N° de Edición 6893
Opinión

Bicentenario del Himno Nacional Argentino

pag.6_HimnoPor Emilio González Larrea

La versión actual del Himno Nacional que se canta en las escuelas, en todos los actos oficiales y en cuanta marcha y lucha popular hay en las calles, es una versión reducida de su letra original, según fuera escrita por Vicente López y Planes en 1812. La versión completa aprobada por la Asamblea Constituyente en 1813, consta de nueve estrofas y un coro en donde se destaca el carácter heroico de la lucha por la independencia, el deseo de libertad, el reconocimiento de los pueblos originarios en esta gesta y el rechazo al invasor español.
Algunas de sus estrofas fueron cercenadas por el gobierno de Mitre que le encargo a Pedro Esnaola una versión reducida del Himno y por el General Roca, quién en su segunda presidencia terminó la obra con más hachazos; en el decreto de su gobierno del 30 de marzo de 1900 dice: “sin producir alteraciones en el texto del Himno Nacional, hay en él, estrofas que responden perfectamente al concepto que universalmente tienen las naciones respecto de sus himnos en tiempos de paz y que armoniza con la tranquilidad y la dignidad de millares de españoles que comparten nuestra existencia, las que pueden y deben preferirse para ser cantadas en las festividades oficiales, por cuanto respetan las tradiciones y la ley sin ofensa de nadie.”
Esta decisión política de aquellos gobiernos oligárquicos, terratenientes, subordinados a los imperialismos de la época, expresaba en uno de nuestros símbolos nacionales, su renuncia a toda soberanía y preparaba los tiempos para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo en 1910, llegando al extremo de que una de las invitadas de honor fue la Infanta Isabel, representando el reino de España.
He aquí algunas de esas estrofas cercenadas por los representantes de los gobiernos oligárquicos y anti originarios de la época:

“Se levanta a la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación
Coronada su sien de laureles
Y a sus plantas rendido un León”
“Se conmueve del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor”
“Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó,
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su servís orgullosa dobló”

Movimiento por la Segunda y Definitiva Independencia.

Aprovechando la circunstancia del Bicentenario de la Canción Patria y de otros hechos como el de la Asamblea de 1813, el Movimiento por la Segunda y Definitiva Independencia organizó la grabación del Himno completo convocando, para ser cantado y recitado, a destacados artistas populares como Leonor Manso, Jairo, Manuel Callau, Rafael Amor, Ingrid Pelicori, Bruno Arias, Aldo Barbero, Luisa Calcumil, Héctor Gióvine, Claudio Sosa, Rita Terranova, Héctor Bidonde, Abel Córdoba, Graciela Alperyn, Derli Prada, Hugo Ponce, Rubén Jurado, Patricio Villarejo, Adrián Odriozola. Todos estos artistas trabajaron ad honorem con el objetivo de que esta versión grabada sea distribuida gratuitamente a escuelas, conservatorios, universidades, sociedades de fomento, bibliotecas, para promover foros de debate del contenido verdadero y la historia del Himno Nacional Argentino.
Texto completo del Himno Nacional Argentino por Vicente López y Planes

Oíd, mortales, el grito sagrado:
Libertad, Libertad, Libertad.
Oíd el ruido de rotas cadenas,
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación,
coronada su sien de laureles,
y a sus plantas rendido un León.

Sean eternos los laureles,
que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos…
¡o juremos con gloria morir!

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos:
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas,
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.

Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel;
su estandarte sangriento levanta
provocando a la lid más cruel.

¿No los véis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz
y cuál lloran, bañados en sangre,
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llantos y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

A vosotros se atreve, ¡Argentinos!,
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos, que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a esos tigres sedientos de sangre

fuertes pechos sabrán oponer.

El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.

San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental.
Son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.

La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio.
Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la libertad,
y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.

Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: «¡Mortales, oíd!:

ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud».
Y los libres del mundo responden:
«Al gran pueblo argentino, ¡salud!

Sean eternos los laureles,
que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos…
¡o juremos con gloria morir!

* En negrita las estrofas que fueran suprimidas de la versión original.

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