N° de Edición 7218
Opinión

Corriendo al súper

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Por MARTIN TETAZ (*)
Twitter: @martintetaz

De acuerdo al calendario Maya el 21 de diciembre pasado debería haberse acabado el mundo.

Por fortuna, la profecía no resultó muy creíble puesto que si la gente se hubiera tomado en serio el pronóstico, la civilización en realidad habría llegado a su fin mucho antes.

La razón es algo que en Teoría de los Juegos se denomina “inducción hacia atrás”.

Si la gente hubiera sabido con certeza que el mundo se terminaba el 21 de diciembre, pues el 20 habría sido razonable violar las normas sociales, dilapidar todos los ahorros, declararle el amor a una ilusión hasta entonces secreta, tirarse en paracaídas, cenar en el restaurante más lujoso, o volar a París para tomar el desayuno.

LA FIESTA DEL 19

Pero si el 20 de diciembre la gente enloquece y sale a tirar la casa por la ventana, pues nadie trabajaría ese día, ni aceptaría dinero, ni respetaría reglas. El caos ganaría las calles, de modo que resultaría muy razonable adelantarse a los acontecimientos y darse la fiesta el 19.

El problema es que si todos razonan del mismo modo, no pasará mucho tiempo hasta que la gente descubra que la única manera de sacarle el jugo al fin del mundo es anticiparse aún más y “quemar las naves” el 18… y así sucesivamente de suerte tal que en un mundo habitado por personas más o menos racionales, el pánico terminaría desatándose en el mismo momento en que se conozca con precisión el día del juicio final.

En nuestro país, con una lógica similar, los gerentes de los principales supermercados están por estos días estudiando teoría de los juegos, para poder predecir cuándo ocurrirá la corrida sobre sus góndolas, producto del reciente acuerdo con Guillermo Moreno, a partir del cual se congelan sus precios durante dos meses, hasta el primero de abril.

DOS POSIBILIDADES

Obviamente pueden pasar dos cosas; o bien que la estrategia del Secretario de Comercio funcione y logre parar la inflación, o que se repita una vez más la historia y fracase rotundamente.

Una historia que según el licenciado Amílcar Collante, de CeSur, se remonta al año 301 cuando el Emperador romano Diocleciano firmó un Edicto de Precios Máximos, que incluso contemplaba la pena de muerte para el que osara remarcar.

Al fracaso romano se sumaron toneladas más, hasta llegar al que se experimentó en nuestro país con el Plan Austral, que inicialmente había funcionado bastante bien, hasta que el gobierno rompió la regla de no emisión y desató la hecatombe.

La clave es que el control de precios sólo puede funcionar de manera transitoria. Para tener éxito debe ser acompañado de una fuerte desaceleración en el ritmo de emisión monetaria, que hoy está siendo usada para financiar el déficit fiscal del Gobierno nacional. Asimismo, resulta fundamental desdoblar el esquema de paritarias para permitir que los salarios se ajusten dos o tres veces al año, de manera tal de poder ofrecer aumentos salariales menores en las futuras negociaciones, si es que efectivamente la presión sobre los precios va cediendo.

EL DILEMA DEL PRISIONERO

De cualquier modo no caben dudas de que la corrida se hará presente, puesto que eso es exactamente lo que predice el “Dilema del Prisionero”, algo así como el Cadillac de la teoría de los juegos, dado que aunque la gente no sepa si el control de precios será exitoso en domesticar la inflación, no pierde nada apostando al fracaso.

Obviamente, lo que todos temen es que el primero de abril, cuando venza el plazo de los controles, los supermercados remarquen por triplicado, sumando a las subas que no pudieron hacer en febrero y marzo, las que tengan previstas para el cuarto mes del año.

Convendría entonces llenar el changuito el 31 de marzo. Pero claro, no se necesita ser clarividente Maya para darse cuenta de que si todos van al súper el último día de marzo, no habrá góndola que aguante y se agotarán los productos en pocas horas.

En consecuencia sería inteligente adelantar un día la excursión al hipermercado, pero como todos pensarán con la misma lógica, habrá quienes decidan ir el 29, y así sucesivamente hasta que noten que en realidad no tiene mucho sentido esperar ni un solo día.

Por suerte para Moreno, la gente no dispone de recursos suficientes como para hacer las compras de tres meses juntos, e incluso si los tuviera quizás convenga trabajar ese dinero algunos días en alguna financiera o haciendo un plazo fijo.

LA AVALANCHA DE PASCUAS

Pero a medida que nos acerquemos a las Pascuas, cualquier ventaja de conservar dinero en efectivo se evaporará rápidamente, y la ganancia por ahorrarse los aumentos del día de la liberación de precios crecerá a la misma velocidad.

En ese momento se producirá una avalancha de consumidores que acabarán con las existencias en poco tiempo, más o menos del mismo modo que como el Premio Nobel de Economía Paul Krugman sostenía que se producían las corridas contra las monedas de los países que experimentaban crisis de balance de pagos.

En el modelo del famoso economista, muy citado por el oficialismo, lo que se acababan eran los dólares, mientras que en la versión doméstica que estamos postulando aquí serán el azúcar, los fideos, la polenta y el arroz.

Salvo que el Gobierno tome nota y cambie el mecanismo del acuerdo, estableciéndolo por tiempo indeterminado y que al mismo tiempo caiga la inflación de costos, de manera muy brusca.

Ambas cosas son poco probables, pero pueden suceder.

(*) El autor es economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS)

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