N° de Edición 7071
LOGO

Anticuarentena: el producto del miedo y la ficción mediática

Anticuarentena: el producto del miedo y la ficción mediática.

Hace algunos meses, la noticia de la aparición de un virus nuevo y   contagioso comenzaba a susurrarse lentamente.

En un principio, muchos gobiernos descreyeron que pudiera ocurrir una   pandemia que desborde los sistemas de salud de cada nación, y decidieron continuar con las actividades económicas cotidianas.

Sin embargo, progresivamente comenzaron a percatarse de su error, yvieron la necesidad de tomar el aislamiento social obligatorio como una medida preventiva para hacer frente al virus.

Los demás países, como el nuestro, observamos en la lejanía este drama, hasta que las circunstancias arrastraron al gobierno  a una difícil dicotomía.

En consecuencia, se debía optar por tomar con seriedad el nivel de contagio del Covid-19, y recurrir a una cuarentena; o bien, abogar por continuar con las actividades económicas.

Es decir, se debía elegir entre la vida o la economía. Lo cierto es que esta disyuntiva es falsa, porque en los dos casos se pierden ambas cosas.

El tema era saber cuánto estábamos dispuestos a perder  de cada uno de estos factores, según qué decisión se tome. Entonces se optó por la cuarentena.

Luego de un tiempo acotado de paz y unión política, comenzaron a aparecer las primeras voces reactivas al respecto de esta decisión. Voces que se manifestaron en los medios y en las redes de manera formal e informal, voces que encontraron su representante en los diferentes comunicadores sofistas ya conocidos por todos y en la oposición política.

Pero, además fueron capturadas por las  noticias falsas y maliciosas (porque así se llaman).

Las noticias falsas (false news) y las maliciosas (fakenews) se basan en verdades a medias, y no hay mentira más engañosa que una  medio-verdad.Han estado asociadas a una tendencia  que viene creciendo en las redes sociales, esta es la afición por las teorías conspirativas.

Desde hace un tiempo el consumo de este contenido fue llenando el vacío de respuestas que dejan los organismos encargados de la gestión económica y  política.

Y, frente ala angustia ocasionada por el Covid-19 y la cuarentena, era esperable que los discursos y teorías cerradas, con respuestas rápidas tomaran un mayor protagonismo en cierto sector de la población. De este modo fue creciendo el movimiento anticuarentena.

Los registros del movimiento anticuarentena indican una pluralidad de discursos que se nuclean e identifican al rasgo del malestar ocasionado por la cuarentena.

Cuentan con una base de reclamo legítimo, que está asociado a la precariedad económica que afecta a toda la población; pero el modo en que explican e interpretan este hecho puede ser altamente variado, colorido y, a veces, estrafalario.

Sin embargo, más allá del mosaico de opiniones y adherencias, el aspecto más común es el prefijo “anti” en cada una de sus premisas. Pero ¿Qué hay más allá de este prefijo?

En principio hay un error de interpretación de los hechos. El problema no es la cuarentena, el problema es la pandemia. El contexto de una pandemia ocasionada por un elemento invisible y novedoso, un virus, del cual poco sabemos, un punto ciego que  genera una sensación de desamparo en los individuos.

Este desamparo está asociado actualmente a la falta de referencias simbólicas e institucionales, al descreimiento que tiene la población sobre el sector político, y a cierto desgaste en la sociedad.

No es un dato menor que el mal que nos aqueje sea invisible, inaprensible a la observación, solo asimilable en un nivel simbólico, y esta función solo es posible si se tiene confianza en el Otro, si se tiene fe en que el Otro porta un saber y está dispuesto a usarlo para el bien de cada sujeto.

Justamente es este fenómeno el que está debilitado en nuestra sociedad. Este contexto es vivenciado con una fuerte angustia, que requiere de respuestas para poder encontrar alivio; las repuestas más rápidas son aquellas que terminan dándole forma de miedo a la angustia; digamos, la formación del miedo se constituye cuando el sujeto pudo encontrar un objeto a qué temerle y atribuirle su angustia.

Las explicaciones antiguas, como los mitos y las profecías nacieron frente a los momentos de mayor incertidumbre en la sociedad, durante las guerras, las pestes o el derrumbe de un imperio.

Entonces, ahora vemos que muchas de las teorías y discursos conspirativos comparten los mismos elementos que los mitos, ese intento de cosmogonía frente al desamparo de una verdad inalcanzable.

Aquí es donde aparecen en escena las famosas fakenews, que son discursos malintencionados y cerrados que estimulan y exacerban el miedo con teorías conspirativas. Llevando al sujeto a enlazar sus prejuicios y preconceptos con su malestar actual.

Estos discursos simultáneamente proponen atacar a lo que se teme, y se trastoca el temor en odio. Odio ocasionado por la frustración de derechos temporalmente acotados, como la misma libertad.

Entonces, se embiste con culpabilidad a un elemento de representación de poder. En la antigüedad eran los dioses, en la actualidad es el estado, las corporaciones, gobiernos y derivados.

Es condición que sea alguien que ostente poder, que lo represente de algún modo. Comienza de este modo una ansiedad persecutoria frente al estado y al orden que representa. Se odia al estado porque frustra, porque limita y compone un orden que, aun con sus fallas, no deja de ser un orden; y se alimenta la fantasía  de que sin este la libertad puede ser gozada por completo.

Lógicas correctas, premisas falsas

El prefijo “anti” está relacionado a este proceso complejo. Los discursos que lo sostienen requieren de una lógica poco empírica, enlazada a preconceptos que satisfacen las ideas previas, que simplifiquen el problema en una causa única, y no permitan observar la gama de factores complejos que lo rodean.

Asimismo, el atractivo de contar con una entidad poderosa que ordena el sistema parece ser muy tentador, un único culpable que pueda nuclear las causas de todos nuestros males.

Ahora bien, también se requiere de un alto grado de desestimación de los hechos, de sostenerse solo por la observación inmediata, que responda a lo que cause satisfacción al pensar; ya en otro artículo hemos mencionado el fenómeno del efecto burbuja en las redes sociales, que encierran al sujeto en sus propias ideas, en detrimento de un pensamiento crítico propio.

Es por esto, que las lógicas pueden ser correctas, pero inválidas si las premisas son falsas. Por eso muchos han caído en la falacia “si no veo a gente enferma el virus no existe”, y sus diferentes derivados. Lo cierto es que lo que no se ve solo puede ser conocido por sus efectos, por ejemplo: el amor, el odio y el miedo.

Te pueden interesar:
https://diario-nco.com/radio
https://facebook.com/diarionco.

 

Tags
Mostrar más

Articulos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

[fbcomments]
Close