N° de Edición 7446
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COVID 19: la escasez de vacunas y el negocio capitalista (primera parte)

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 COVID 19: la escasez de vacunas y el negocio capitalista (primera parte)

El martes 8 de diciembre de 2020, la británica Margaret Keenan, de 89 años, fue la primera persona del planeta en recibir una vacuna autorizada como parte de un programa oficial de inmunización.

Desde entonces y hasta el 24 de marzo de 2021, unos cien días, se han aplicado en todo el mundo 489 millones de dosis en una proporción de 6,27 cada cien habitantes.

Por Reynaldo Saccone .

Médico del Hospital Diego Paroissien de La Matanza.
Fue dirigente gremial del Hospital, fundador
y presidente de la CICOP de ese hospital.

Las estimaciones más optimistas dicen que, de poder mantenerse el ritmo actual de vacunación, se tardaría un mínimo de dos años en aplicar por lo menos una dosis al 70% de la población mundial. ¿Por qué escasean las vacunas?

Teniendo en cuenta que la mayoría de las vacunas requieren dos dosis, no se podría lograr la inmunidad mediante el llamado “efecto rebaño” antes de tres años y medio. Pero hay un problema más grave aún que empeora cuanto más se tarde en inmunizar a la población, la aparición de nuevas cepas.

La pandemia ha producido hasta la fecha 125 millones de contagios confirmados, ha acumulado 2.750.000 víctimas fatales y sigue, en las últimas semanas, un curso ascendente.

No solo se mantiene activa. Apareció un problema nuevo, la mutación del virus. Hay varias cepas nuevas, dos muy peligrosas, el llamado virus Manaos, originado en Brasil, y la mutación sudafricana.

Ambas se han revelado con mayor contagiosidad y virulencia que la cepa originaria. También son, potencialmente, capaces de eludir las defensas generadas por las vacunas.

Según especialistas, Brasil, donde la circulación del virus está apenas limitada por escasas medidas restrictivas, está resultando un campo propicio para la aparición de mutaciones resistentes a las vacunas.

“Los virus siempre están mutando. Las mutaciones que le sean favorables, cuando no existen restricciones a la transmisión, serán seleccionadas y predominarán” (Denise Garrett, BBC, 25/3/2021).

Cuanto más tiempo tarde una población en vacunarse, más posibilidades habrá de generar cepas resistentes y, obviamente, más peligrosas y agresivas.

Vacunación: la crisis de una esperanza.

Mientras la pandemia acrecienta su peligrosidad, hace su aparición la crisis de la vacunación, que tiene dos caras: una crisis de producción y una crisis de distribución. Ya hemos visto en cifras el déficit de la producción. Veamos ahora la crisis de distribución.

En primer lugar, el déficit de entregas. Hay una diferencia abismal entre las dosis compradas o reservadas por los países y las realmente entregadas. De acuerdo con un relevamiento de la cancillería argentina, en marzo de 2021 veinticuatro países de altos y medianos ingresos compraron 3.900 millones de vacunas, pero solo les entregaron 513 millones, es decir 13,16% de lo contratado. Esta situación ha provocado airados roces entre los Estados compradores y las multinacionales.

Son públicas las quejas de la Unión Europea contra Pfizer, Moderna y AstraZeneca por sus incumplimientos. Un reciente ejemplo de estos enfrentamientos es el diferendo surgido entre AstraZeneca y el gobierno italiano por el hallazgo de una partida de treinta millones de dosis de la vacuna Oxford en un depósito cerca de Roma, que puede culminar incautada. Preparadas para su exportación al Reino Unido, su existencia no fue informada al gobierno italiano ni a las autoridades comunitarias, según el diario La Stampa.

En segundo lugar, la crisis de distribución se evidencia en la desigualdad con que se ejecuta. En este aspecto hay cifras contundentes. Mientras la media mundial de vacunados es 6,27, el Reino Unido alcanza 46% y los Estados Unidos llegan a 39%, la media de la Unión Europea se sitúa en 14%, más del doble global. El caso de Israel, que tiene un contrato especial con Pfizer, y los de Chile y los Emiratos, que responden a políticas especiales de compra, marcan los picos más agudos de la desigualdad.

En cambio, rondando el promedio mundial se sitúan Brasil (7,50), Panamá (7,42), Argentina (7,37). Rusia y China, que exportan vacunas al mundo, han inmunizado solamente al 6,71% y 5,76% de sus respectivas poblaciones. A pesar de estas desigualdades, los habitantes de estos países están, en realidad, mejor que el resto del mundo.

Han recibido alrededor del “90% de las vacunas hasta ahora aplicadas” (NYT, 21/3/2021). Mientras que, como revela Gavin Yamey, profesor de salud global y política pública de la Universidad de Duke, Estados Unidos, “en unos ciento treinta países, donde viven más de 2.500 millones de personas, no se ha recibido ni una sola vacuna” (María Elena Navas, BBC, 19/3/2021).

Reynaldo Saccone

Un plan para hacer de la vacuna un gran negocio de las farmacéuticas

A once días de haberse hecho públicos los primeros casos de Covid-19 en Wuhan se pudo descubrir el genoma del nuevo virus. Habían pasado solo 333 días cuando se aplicó la primera vacuna ya regulada y se inició una campaña masiva mundial de inmunización.

Nunca tan rápido en la historia. Para la vacuna de la gripe se tardaron veinte años y, después de treinta años de investigación, aún no se ha logrado una vacuna para el VIH-SIDA. Sin embargo, este extraordinario logro de la ciencia cayó preso de las leyes de funcionamiento del capitalismo y del mercado.

La sed de ganancias de los monopolios y las fronteras nacionales se convirtieron en trabas para el desarrollo de las vacunas. Se da, entonces, la situación contradictoria que la humanidad dispone de un arma para enfrentar la pandemia, pero no puede utilizarla como es necesario.

Veamos cómo los empresarios de las multinacionales se adueñaron de las vacunas. Tres semanas después de que fuera dado a conocer el primer prototipo de vacuna para iniciar ensayos clínicos en humanos, Bill Gates manifestó a la prestigiosa New England Journal of Medicine una especie de declaración de principios de las multinacionales farmacéuticas que, en sus partes decisivas, decía lo siguiente: “El financiamiento de los gobiernos es necesario porque los productos para la pandemia son inversiones de extraordinariamente alto riesgo; el financiamiento público minimizará los riesgos para las compañías farmacéuticas y les permitiría meterse en el negocio con los dos pies.

Además, será necesario que los gobiernos y otros aportantes financien -como un bien público global- instalaciones de fabricación que puedan generar una provisión de vacunas en cuestión de semanas. Estas instalaciones podrán hacer vacunas para programas de inmunización de rutina en tiempos normales y podrán ser rápidamente adaptadas para la producción durante una pandemia. Finalmente, los gobiernos financiarán la adquisición y distribución de vacunas a la población que las necesite (New England Journal of Medicine, 28/2/2020, Bill Gates).

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