Número de edición 7644
La Matanza

Villa Luzuriaga: El “Despertar” de un barrio

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Nora Adámoli
Noraadamoli.nco@gmail.com

Fue un largo tiempo el que los vecinos, muchos de ellos padres de los alumnos, utilizaron para pedir por el Jardín Municipal N°17. De hecho, desde la agrupación Alma Fuerte, hasta juntaron firmas para que el plazo de refacción comenzara cuanto antes. Fue complicado, pero lo consiguieron: hace unos meses que la institución educativa, flamante, ampliada y reluciente, abrió nuevamente sus puertas a la comunidad.

Verónica Martínez, referente de la organización se comunicó con NCO en varias oportunidades para dar a conocer los reclamos que habían presentado. En esta oportunidad, el contacto fue para acercar imágenes sobre cómo se encuentra la entidad hoy. El cambio es notable, también, para el barrio que ansiaba que la obra sea finalizada. Se encuentra ubicada frente a la plaza de Los Manzanares, sobre las calles Berna y Labarden, lindera a la escuela Tambor de Tacuarí Nº 71.

“El Jardín Municipal Nº 17 ‘Despertar’ contaba con sólo dos salas para niños de cuatro y cinco años y su estado de infraestructura era deplorable para la asistencia de los chicos del barrio: humedad en las paredes, poco espacio en las aulas, la oficina de la directora funcionaba en los pasillos, pocos utensilios y juegos didácticos y un patio de unos pocos metros provisto de un tobogán y nada más. Los nenes no podían disfrutar mucho por el poco espacio, sumado a que este lugar también era utilizado para guardar los materiales de actividad física”, mencionó la mujer, que también es madre de un ex alumno y colaboradora de la entidad educativa.

Asimismo, dijo que las aulas estaban en muy malas condiciones y “algunos niños con problemas de salud, como es el asma y/o episodios de bronco espasmos, debían faltar a las clases por la presencia de humedad. Los días de lluvias no asistían debido a que se filtraba el agua por el techo y se deslizaba por las paredes poniendo en riesgo todo el sistema de electricidad de la salas. Por pedido de las maestras y habiendo hecho las madres los reclamos a la mesa de entrada del mismo el jardín, fue cerrado en el años 2008 con intenciones por parte del Municipio de restaurarlo. Los alumnos de estas salas acudieron, por este motivo, al salón del Club Pierina Dalessi, a uno metros de la Sala, a cargo de Lidia Galeano. Lo cierto es que el lugar se prestó para que los chicos no perdieran sus clases, pero allí sufrieron tanto el frío como el calor”.

Al año siguiente –continuó- el club ya no pudo ofrecer sus instalaciones “ya que tenían actividades y necesitaban el lugar para las mismas”. De este modo, contó Verónica que tanto alumnos como docentes debieron mudarse otra vez. En este caso, la escuela Nº 71, en la esquina del Jardín, prestó dos de sus salas. Pero la contracara de esta solidaridad era que los niños “asistían al segundo piso del edificio donde no tenían los medios ni la seguridad necesaria”. Estos chicos “no poseían patio ni juegos adaptados. Por un año, los niños debían subir las escaleras acompañados de sus padres y sus recreos debían ser muy cuidados. De más está destacar que los niños no poseían baños para su edad. Por último, la misma escuela cambió a los niños a dos salas de la planta baja para su mayor seguridad. Allí sólo podrían asistir una cantidad mínima que iba entre los 15 y 20 alumnos”.

A todo esto, en 2009, la organización presentó un Proyecto en el HCD de Restauración y Ampliación del Jardín, en el que detallaron, aula por aula desde Maternidad hasta la de 5 años, las necesidades tanto edilicias como pedagógicas que existían y que perjudicaban el bienestar de los niños, incluyendo los juegos adaptados a su edad, el sector lactario, el área de materiales musicales y actividades acordes a su edad, mesas, sillas, pizarrones, etcétera, “todos esos objetivos en cuanto a lo motriz, lo afectivo, lo social y la problemática del barrio, basada en la escasez de jardines y maternidades. Desde ese mismo año tocamos puertas en el Municipio y llamamos a cuantas oficinas nos derivaran, pero no nos atendían”.

“Hay un detalle más en este abandono: en la parte trasera del terreno que ocupaba el Jardín Nº 17 había en ‘casero’ del terreno a quien el Municipio quiso retirar del lugar. Así, comenzó un juicio para una indemnización y una reubicación. Llevó 1 año y meses. En 2011 llegué a charlar por teléfono con el Sr. Cañonero de la oficina de Infraestructura del Municipio, quien no tenía registros de reclamo alguno. Nos convoco a una reunión y llevar el material que teníamos. Asistí junto a Gastón Aranda y ofrecimos fotos del lugar actualizadas y los datos que teníamos junto a los dichos de los funcionarios que nos atendían en cada oficina a reclamar por el Jardín. El mismo Cañonero, se comprometió a poner cartas en el asunto, a recomenzar la obra y dar con su culminación. Desde esa charla, los obreros comenzaron a notarse trabajando en el lugar y así hasta el 04 de Marzo del 2013 que sus puertas volvieron a abrirse”, relató Martínez.

Por otra parte, la mujer indicó que se le informó que la tardanza “había surgido por un debate técnico sobre la nueva construcción que no se encuadraban en las normas de los Jardines Municipales y del ente constructor, que sería Municipal o Privado”.

Lo principal es que hoy, el jardín está totalmente renovado, es un espacio lindo, confortable, seguro y cuenta con una sala más, para los niños y las niñas de 3 años. Los vecinos, más que contentos con lo conseguido. Ahora no tendrán que preocuparse por buscar instituciones relativamente cercanas: ya tienen el “Despertar” nuevamente en su

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