N° de Edición 6896
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Opinión: «El delfín, el tango, los funcionarios, y la estupidez humana». Por: Carlos Scavuzzo

opinion tango delfin

El delfín. En la semana que nos antecede a la fecha de publicación de estas líneas, no pude menos que horrorizarme del increíble nivel de estupidez que puede alcanzar esta pseucultura de todo por la imagen que nos lleva ver en cámara y en “vivo” como por aparecer en una foto puede la gente matar un animal en clima festivo.

Una fiesta que si bien podría pensarse en un hecho cometido por “anormales” no es más que la ratificación de un modelo que hace un derroche del inmoral vale todo “por una  milésima de notoriedad, aunque sea en las peores circunstancias”. Nada diferente al clima mediático donde no importa si cometiste un crimen, violaste cualquiera de las normas sociales de convivencia, LO IMPORTANTE ES LA IMAGEN.

Como sobreabundan los ejemplos de todo tipo, me basta con repensar en todos aquellos personajes de la política aspirantes a “algo del botín electoral” que el estar o no estar en el máximo exponente del espectáculo de la actualidad que es el programa de Tinelli, fuera motivo de honda preocupación.

Que la elección de un presidente dependa de que se lo ridiculice en dicho show me exime de todo comentario, pero de ahí para abajo, todo “segual”.

Paralelamente a este escenario de un mundo donde se desvaloriza el mérito por el trabajo, el estudio, la dedicación y los buenos ejemplos, observaba como día tras día se van de esta vida, ilustres hombres de nuestra música ciudadana.

Más allá de sus atributos artísticos, de sus aportes a la cultura nacional se llevan los valores de una Argentina que supo respetar el esfuerzo y que tuvo metas de superación espiritual y de convivencia social.

Se van por la ley de la vida, es inevitable, pero lo que no es inevitable es que sepultemos con ellos el sueño de una vida mejor, que veamos que sus trayectorias plenas de buen gusto y calidad adquirida por el esfuerzo se nos esfume sin dejar huella y donde lejos de rescatar su labor nos sigamos hundiendo en la cultura de que todo siempre fue y será como es hoy.

Cambia, todo cambia, pero no todo cambio significa tirar por la ventana nuestro acervo cultural y el legado de nuestros mayores, porque somos fundamentalmente herencia genética y cultural.

Así como vemos a diario desaparecer a nombres ilustres de nuestro tango, la lista de los que vamos quedando se va achicando a la par de la indiferencia de los responsables institucionales, que no entienden que no solo es bueno que la multitud delire frente a un show de la musical, sino que también importa que un enorme sector de la población disfruta de otros estilos y modalidades lejos de la estridencia, del delirio exacerbado de los grupos que seguramente complacen a las autoridades al ver grandes concurrencias.

Tal vez olvidan que también están las grandes multitudes silenciosas que disfrutan del arte a menos decibeles. Es por eso, porque somos gente que no matamos animales para hacernos una selfie, lo que nos coloca en el extremo de la prudencia nos estamos yendo a la par de seguir construyendo en soledad.

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