N° de Edición 7324
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Opinión: La Crítica Responsable Al Poder Es Un Aporte Útil Y No Una Agresión. Por: Julián Licastro

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LICASTRO

Originada en una actitud filosófica, la crítica es un modo del saber, el puente reflexivo que vincula la práctica concreta con los principios y criterios que conforman la teoría de los buenos resultados.

Un estratega se dedica así a pensar lo digno de ser pensado, sin detenerse en lo subjetivo o superficial, para concentrarse en perfeccionar sus procedimientos operativos.

Por: Julián Licastro

Luego, el sujeto de la estrategia no es el ego excesivo del “liderazgo único”, sino el equipo equilibrado y funcional que, aún en la esfera política y económica, emplea la técnica reconocida de un Estado Mayor. Es decir,  utiliza un método analítico y creativo que no atiende a cuestiones personales o comentarios susceptibles, porque tiene su “voluntad de verdad” orientada orgánicamente a la consecución tenaz de los objetivos fijados.

Por esta razón, hasta la crítica adversaria, cuando es inteligente y fundamentada, no debe censurarse, pues contiene un material útil a la estructura de razonamiento y síntesis que preside el arte de gobernar. Ayuda, desde una referencia lateral, a monitorear el propósito posible y el camino practicable para realizar el fin propuesto en su culminación política. Lo privativo del conductor, que por definición lo distingue, es un entusiasmo sin ingenuidad, una elocuencia sin engaño y una convocatoria amplia sin sumisión de las personas.

La alteridad requiere alejarse de la compulsión por uniformar las respuestas de la gente a las distintas demandas de la realidad, y a descartar la repetición monocorde de consignas impuestas por grupos ultras o facciosos. Éste es el adversario que parece amigo, pero impide la captación de nuevos sectores, y es el factor irritativo del sentido de moderación que regula la participación popular en el proceso de reformas pendientes.

La larga marcha del poder es posible acumulando efecto, a fin de recargar la energía imprescindible con una sucesión planificada de metas alcanzadas, a diferencia de la urgente “revolución para los revolucionarios”. Ésta desprecia al pueblo por “indolente”, y convierte el extremo en violencia para corregir la indiferencia ideológica de la multitud pragmática.

Por eso es importante elaborar un saber situado, integrado a nuestra idiosincrasia, para apoyar la transformación en el marco de pautas culturales genuinas. Sin subestimar ni sobrestimar nuestras virtudes, porque la verdadera capacidad argentina sólo se potenciará en el tiempo con una educación de calidad, que hoy no existe.

Es menester forjar nuestra identidad nacional, sin la cual no hay conciencia comunitaria ni proyecto compartido. Una ecuación incomprensible para el “progresismo” de la decadencia, que no registra la pobreza para eliminarla del relato, que no considera los aplazos para ocultar la crisis educativa y que defiende al victimario y no a la víctima para soslayar la inseguridad. Mientras el “garantismo” permite al funcionario deshonesto ser juez y parte de organizaciones ilegales.

En fin, una “ejemplaridad inversa” que pretende decodificar civilmente los valores del respeto, la lealtad y la convivencia en la escuela del hogar, que es la primera escuela. En tanto que el Estado Nacional es la “familia de familias”, nacido para protegerlas y permitir su evolución integral en una gran comunidad de destino.

Queda planteado el desafío a que nos lleva el relativismo moral y la ambigüedad política que, por fragmentación, parece condenarnos al eterno retorno al divisionismo y el atraso, frente al dominio financiero y tecnológico que avanza sobre la voluntad de los pueblos. Esta voluntad debe reconstruirse desde la recuperación de los lazos afectivos y espirituales, hasta la reafirmación de una democracia de origen, procedimientos y fines legítimos. [4.8.15]

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