N° de Edición 7277
La Matanza

Testimonios: denuncia de encubrimiento militar en el juicio por los desaparecidos de La Tablada

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Testimonios: denuncia de encubrimiento militar en el juicio por los desaparecidos de La Tablada.

Ya pasaron treinta años del ataque al Regimiento de La Tablada y las consecuencias se arrastran hasta estos días: el 10 de diciembre empezó el primero de los juicios, que busca esclarecer las denuncias sobre apremios ilegales y «desaparecidos» en la recuperación.

El juicio se desarrolla en el Tribunal Oral Federal Número N°4 de San Martín, que preside Alejandro De Corvez. Se investiga una sola de las cuatro desapariciones denunciadas: la de José «Maradona» Díaz, un santiagueño que antes de La Tablada había combatido con las guerrillas de Nicaragua y Guatemala.

Apriete a un soldado

El único acusado es el general Alfredo Arrillaga. Aunque era Inspector General del Ejército, no tenía mando de tropa y no era su jurisdicción natural, Arrillaga era compañero de promoción del jefe del Ejército, Francisco Gassino, quien lo puso al frente de la operación de recuperación. El militar llegó a este juicio ya con cuatro perpetuas por delitos de lesa humanidad.

En una nueva audiencia del juicio realizada la semana pasada por el asesinato de José Díaz, un soldado que permanecía detenido por desertor en el cuartel aquel 23 de enero de 1989, Miguel René Rojas, indicó que los militares intentaron que modificara la declaración que prestó en el juicio en el que recibieron fuertes condenas los/las integrantes del MTP. Le pidieron que denunciara torturas y maltratos de parte de los militantes. También declararon el director del EAAF, Luis Fonderbrider; el periodista Felipe Celesia, un exmilitar que se contradijo y una testigo de identidad reservada.

En lo que fue una de las audiencias más extensas del juicio en el que se investiga el asesinato y la desaparición de José Díaz, integrante del Movimiento Todos por la Patria que tomó La Tablada en enero de 1989, volvió a quedar en el foco la intención militar de construir una versión oficial de los hechos que pudiera ocultar las torturas, ejecuciones sumarias y desapariciones que se dieron durante la recuperación del cuartel.

“Lo que ellos me dijeron que diga no existe, me dieron por escrito lo que tenía que decir, casi todo lo contrario de lo que pasó”, indicó Miguel Rojas, quien en ese caluroso verano se encontraba detenido por desertor en la Guardia de Prevención de La Tablada. Lo que ahora denunció, sucedió durante el juicio que se les siguió a los/as integrantes del MTP apenas meses después del copamiento.

Como indicó otro de los testigos, Felipe Celesia: “Había una voluntad política de que fuera ese un juicio con una pena ejemplificadora y lo hicieron de modo exprés”. Y agregó que “sobrevolaba la versión muy fuerte de que se había preparado el testimonio de los militares que declararon en el juicio, para que todo sea más redondo y cerrara, algo que incluso en el juicio mismo se ventiló por un testigo que así lo indicó”.

Otro testimonio liberador

En el TOCF4 de San Martín, Miguel Rojas relató su experiencia de aquel día: estaba en los calabozos por desertor, con soldados y oficiales de guardia, hasta que entró “la gente ésta a los tiros, pero que a nosotros no nos hicieron nada. Estuvimos con ellos desde las 6:20 hasta la tarde, que salí”. Indicó que eran 3 desertores, a quienes los integrantes del MTP les dijeron “que nos quedemos tranquilos, que con nosotros no era el problema”.

Su testimonio es crucial en este juicio por ser uno de los soldados que escapó junto a José Díaz e Iván Ruíz de la incendiada guardia por una de sus ventanas, tal como lo muestra uno de los videos que se conservan de ese día y en el que Rojas identificó a los militantes que hoy permanecen desaparecidos. También los reconoció en el video que los muestra rendidos y con sus manos en alto, guiados por un soldado (Hugo Daniel Stegman) hacia los fondos del cuartel: nunca más se sabría de ellos.

Pero lo que hoy sumó otro dato de interés a su testimonio fue que, como ya sucedió con el exmilitar César Ariel Quiroga, en este caso un colimba, Rojas, aseguró que lo presionaron para que mintiera en el juicio de 1989. “Me decían que diga que nos trataron mal, que nos torturaron, etc. Me dijeron que diga eso y nada más, no sé quién era el superior que así me lo indicó”, explicó 30 años después.

Respecto de la criminal recuperación llevada a cabo por las fuerzas represivas, Rojas aportó otro dato que contradice el pedido que le hicieron militares: “los que coparon el cuartel nos decían que nos vayamos porque nos iban a matar los tiros desde afuera, sacamos una remera blanca de soldados y gritamos que no disparen, pero no nos dejaron salir los disparos”.

La tarea del EAFF

La jornada comenzó con la declaración de Luis Fonderbrider, director ejecutivo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). El antropólogo dio cuenta del trabajo de identificación de restos de 6 personas que permanecían como NN y criticó la conservación de los restos: “No estaban en buenas condiciones”, refirió cuando la querella lo consultó.

Luego agregó que estaban incompletos, con rastros de haber sufrido el “efecto térmico”, con restos de ropa, y, uno de ellos, con un proyectil, que de haber pasado por una autopsia realizada correcta, debería haber sido extraído. “El cuerpo médico forense de entonces debiese responder cómo llegaron así a Chacarita” agregó. El testimonio de integrantes del cuerpo forense se espera en la próxima audiencia de este juicio.

Además sumó otro dato que habla de cómo fueron tratados esos cuerpos antes de ser enterrados: en una de las sepulturas había restos de dos personas, donde decía que estaban los restos de Francisco Provenzano, en realidad estaban los de Burgos. Por eso recién en ese momento se contabilizó a Provenzano entre los desaparecidos.

Quinteros, un exmilitar clave

Otro testimonio importante de la jornada fue el de Fernando Andrés Quinteros, un militar retirado “hace poco más de 2 años. Visiblemente nervioso, Quinteros se situó custodiando a 2 prisioneros en un quincho del cuartel. Según dijo “unos 5 o 10 minutos”. Le tuvieron que leer su declaración de 1989, en la que decía que había permanecido en esa situación durante una hora.

Además decía que lo pusieron a custodiar que nadie entrara ni saliera del lugar, pero no había precisado que adentro hubiera 2 prisioneros. El exmilitar dijo que “todo era un caos, cada uno hacía lo que quería, por lo que no había un oficial a cargo que nos dijera qué hacer”. Sin embargo, en su relato, se mostró recibiendo órdenes varias veces, aunque nunca pudo recordar a quiénes se las impartían.

La quinta persona que testimonió en la undécima jornada de este histórico juicio es parte del Programa Nacional de Protección de Testigos, razón por la que su testimonio no fue público. Pero según pudo reconstruir El Diario del Juicio, se trata de la exesposa de un oficial de inteligencia que ese día estuvo en el RIM 3, pero olvidó el handy en su casa.

De ese modo, su esposa en aquel entonces pudo escuchar las comunicaciones. Además del contenido, la relevancia de su testimonio tiene que ver con que todos los militares de alto rango que declararon en el juicio (Halperín, Stegman y Naselli, posibles imputados en nuevos tramos de la causa) dijeron que no tenían instrumentos de comunicación radial.

La mujer aseguró que escuchó conversaciones en las que se daba cuenta de interrogatorios a detenidos el día 23. Según la versión oficial, no hubo detenciones el 23, y todas las personas sobrevivientes son las que se entregaron el día 24. Los videos y fotografías demuestran que Ruiz y Díaz fueron atrapados el 23.

La búsqueda de verdad y justicia respecto a la suerte corrida por José Díaz ese 23 de enero en los tribunales federales de San Martín no deja de abrir nuevas heridas, y de desnudar la trama militar/judicial que brindó impunidad a quienes cometieron delitos de lesa humanidad en plena democracia. De a poco, la verdad se vuelve innegable y se acumulan pruebas en contra del General Arrillaga, máximo responsable de la criminal represión y único imputado de una causa que parece tener mucho más por develar.

Fuente: El Diario del Juicio

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