N° de Edición 6670
La Matanza

Un testigo se descompensó al recordar las torturas en la Brigada de San Justo

Un testigo se descompensó al recordar las torturas en la Brigada de San Justo. .

Rodolfo Barberán declaró en La Plata junto a su hijo Néstor. Fue en la última audiencia, ya que la del último miércoles fue suspendida sin previo aviso por supuesta enfermedad del juez Nelson Jarazo de Tribunal Oral Federal N°1. La novedad se supo faltando apenas una hora para el comienzo previsto de la audiencia en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo.

El aviso abrupto de la suspensión de la audiencia le llegó a testigos y asistentes que ya se encontraban en camino a la audiencia. Incluso algunos se anoticiaron allí mismo, al llegar. De todos modos, quedó pendiente consignar que en la sexta jornada, luego de la declaración de la nieta restituida María Victoria Moyano Artigas, declararon Néstor Barberán y su padre Rodolfo Atilio Barberán, quien se descompuso mientras estaba declarando.

Durísimo testimonio

Néstor Barberán hoy tiene 51 años. Era un niño al momento de los hechos que narró. Recordó cuando los genocidas inrrumpieron violentamente en su casa: “Se escuchaban los gritos de dolor de mamá, ya que le estaban pegando demasiado. Me quise levantar. Entraron a la habitación. A mi papá lo tenían en el piso. “Quédense tranquilos, tápense la cabeza”, nos retaban.

Estábamos con un temor terrible, escuchamos griteríos. Cómo le pegaban a mi papá. Escuchamos un desastre, mi mamá pedía que no le pegaran más. Revisaron en nuestra pieza, rompían juguetes, buscaban armas, no sé qué buscaban”.

El testigo relató que luego de aproximadamente cuatro horas se llevaron secuestrado a su padre delante de sus ojos, para luego volver las mismas personas. Él y sus hermanos encontraron a la madre tirada en el piso. “Con mi hermana vimos cómo lo metían a mi papá adentro de un coche Falcon viejo verdoso, medio musgo”.

Al volver el grupo armado nuevamente golpearon a la madre con las armas y los garrotes, situación que se extendió por espacio de cinco horas, hasta el amanecer. “Yo le pedía para ir al baño, me decían: no llores más que me tenés podrido. Me retaban. “Tu hermana tendría que llorar y llorás vos”. Amenazaban con llevar a mi mamá y matarla y matar a nosotros, los hijos. Me robaron todos los juguetes y muchas cosas”.

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El declarante también relató que luego del secuestro de su padre fue testigo de dos secuestros más en el barrio, el de Jorge Euman y el del vecino de abajo, cuyo nombre no recuerda.

Sobre lo vivido, siendo un niño, expresó que ahora comprende “cómo se manejaban, pero en ese momento no. Nosotros teníamos un grupo de chicos que jugábamos al fútbol y a las escondidas y comentábamos entre nosotros a quiénes secuestraban, se iba naturalizando. Venían en autos armados y nos preguntaban cosas: “¿No lo vieron a fulano?” Nos daba miedo por la violencia. Después jugábamos a eso: a que yo te llevaba, él me llevaba”.

El testigo, el mayor de cuatro hermanas y hermanos y padre de cuatro hijas e hijos, manifestó cómo le afectó su vida lo que vivió con su familia siendo víctimas del terrorismo de Estado. El trauma vivido hizo que tuviera dificultades en sus estudios y su proyecto de vida en general. Si bien hoy trabaja en eventos tomando fotos y filmando, le hubiera gustado estudiar informática y no pudo. “Yo estudié muchas cosas pero no podía terminarlas. A veces me decaigo, pero trato de salir adelante. Esperé demasiado tiempo para contar esta verdad. Ahora me siento mucho mejor”.

Luego de secuestrado su padre, Néstor acompañó a su madre en la búsqueda, a las comisarías, al Ejército, a Plaza de Mayo, aprendió a hacer hábeas corpus y notas. Además, siendo aún un niño, tuvo que salir a vender diarios, pochoclos y garrapiñadas, ya que no alcanzaba con el ingreso del trabajo de su madre.

El complejo 17, según sus palabras, daba cuenta de la situación social y económica que sufrían amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo pobre. “A los chicos nos gustaba que nos daban chocolate y galletitas, en mi casa no había para comer. Venían maestras a enseñarnos. Había doctoras y doctores por la vacunación”.

Sobre el secuestro del doctor Euman describió que él se encontraba con sus amigos jugando en una obra. Se daban cuenta si venía un auto de afuera del barrio. Eran muy frecuentes los Ford Falcon y los Chevrolet. A Euman lo corren 100 metros, se escuchan disparos y gritos, y ven cómo lo arrastran y lo suben al coche.

Tanto él como posteriormente su padre declararon que la madre de Néstor y esposa de Rodolfo Atilio, sufrió importantes secuelas luego de la tortura, entre ellas tres aneurismas.

Sus últimas palabras estuvieron dedicadas a las enormes secuelas que marcaron su vida, al hecho de que siendo un niño se vio forzado a asumir responsabilidades de un adulto y a la importancia de su declaración: “Ahora soy diferente, porque poder hablar me libera”.

Angustia y descompensación         

A continuación declaró su padre, Rodolfo Atilio Barberán, de 72 años y músico de profesión. En su declaración, interrumpida a los minutos por una descompensación sufrida por una angustia intensa, dio cuenta del proceso de organización vecinal del que fue parte en el complejo 17 del barrio General Güemes.

 

Ya en ese momento, al recordar dicho proceso, comenzó a emocionarse. Relató que su vida “transcurre en torno a la organización del barrio. En ese contexto me voy desarrollando. Había una salita de primeros auxilios, donde se daba apoyo escolar. Teníamos tenencia provisoria de los departamentos con el instituto de las viviendas y continuidad de las obras con el Banco Hipotecario”.

Dos años después del golpe genocida del 24 de marzo de 1976 y del secuestro de una de las referentes del barrio, la señora Benítez, se realiza una misa para pedir por su libertad. A la salida es secuestrado y llevado a la Brigada de Investigaciones de San Justo, donde lo torturan innumerables veces. Allí estuvo aproximadamente hasta octubre.

El testigo se angustió mucho y expresó que espera que su declaración sea para tener justicia por el daño ocasionado a él y a su familia. “Estuve transcurriendo en ese centro clandestino un tiempo largo, para mí interminable. Después me trasladan a la comisaría de General Rodríguez, luego me hicieron un consejo de guerra y después me llevan detenido a Devoto. El consejo de guerra me condenó a dos años y finalmente fui liberado en marzo de 1980”.

A continuación hizo referencia a que su compañera hoy está internada y acompaña sus palabras una profunda angustia. Llora. “Hace un año y dos meses, es la segunda vez que se opera de aneurisma por todos los golpes que recibió, está internada hace un año y pico, tuvo un ACV”.

En ese momento Barberán se descompensó, por lo que debió ser llamada una ambulancia y así se dio por finalizada la audiencia. El Tribunal resolverá si en el futuro el testigo completa la declaración a través de videoconferencia.

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