N° de Edición 7413
La Matanza

San Justo: “El perpetuarse en el poder no le sirve al pueblo”

TESTESTE


El Concejal Adrián Verdini, del Peronismo Federal realizó un plenario, en su local partidario de San Justo, junto a los Diputados nacionales Francisco De Narváez, Alberto Roberti y la Diputada Provincial Mónica López.
Minutos antes del comienzo del mismo, el Concejal Verdini dialogó en exclusiva con NCO.

El Concejal Adrián Verdini nos cuenta que “Nosotros realizamos habitualmente un plenario todos los meses, con nuestros referentes de las distintas localidades del distrito y el días posterior a las tormentas que provocaron inundaciones en La Matanza, estuvimos recorriendo con el Diputado Francisco De Narváez la zona del B° Los Pinos y lo invite al plenario. El compañero De Narváez aceptó e invitamos también a la Diputada Provincial Mónica López y al Diputado Nacional Alberto Roberti que son de la Tercera Sección electoral” y asegura que “Este espacio goza de muy buena salud y es por eso, que seguimos creciendo”.

“Es normal que se den todas las versiones que corren, tiene que ver con el clima que se ha instalado; hay muchas operaciones de prensa dando vueltas y uno no puede estar atento a esas versiones” afirma Verdini y agrega que “El peronismo se esta tratando de reacomodar después de todos estos años de kirchnerismo y es normal, que dentro de ese marco, se den diálogos entre tantos sectores”.

El edil opositor manifiesta que “Hoy los que tenemos una función ó alguna responsabilidad, debemos estar muy atentos a las necesidades de nuestros vecinos. Deberíamos estar debatiendo que proyecto de país y de provincia queremos para los próximos diez años pero lamentablemente, muchos dirigentes están atrapados en la lógica mezquina de la política chica de las internas” y remarca que “Los tiempos electorales los instaló la propia Presidenta al hablar de su reelección y sale a apretar gobernadores, como fue el caso de Scioli, cuando manifiestan aspiraciones políticas. Este es un gobierno unitario y no federal, como debería ser según la ley y como a los peronistas nos gusta y que hemos defendido toda la vida”.

Adrián Verdini sostiene que “La figura que los ciudadanos siguen respaldando es Daniel Scioli, eso lo marcan todas las encuestas. Muchos peronistas de nuestro espacio vemos en Scioli la figura que puede unificar a todos los peronistas del país y llevarnos a vivir en paz y tranquilidad. La gente esta cansada de confrontación, la gente no quiere más el me peleo con todos, esta harta de las cadenas nacionales atacando ó achacándole algo a alguien. No podemos tener un gobierno que gobierna desde la confrontación”.

“El Intendente Espinoza plantea la unidad del peronismo y concuerdo con eso, pero él manifiesta una postura de defensa de la reelección de Cristina Kirchner. Eso nos separa porque estoy en contra de la reelección, es más, estoy en contra de las reelecciones indefinidas, porque considero que es malo para la democracia. El perpetuarse en el poder no le sirve al pueblo” afirma el Concejal Adrián Verdini.

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3 comentarios

  1. Ya está. El kirchnerismo puso al descubierto su objetivo. Su razón de ser: el poder. Tras el espectacular triunfo electoral del año pasado, la continuidad de Cristina Kirchner como Presidenta de la República -¿República?- conformó la meta a alcanzar y a ello se subordinaría -y se subordina- cualquier decisión. Por entonces, dicho objetivo no era público.
    Mientras que sólo alguna que otra voz ultra K declaraba intermitentemente la “necesidad” de una “Cristina eterna”, el Gobierno en general mantenía frente a la cuestión un prudente silencio.
    Ya no. Salvo la propia Cristina Kirchner, todo el arco K declara sin ambages la necesidad de una reforma constitucional que habilite a la Presidenta a ejercer un tercer mandato. Es más, no van por una re-reelección limitada a un único período excepcional. Apuntan más alto. A las re-reelecciones sin límite.
    Desde lo técnico, un nuevo período cristinista implica tres pasos. Cada uno de ellos, a la vez, condicionado por los resultados electorales. Es decir, por la amplitud del margen del resultado favorable obtenido en cada una de las consultas al electorado. No alcanza con ganar, hay que sobrepasar determinados guarismos.
    El primer paso requiere la declaración de “la necesidad de reforma constitucional” por parte de la Asamblea Legislativa, es decir de la suma de los dos tercios de diputados y senadores en cada cámara. La Constitución vigente prevé, además, que dicha declaración de necesidad de la reforma debe estipular taxativamente cuáles son los artículos a reformar.
    A hoy, el kirchnerismo no cuenta con los dos tercios de las cámaras. De allí que, en un plano estrictamente legal, el sueño reeleccionista requiere de un triunfo en las legislativas del año próximo que alcance para contar con dicho número de legisladores nacionales.
    Luego sigue el llamado a una Convención Constituyente cuyos integrantes también deben ser elegidos por el voto popular. De seguir en el plano de la legalidad, el kirchnerismo debe vencer en dicha elección y debe hacerlo de manera tal que se asegure la mitad más uno de los convencionales.
    Por último, sancionada la reforma, debe ganar las elecciones presidenciales –si no se modifican las estipulaciones existentes- con el 45 por ciento como mínimo de los sufragios válidos expresados o con el 40 por ciento de votos propios y una diferencia mayor de diez puntos ante su inmediato perseguidor, para evitar una segunda vuelta mucho más difícil de coronar con éxito.
    Hasta aquí, lo legal. Pero lo legal poca y relativa importancia tuvo siempre para los K. Por tanto, el camino mencionado no es más que “un” camino. Por estas horas, son varias las “otras rutas” que el Gobierno explora y estudia.
    En rigor, existe un plan A, un plan B y dos variantes de un plan C. En los dos primeros, el objetivo –retener el poder- se mezcla con la estrategia –la reelección de Cristina Kirchner-. En las dos variantes del tercero, el objetivo que, por supuesto, continúa siendo retener el poder, difiere en la estrategia. En lo táctico, como siempre en el kirchnerismo, todo es posible. Después de todo, para ellos, el fin siempre justifica los medios. Veamos.

    El plan A

    Consiste en modificar la Constitución por la vía que la actual “carta magna” establece: dos tercios de ambas cámaras que declaran la “necesidad de la reforma”, mitad más uno de los convencionales constituyentes que sancionan los cambios y triunfo electoral en las presidenciales del 2015 de acuerdo con las previsiones porcentuales que la propia Constitución establece.
    Puesto así, parece como –al menos- difícil de coronar. En primer lugar, porque la coyuntura no ayuda. La Argentina de hoy es una Argentina de vacas flacas. De estancamiento y posible caída del Producto Bruto, de cepo cambiario, de trabas a las importaciones, de alta –cada vez más alta- inflación, de dificultades mayores en materia de empleo, de inseguridad ciudadana, de colapso en el transporte de pasajeros, de ahogo financiero de provincias y municipios, de complicaciones energéticas, de salida de capitales, de desabastecimiento de algunos productos y muchos insumos, de imprevisibilidades en los mercados externos, de crisis económica internacional, de infraestructura deficiente y, sobre todo, de desmesurado gasto público.
    Demasiados elementos para neutralizar con los actuales altos precios de los cereales y las oleaginosas –en particular, la soja- cuyos beneficios, si la meteorología aquende las fronteras es benigna, recién serán palpables a partir de mayo del próximo año. Y con una incipiente recuperación de Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, que permita renovar una corriente exportadora industrial y cerealera pero que, en todo caso, exige reciprocidad en materia de importaciones.
    Claro que puesto así, sería aceptar una supeditación de la re-reelección a los meros resultados de una gestión de Gobierno, favorecida o no por variables que no son de su control –el precio de la soja- y que, hasta ahora, lo han favorecido como a ninguna otra administración en la historia, con excepción de los períodos de las dos guerras mundiales.
    No. Para los K, el objetivo –retener el poder- no se subordina a los resultados. Por tanto, y para cubrirse, el gobierno se prepara a ensayar un nuevo shock de demanda y a deshacerse de cuanto lo puede perjudicar en su camino.
    Para lo primero, alcanza con la mayor emisión monetaria autorizada tras la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, completada con un intervencionismo estatal en las empresas y en los sindicatos que aseguren “precios políticos” y limiten las demandas salariales. Para lo segundo, basta con traspasar servicios deficitarios a las provincias.
    Por supuesto que se trata de jugar con fuego. Pero ese nunca fue un problema para los K. El resultado de la emisión monetaria será un “shock de demanda” que durará el tiempo que demande a la inflación absorber la mayor cantidad de dinero en plaza. El apriete a empresarios y sindicalistas puede tener éxito solo hasta el momento en que ambos sectores acompañen “hasta las puertas del cementerio”, pero no más allá.
    No importa, para los K, el ensayo bien vale la pena. Después de todo, y sin alejarse del plan A, existen otros remedios, digamos “políticos”.
    Siempre es posible recuperar la “doctrina” Durañona, un liberal cooptado por el menemismo con escasos escrúpulos de honestidad, demasiado similar al actual Boudou, que en su afán económico-oficialista inventó para Menem aquello de que los dos tercios no eran computables sobre el total de las cámaras, sino solo sobre los presentes al momento de la sesión. La doctrina Durañona constituía un atajo para facilitar el logro del objetivo reformista mediante el pago –en contante y sonante- de la simple ausencia. Y el comportamiento actual de Menem en el Senado, es un claro ejemplo de ello.
    Siempre es posible pactar con sectores de la oposición. Y de última, siempre es posible cooptarlos, eufemismo elegante que significa comprarlos.
    Nada impide en la Argentina, si los dos tercios no se obtienen en las legislativas del año próximo, pero el resultado es aproximado, pactar algún reparto de poder –nombramientos, prebendas, obras públicas, adelantos del tesoro nacional- que tuerzan la voluntad de algunos legisladores para alcanzar el número mágico.
    Nada impide negociar a posteriori de la elección, otras reformas a cambio de la sanción de la re-relección. El kirchnerismo suele ser experto en esto como cuando estatiza las AFJP con apoyo opositor tras la bandera del sistema de reparto y oculta que su verdadero interés fue generar una “caja” política como es el ANSES en la actualidad. O cuando estatiza YPF o toma el comando –sin estatizar- de Aerolíneas Argentinas para apropiarse de lugares para su tropa además de adueñarse, otra vez, de cajas que resultaron bastante más flacas de cuánto pensaban. En tal sentido, el antecedente del Pacto de Olivos, negociado bajo casi idénticas circunstancias, los avala.
    Nada impide, por último, comprar votos legislativos. Siempre existen Carlos Menems o Ramones Saadis –por sólo citar dos ejemplos archi conocidos- dispuestos a la moneda de cambio.
    Y si ello es factible en relación con los dos tercios de las cámaras, también lo es una vez electa la Convención Constituyente. Si allí, el 50 por ciento más uno de los convencionales responden tanto mejor y si faltan pocos para alcanzar el número mágico, con las mismas herramientas, las voluntades se tuercen.
    Queda por último, la cuestión de los porcentuales que la Constitución exige para la elección presidencial en primera vuelta. El kirchnerismo dividió de tal forma la sociedad argentina que solo un triunfo en primera vuelta le asegura una permanencia. Si ello no se da, cualquiera que logre disputarle una segunda instancia alcanza condiciones de triunfo porque galvanizará los votos opositores.
    Bueno, pues santo remedio, con la reforma constitucional. Si se logra la reelección, nada impide cambiar, por la misma vía, las reglas de juego. Se suprime la segunda vuelta y resulta electo quién, simplemente, acumule mayor cantidad de sufragios, independientemente del porcentaje obtenido.
    El punto es particularmente atrayente sobre todo si se tiene en cuenta que cualquier gobierno en el mundo cuenta con un piso electoral próximo al 30 por ciento por hacer un cálculo conservador. Conviene recordar que, sin las mañas del kirchnerismo, en plena hiperinflación, el oficialista Eduardo Angeloz obtuvo un 39 por ciento de los votos en 1989, cuando ganó el opositor Carlos Menem. La única duda sobre este punto radica en una eventual, aunque particularmente difícil, unión opositora.

    El plan B

    Inevitablemente, el plan A, aún con todas sus eventuales triquiñuelas y amañamientos, choca con la inevitabilidad de las mayorías agravadas: dos tercios en ambas cámaras legislativas, mitad más uno de los convencionales, piso de sufragios válidamente expresados en las presidenciales.
    Pero, además, choca con los tiempos. El proceso inicia con las legislativas del año próximo, no con las presidenciales del 2015. Y las cosas no van bien en el corto plazo.
    Todas las encuestas se encargan de mostrar una caída de la imagen presidencial y del nivel de aceptación del gobierno. Nada irreversible pero nada fácil de revertir con una realidad que no ayuda y con planes para maquillarla de probables resultados desastrosos.
    No resulta descartable, por tanto, que el primer examen no pase con éxito. Es decir que el Gobierno no sólo no logre los dos tercios, sino que quede lejos de ello o que directamente pierda las legislativas.
    Cierto es que renueva solo los legisladores que resultaron electos en el 2099 cuando perdió las elecciones y solo alcanzó un tercio de los votos. Algo que facilita la mejoría. Pero aún así, el gobierno enfrenta crecientes rebeliones internas que no puede descuidar.
    Hoy, Daniel Scioli no es –porque han hecho todo lo posible para que no lo sea- el soldado disciplinado de antaño. Hoy, José de la Sota no oculta su sueño presidencial. Hoy, Hugo Moyano está empeñado –en ello va su supervivencia- en vencer al Gobierno desde su paso a la oposición, impensado e impensable hace algunos meses. Larvadamente, algunos gobernadores e intendentes se inscriben en una futura oposición, aunque sus gestos imperceptibles siempre pueden ser dejados de lado.
    Decididamente son elementos que restan. Todos ellos pueden armar listas legislativas que, ganen o no, “comen” votos hasta ayer kirchneristas. Y las provincias de Buenos Aires y Córdoba se cuentan entre las que más legisladores eligen. Es más, si no se produce un cambio diametral, el Gobierno perderá en las próximas legislativas en Buenos Aires –si Scioli, se abre-, Córdoba, Capital Federal, Santa Fe y Mendoza, los principales distritos del país, en cuanto a peso electoral.
    Por tanto, fácil resulta deducir que si con el plan A no alcanza para lograr el objetivo, se impone un cambio de táctica que no resigne ni el objetivo –retener el poder-, ni la estrategia para lograrlo, es decir la re-reelección de Cristina Kirchner.
    Es el plan B que consiste en la táctica plebiscitaria. Es un plan para el 2014. Implica un eventual fracaso en el 2013 y una recomposición política que permita sortear con éxito una convocatoria popular posterior.
    Por ahora, la idea está en pañales. Pero, Carlos Zannini, el todopoderoso secretario general de la Presidencia, ya formó un grupo de juristas y politólogos que estudia las consecuencias de una mezcla de variantes que incluye la iniciativa popular, como fuente de legislación, conjuntamente con los instrumentos de democracia directa con distinto grado de eficacia legal como son el plebiscito, el referéndum o la más modesta consulta popular no vinculante.
    Este plan B es harto peligroso. Implica algo más que la simple manipulación política. Requiere de una “capitis diminutio” de las facultades del Congreso de la Nación. Requiere de un trastocamiento golpista del principio constitucional que estable que el pueblo no gobierna, ni delibera, sino por medio de sus representantes.
    Claro que, para el kirchnerismo, tampoco esto es sacrosanto. Así pues, el plan B está en pañales. Pero, conviene prestarle atención. Porque no será un prurito legal el que lo detenga y porque tiene espacio bajo la procaz filosofía del “vamos por todo”.

    El plan C

    Aún así, si la re-reelección de Cristina resulta imposible, porque todos los ensayos salen mal, queda el plan C que no resigna el objetivo –retener el poder- pero que cambia, no ya la táctica, sino la estrategia: la re-reelección de Cristina.
    Entonces, recién entonces, todas las miradas se dirigen hacia Máximo Kirchner, el hijo mayor y varón del matrimonio imperial.
    Lanzar a Máximo Kirchner al ruedo no representa dificultad alguna. El escollo legal queda plenamente sorteado. No es una re-reelección, sino una mera elección más.
    En este caso, sólo dos puntos preocupan. La decisión del propio interesado que ya rumia su presentación política en escena, hasta ahora limitada a la trastienda. Y aquel escollo, también válido para su madre, de la segunda vuelta.
    Si el plan B, está en pañales, el plan C no pasa por ahora de una insinuación. Claro que ya trae algunas consecuencias. Como por ejemplo cierto malestar de algún gobernador que, por un momento, especuló con sus posibilidades dentro del conglomerado K, en caso de que fuese imposible sortear las vallas constitucionales a la perpetuidad cristinesca. Léase Capitanich, Gioja o Alperovich.
    Y, más grave aún, la pretensión hiper larvada de Carlos Zannini de ser el heredero, si lo de la Kirchner no va y si el hijo del matrimonio no quiere. Más grave, porque Zannini es el encargado de pilotear las variables de reforma constitucional a las que su secreta ambición tiende un manto de sospecha.

    La oposición

    Por estos días, la oposición parece haber tomado conciencia de la gravedad institucional de cuanto se avecina. Es bueno pero es insuficiente.
    Y es insuficiente porque creen que la batalla solo se libra en las legislativas del año próximo. Confían, con lógica de ingenuos, algunos, y con malicia de negocios, otros, que todo acaba o avanza en el 2013.
    Si se limitan a ello, una vez más, como en el caso de las AFJP, de Aerolíneas, de YPF y ahora de Ciccone –cuya estatización fue votada por algunos peronistas disidentes y por los juecistas cordobeses del Frente Progresista- vuelven a jugar al “gallinero libre”. Ese juego suicida donde dentro del gallinero conviven las gallinas libres con el zorro libre que, por supuesto, se come a las gallinas libres.
    Desde la perspectiva de quien esto escribe, la oposición debe ir más allá. Debe dar la batalla por la reforma. No para pararla, sino para sancionarla en sentido estrictamente contrario.
    De una vez y para todas, debe quedar desterrada cualquier posibilidad de reelección presidencial. Sencillamente, porque conlleva la distorsión de gobernar ya no para el país, ni para el pueblo, ni para la historia, sino para, cuando menos, ser reelecto y, cuando más, como es el caso, para eternizarse en el poder.
    Todo queda subordinado. No se hace cuanto hay que hacer porque la realidad lo exige, sino se hace cuanto conviene hacer para ser reelecto. Y después se pagan las consecuencias, que no las paga el reelecto de turno, sino el pueblo argentino.
    Sin reelección, la tentación del populismo es mucho menos atractiva. Sin reelección, el facilismo es menos intenso. Sin reelección, queda al desnudo que la corrupción no se disfraza de una voluntad de financiar la política, sino que queda reducida al móvil del enriquecimiento personal. Sin reelección, hay menos vagos, menos mantenidos, menos favorecidos, menos presos que salen de la cárcel, menos corruptos que andan sueltos, menos ladrones para la corona, menos amoralidad y menos inmoralidad.
    Claro que, para ser creíble, como diría don Moisés Lebensohn, no alcanza con la doctrina, hay que tener conducta. Si la oposición pretende que la gente le tenga confianza, no puede ver sólo la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio.
    Debe desprenderse de su autodefensa como nomenclatura. Debe decir no a cualquier tipo de reelección, la de Cristina, la de un futuro presidente, la de cualquier gobernador e intendente, la de los burócratas sindicales –cristinistas y no cristinistas-.
    Debe poner el poder al servicio de la gente y no a su propio servicio.

    LUIS DOMENIANI
    FUENTE : DEMOCRACIA DE JUNIN

  2. DE TODOS ESOS LA UNICA QUE SIRVE ES MONICA LOPEZ . DE NARVAEZ SE ENTREGO SOLO FRENTE A SCIOLI . ¿ CON QUE LO HABRAN APRETADO QUE SE BORRO OLIMPICAMENTE?

  3. Me preocupa que un CONCEJAL, hable De tener cito (sic)…. «.hoy lo que tenemos una funcion o alguna responsabilidad …»

    SI UN CONCEJAL (DE LA OPOSICION COMO SE DEFINE)
    CREE QUE TIENE «ALGUNA RESPONSABILIDAD»
    ! QUE MAL TE VEO MATANZA !

    En realidad los Concejales del Distrito sean del Frente gobernante o de la OPOSICION, representan al PUEBLO DE LA MATANZA en su conjunto, los hallan votado o no. Pero eso es algo que parece ser que los 24 seres humanos que conforman el HCD no entienden porque ellos solo tienen …»alguna responsabilidad» en esto de representar frente al inexistente poder ejecutivo municipal a simplemente algo asi como 2.000.000 de personas. Porque aun los que NO VOTAN deben ser representados.

    SE comienza dislumbrar que la unica manera de ser oidos por las «PERSONAS QUE TIENEN UNA FUNCION O ALGUNA RESPONSABILIDAD» es llegar a la PLAZA de SAN JUSTO, o publicitar que se lo va a hacer.

    CEMEFIR fue a la Plaza y algunos insumos y promesas de solucion para su conflictiva realidad (EL POSIBLE REMATE POR DEUDA A VENDEDOR DE AUTOS USADOS DE 420.000 DOLARES) logro que le prestaran atencion por lo menos durante 72 horas, hasta que un famoso concejal dijo » CEMEFIR ES UN ENTE PRIVADO Y EL MUNICIPIO NO TIENE NADA QUE HACER ALLI » (Concejal Rolleri)

    EL HOSPITAL DE NIÑOS, representados por sus trabajadores, con una Aaamblea y la posibilidad de ir a la PLAZA para ser escuchados, lograron que el Secretario de Salud, el Sub secretario de Salud
    y por favor lealo bien y entienda:

    !!! «»» EL JEFE DE ASESORES DE SALUD «»»» !!!!

    fueran hasta el Hospital para evitar la movilizacion por el tema de la PROVINCIALIZACION DEL HOSPITAL

    ¿DEBEREMOS LOS 2.000.000 DE PERSONAS QUE VIVIMOS EN EL DISTRITO, IR A LA PLAZA DE SAN JUSTO COMO EN 1810, PARA QUE NOS ESCUCHEN?

    ¿DE QUE MANERA HABRA QUE DECIRLE A EL SR INTENDENTE QUE NO QUEREMOS MAS LOS 4 MUERTOS, POR CAUSAS DE LA INSEGURIDAD POR DIA QUE TIENE EL DISTRITO?

    ¿NOS ESCUCHARAN O SEGUIRAN VIENDO QUIEN SE ACOMODA MEJOR CON EL POSIBLE CANDIDATO A VICEGOBERNADOR EN FORMULA CON DOMINGUEZ EN EL 2015?

    !!! VAYAMOS TODOS A LA PLAZA !!!!
    QUE SI NO NOS RECIBEN O NO NOS ESCUCHAN

    POR LO MENOS PODREMOS COMPRAR COSAS EN LA FERIA DE LOS ARTESANOS QUE VALE LA PENA

    ! ah PERDON!

    ESO SI NOSOTROS NO TENEMOS NINGUNA FUNCION MAS DE LA DE SER CIUDADANOS
    Y SI TENMOS LA RESPONSABILIDAD (no alguna responsabilidad) DE DECIRLE
    SR VERDINI

    NO NOS TRATE COMO ESTUPIDOS POR FAVOR

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