N° de Edición 7271
La Matanza

Tapiales: Los Cedritos: una historia de horror

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Por Prof. Joaquín G. Puebla

Juan José Jiménez es un hombre avejentado, a sus 41 años parece tener más de cincuenta; últimamente dos desgracias destrozaron su presente y pusieron en duda su futuro. No tiene ni la esperanza de conseguir justicia, sólo le resta creer en Dios y en su justicia divina.

Juan José es un tipo común, con un trabajo común (es colectivero); sus vaivenes amorosos los han mantenido soltero y su vida familiar giraba en torno de su mamá Pilar Sotomayor de 80 años.

Pilar tenía buena salud, andaba y hacia sus cosas sola, mantenía aseado y ordenado el departamento que compartía con su hijo en Ciudad Madero, era jubilada y cobraba la mínima. Ambos vivían bien, no tiraban manteca al techo pero iban tirando. Pilar sufría de constantes descomposturas ocasionada por el mal funcionamiento de la vesícula, como le tenía horror a los médicos, iba poco y nada a verlos. En más de una oportunidad trataron de convencerla de que se debía operar, “Con la operación laparoscópica entras y salís, ni siquiera te duele” le decía su hijo, sus amigas, su nuera y su hijo mayor que vive en el extranjero. Pero Pilar tenía miedo y prefería las constantes descomposturas que eso le producía.

Para su cumpleaños, su hijo la llevó a cenar, junto a una par de amigas del centro de jubilados, a un restaurante chino ubicado en Avda. Vélez Sarsfield, en Madero, a un par de cuadras de su casa. Pasaron un velada muy entretenida, comieron bien y se acostaron tarde.
A la madrugada Pilar se empezó a sentir mal, hacia bien entrada la mañana se sentía realmente mal. Llamó a su hijo al trabajo, llamaron a la ambulancia del PAMI y como esta tenía una demora de más de 4 horas, decidieron ir hasta la Clínica “Los Cedros de Tapiales” (conocida comúnmente como “Los Cedritos”); era un día de intenso calor, de esos que suele regalar noviembre, la guardia de la clínica estaba abarrotada, la única doctora de guardia atendía a los jubilados y a la obra social de los colectiveros. Esperaron cerca de tres horas y luego de intensos reclamos y del estado de Pilar, dos jubilados que estaban antes que ella la dejaron pasar para ser atendida.
El estado de Pilar de grave y merecía pronta atención, le dieron una orden para un análisis de sangre en el momento y hora después, con los resultados en la mano, dispusieron de su internación. El diagnostico fue: haber ingerido comida en mal estado. Juan José habló con la Dra. Cannizaro (la doctora de guardia de clínica medica) y le comentó de su problema de la vesícula, esta le contestó que “Lo de la vesícula puede influir pero ella se intoxicó y ese es el diagnostico y de eso la vamos a tratar”.

Juan José se quedó durante dos días junto a su madre, iba a su casa un par de horas para cambiarse , comer algo y volvía corriendo al lado de Pilar; encada una de estas ausencias fue reemplazado por su prima. El tratamiento que le aplicaron fue dieta líquida, un analgésico y un medicamento para las nauseas y los vómitos. Le hicieron dos análisis de sangre por día, uno de orina y uno de materia fecal.

Durante dos días Pilar estuvo al borde de la conciencia, “Iba y venía, pero aún en sueños se quejaba, tenía mal aliento y su cuerpo estaba afiebrado. La vía tan mal, que al segundo día llamé a mi hermano y le conté como estaba la vieja, Esa tarde mi hermano voló desde Miami pero no llegó a verla viva a la vieja”.

“Me llamó mucho la atención que la Dra. Cannizaro, cuando iba por la mañana a verla no la tocasé, desde la puerta la evaluaba, preguntaba como estaba, decía un par de cosas y se iba. Pero no la tocaba, en ningún momento le tomó el pulso, ni la temperatura, eso lo hacían las enfermeras dos veces al día” me cuenta Juan José y agrega que “A mi vieja la interné el sábado al mediodía y recién el lunes pasó a revisarla un Doctor mayor, que la revisó bien a fondo, la palpó, habló con ella, le preguntó qué le dolía, cómo era el dolor, estuvo un montón de tiempo con ella. Cuando terminó se acercó a mi y me dijo: tiene la vesícula muy inflamada, hay que operarla de urgencia, enseguida doy la orden para que la pasen a terapia intensiva y la vea el cirujano”, sorprendido le dije que “La Dra. Cannizaro me dijo que se había intoxicado, que no era la vesícula. Me miro serio y en voz baja me dijo: esa mina es una asesina, no se lo digas a nadie, pero mata más viejos que el cáncer y el corazón”.

“A partir de ahí comenzaron a suceder cosas, vinieron las enfermeras, la lavaron, le cambiaron la ropa, le cambiaron el suero, vino el cirujano, la revisó a fondo y ordenó que le hagan un electrocardiograma, una ecografía de la zona abdominal, análisis de sangre y que la trasladaran a terapia intensiva” sigue relatando Juan José y continúa diciendo que “A partir de ahí, no la vi más a la vieja, tuve que irme corriendo a buscar a mi hermano a Ezeiza y cuando volvimos nos dijeron que mamá había muerto. La causa de su muerte la dibujarron, nos dijeron que se descompensó y no pudieron reanimarla. Me puse loco, porque el Doctor de Terapia fue muy parco y no me quiso decir más, lo empuje y medio que le puse una piña, después de esto aflojo un poco y me dijo que se le había reventado la vesícula y no pudieron hacer nada. Mi hermano y yo nos abrazamos y nos pusimos a llorar”.
Luego de una pausa entendible, Juan José Jiménez nos relata que “Fueron un par de día muy complicado, con eso del sepelio y el entierro.

Cuando pasó todo me llama un primo mío, con quién había hablado durante el sepelio y me dijo que había algo raro, que podía haber por mala praxis y me explicó las cosas que teníamos que hacer. Al otro día nos fuimos con él a la clínica y pedimos el informe de la epicrísis (no sabía que nos tenía que dar copias de todos los estudios y análisis que le hicieron) e intentamos hablar con el Doctor mayor que me contó lo de Cannizaro. Después de muchas vueltas y varios cruces verbales a los gritos, nos dieron los informes pero no pudimos encontrar al Doctor mayor, parecía que nadie lo conocía” y agrega que “Mi primo me dejo los informes y quedamos que lo íbamos ir a ver a un médico legista amigo de él para que analizara el informe para ver si había mala praxis. Esa noche, con mi hermano hicimos un asado en el balcón del departamento, nos tomamos varias botellas de vino y nos fuimos a dormir.

Hacia calor y deje la puerta del balcón abierta, dejamos todo así; a la madrugada se levantó viento y las brasas no se habían apagado, parece que varias chispas volaron por el viento y justo al lado de la puerta -ventana del balcón tenía una mesita dónde siempre poníamos papeles, boletas revistas y demás cosas. Ahí había puesto la copia de los estudios de la vieja, al rato siento olor a humo y escucho que golpean muy fuerte la puerta del departamento, me levantó y al pasar por el comedor veo que la mesa esta en llamas, le grito a mi hermano y entre los dos apagamos el fuego. Abrimos la puerta y el vecino de al lado no dice que había visto que salía humo y un resplandor de mi departamento y pensó que era un incendio, por eso me golpeo tan fuerte la puerta. Realmente nos salvó la vida, porque nosotros ni nos habíamos dado cuenta del incendio. Comenzamos a ordenar todo y caímos en la cuenta que se habían quemado los papeles de la clínica. A la mañana llame a mi primo y le conté todo, me dijo de todo menos lindo pero quedamos en ir de nuevo a la clínica a buscar otra copia de los papeles”.

“Fuimos de nuevo a la clínica Los Cedritos y ahí se negaron a darnos una copia. Una mina nos dijo: Ustedes se llevaron los originales, nosotros no guardamos copia, no tenemos archivo y de ahí no se movieron” nos dice Juan José y añade que “Mi primo hizo averiguaciones pero nos dijeron que no valía la pena dado que cuando se consiga una orden de un juez de que entreguen las copias de la epicrísis, estas van a decir cualquier cosa menos la verdad. Me sentí destrozado, al vieja se murió porque una doctora le pifió en el diagnostico y yo la jodí. Anduve loco un par de días, mi hermano se tuvo que volver a Miami y pase varios días en la puerta de la clínica para ver si podía encontrar al Doctor mayor que me habló. Una mañana lo veo entrar a la clínica en un muy buen auto, lo sigo y cuando se baja lo encaró, le digo: Doctor, ¿se acuerda de mí? Usted atendió a mi mamá y… no me dejo terminar; con un gesto me hizo callar y me dijo: disculpe mí amigo, pero no lo conozco, nunca atendí a su mamá y yo nunca le dije nada de la Dra. Cannizaro y se dio la vuelta e ingreso a la clínica”.

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5 comentarios

  1. Hola, Necesito ayuda! Me llamo Eugenia. Tengo una beba de cinco meses y una niña de cinco años. Y mi madre.. 83 años, un acv hace poco más de un mes. Estuvo en los cedros, un doctor (sensi) le dió el alta, a pesar de yo pedirle tiempo, pues se alimentaba por sonda y está postrada y necesitaba la asistencia de pami. Nunca me escuchó. Debí traerla a casa.. sin poder darle los cuidados necesarios y más que merecidos, por mi falta total de conocimientos. Nunca fue honesto. Mi madre necesitaba una enfermera profesional las 24hs. Nos dejaron a la deriva, ella tenía la cola en carne viva, con diarrea. Mi hija mayor tuvo conjuntivitis, mi bebé diarrea. Su pediatra me dijo que era una locura de peligroso mi hogar, para ellas, para mi mami y para mi. A los cinco días en casa, se descompensó totalmente. Estuvo dos días en terapia intensiva y ahora la pasaron a sala común. Necesito ayuda urgente! Estoy más que segura que no van a esperar hasta que pami nos dé la enfermera domiciliaria. Ellos pueden demandarme sino firmo el alta de mi mamá? Necesito asesoría, estoy desesperada!

  2. Si, esta historia es de horror. Pero me gustaría que escuchen la mia. No saben lo que es. Por favor pido a la redacción del diario un mail para enviarla. Mataron a mi esposo. Estoy a 4 materias de mi titulo de medica, les señale muchas veces que no era el tratamiento pero terminaron matándolo. Quiero que lo que hacen en esta porquería de clínica se divulgue.

  3. Toda mi solidaridad con juan¡¡¡¡¡¡¡ es verdad; en los cedritos matan a mansalva a los viejitos. La Dra. Canizaro es una asesina y asesino son los dueños de la clinica por tenerla a ella al frente de la guardia¡¡¡¡¡¡¡

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