N° de Edición 7072
La Matanza

Sobre éxitos y fracasos Por: Hugo López Carribero

MAT3 LOPEZ CARRIBERO

Por: Hugo López Carribero Abogado penalista

“De hombres es equivocarse; pero luego de ello de locos es persistir en el error”. (Marco Tulio Cicerón).

Esto no tiene nada que ver, y por lo tanto no debe confundirse, con la perseverancia, que es una virtud de muchos seres vivos, no sólo del ser humano. En el marco de la perseverancia, caer está permitido, pero levantarse es obligatorio. El hombre en muchas ocasiones hace alarde de su envidia. Por ello, a veces me incluyo, nos gusta llamar testarudez a la perseverancia de los demás pero le reservamos el nombre de perseverancia a nuestra testarudez. Es una de las tantas formas que el ser humano tiene al alcance su mano para expresar su codicia y sus celos.

Por eso es que cada vez que enfrento un juicio difícil, recuerdo las experiencias que me dejaron los juicios que perdí. Es la mejor manera devolver a ganar. De los ganados nunca aprendí nada y como en muchos órdenes de la vida, para ganar, primero perdí.

Hace pocos meses, llegué a mi juicio número mil doscientos. Es muy cierto aquello según lo cual no se sale adelante celebrando éxitos, sino superando fracasos. El que cierra la puerta a todos sus errores, en algunas oportunidades seguro va a dejar afuera a la verdad.

El abogado debe hacerse amigo de los pensamientos comunes, esos pensamientos son habitualmente los más pacificadores. Todos necesitamos paz y serenidad para trabajar correctamente. El deber y la pasión son dos grandes gigantes que luchan en el corazón del hombre. Con bastante frecuencia el que sucumbe es el deber. Puede observarse esto, con mucha frecuencia, en los juicios criminales.

Siempre el abogado debe apresurarse a reconocer sus errores, antes que otro venga y los exagere. Y muchas veces el buen abogado debe saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanzas. Las batallas judiciales en las que se advierte una posible, o casi segura derrota, son las más honrosas de llevar adelante. Allí no hay más que dignidad y orgullo, ese orgullo bien ganado y bien empleado. Allí esta la honradez intelectual del abogado elevada a al décima potencia, la mesura y la solemnidad.

En algunas escasas excepciones he tomado casos perdidos sin percibir honorarios, sólo por darme el justo de luchar sin esperanzas. Las batallas fueron enormes y virulentas. Sorpresivamente algunos de esos juicios los terminé ganando. Si hubiese querido hacerlo, no lo hubiera podido hacer.

Cosas de la vida, y de esta profesión.

Por eso desconfío de los abogados que sólo cuentan las batallas ganadas. Pregúntele a  su abogado lo que él presume, y a los pocos instantes se dará cuanta de lo que carece. También desconfío de aquellas personas para las que la vida es todo blanco ó todo negro. La verdad es que vida esta plagada de bellos grises. Yo me quedo con los grises.

Cuando nos quedamos atascados con nuestro automóvil en una calle inundada, muchas personas nos dirán por dónde no se debía pasar.

Cada vez hay más individuos que pretender hacer el Prode con el diario del lunes.

 

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