacientes avisando. Me contestó (cada vez gritando más) que ella no tenía porqué llamar a nadie, que eso era obligación de mi obra social y que me la agarrara con ellos. También le dije que estuve un tanto ocupada con mi ex que murió de un terrible cáncer, a lo cual respondió que todos teníamos problemas, (supongo que los de ella pasaban por vivir en la Argentina y no en Inglaterra). Luego me dijo que la acompañara a la entrada para que me devolvieran el ticket porqué no me iba a atender. Todo más que desagradable.

Ante el estupor recuerdo haberle dicho que no se debía castigar a un paciente, ya tenía demasiado con estar enfermo y que no me iba a retirar y que era su obligación atenderme.

Me atendió de la peor manera, diciendo que esos resultados de enero de este año eran “viejos” y no le servían, me preguntó si me seguía dando la inyección, le dije que sí. Me respondió que no me la diera más porqué no me servía, tras cartón me preguntó quién me la daba; le dije que el oncólogo como conté al principio; me dijo algo así como que ese oncólogo era un inescrupuloso porqué ella no se metía con el trabajo de él; aunque se olvidó que segundos antes me había dicho que no me diera más la inyección porque no me había mejorado y que debía consultar con mi oncólogo si debía darme otra medicación en su reemplazo. Desdiciéndose siempre desde el odio.

Mientras hacía las recetas le sugerí que agregara mi diagnóstico, dado que la obra social así lo requería, a lo que brutalmente me dijo: “Yo sé cómo hacer mi trabajo, vos no me vas a enseñar”. Yo le contesté: “¿Desde qué lugar podría yo enseñarle? Sólo que era la regla de la obra social porque el oncólogo varias veces se olvidó y me la rebotaron; inclusive 48 horas antes de esta consulta tan cordial, el oncólogo puso en mi receta el nombre de una de sus amantes y cuando se lo hice notar, rompió la receta inmediatamente y se puso a reír mientras decía: “Menos mal que te diste cuenta”. Quiero agregar que mi oncólogo da clases de cómo tratar al paciente oncológico y es un ferviente admirador del Papa porqué da brillo a la chapa parecer lo que no se es.

En fin, algunos médicos están muy estresados organizando viajes, “trampas”, posibles retornos de laboratorios y otras yerbas que se olvidan desde bañarse hasta de los mínimos buenos modales ó básicos códigos de ética.

Espero que se quede en Inglaterra, ya que según sus palabras, es el mejor país del mundo, lleno de gente tan educada como ella.

Además del maltrato recibido, una vez más, me quedaron resonando en los oídos las palabras: “ASÍ NO ME CONVENíS”.

No hay que dejar de consultar con los profesionales, pero no estaría de más GRABARLOS.

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