N° de Edición 6960
La Matanza

Raúl Andrés Lizarraga : El ex concejal de La Matanza juzgado por el crimen de un vecino

LizarragaFoto Pregon de Jujuy

Raúl Andrés Lizarraga (56) comenzó a ser enjuiciado en los tribunales de San Justo ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 por el delito de «homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y por el empleo de arma de fuego» en perjuicio de Virginio Viera (46).

El  ex concejal de La Matanza es juzgado  como uno de los acusados de haber asesinado en 2011 de un balazo en la cabeza a un vecino en la localidad de González Catán, tras recriminarle que su familia le había robado

Se trata de Raúl Andrés Lizarraga (56), que es sometido a juicio por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 del departamento judicial de La Matanza,  como presunto coautor del «homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y por el empleo de arma de fuego» de Virginio Viera (46).

Fuentes judiciales precisaron a Télam que en 2014 Joaquín Maximiliano Cáceres (25), alias «El Gordo», fue condenado por este crimen a la pena de prisión perpetua, mientras que el hijo del ex concejal por el Partido Justicialista (PJ), identificado como Raúl Jesús (30), continúa prófugo.

Familiares de un hombre asesinado en 2011 de un balazo en la cabeza cuando fue atacado por un grupo de personas en el Barrio Rodolfo Walsh, de la localidad bonaerense de González Catán, señalaron a un ex concejal de La Matanza juzgado por el crimen como el autor del disparo.

El imputado, oriundo de San Miguel de Tucumán, ingresó a la sala esposado, vestido con una campera deportiva blanca y gris, pantalón de jean azul y zapatillas blancas, tras lo cual se sentó al lado del abogado defensor, Alberto Fornaro, ex presidente del Colegio de Abogados de La Matanza.

El titular del TOC, Alfredo Drocchi, acompañado por los jueces Matías Rouco y Andrea Schiebeler, le preguntó los datos personales al ex concejal por el Partido Justicialista (PJ), quien detalló que está alojado en la Unidad Penitenciaria 43 de González Catán, donde trabajaba en la panadería pero que por problemas de salud dejó de hacerlo.

Los jueces Matías Rouco, Andrea Schiebeler y Alfredo Drocchi tienen previsto escuchar a unos 50 testigos.

Tras los lineamientos planteados por el fiscal Alfredo Luppino y el abogado Fornaro, los jueces comenzaron a escuchar a la primer testigo, Nancy Elizabeth Gómez, esposa de Viera durante 24 años y con quien tuvo seis hijos.

La mujer relató dos secuencias, una de ellas ocurrida el domingo 21 de agosto de 2011 cuando un grupo de unas 15 personas llegaron a su casa ubicada en la manzana 1 del barrio Rodolfo Walsh, situado en ruta provincial 1001 y avenida Intendente Federico Russo, de González Catán.

En esa ocasión, las personas armadas con escopetas tipo Ithaca y revólveres le exigieron que su hijo Matías Viera le devuelva lo que presuntamente le había robado a Raúl Jesús Lizarraga (30), hijo del acusado y que se encuentra prófugo por este mismo homicidio.

Según su relato, uno era Lizarraga padre, quien en ese momento se identificó como «el concejal de la villa San Pete», haciendo alusión al asentamiento llamado San Petersburgo.

«Me dijo que lo piense porque iban a volver a reventar la casa y matar a todos», aseguró la mujer, la cual miró al ex concejal y lo señaló como el autor de esas palabras.

Al día siguiente, alrededor de las 20, nuevamente fue a la vivienda un grupo de personas armadas que era encabezado por «este señor» (Lizarraga), que tenía un tapado gris, su hijo «Raulito», Joaquín Maximiliano Cáceres (25), alias «El Gordo», quien en 2014 fue condenado a prisión perpetua por este crimen, y otro hombre abrigado con una campera de la municipalidad de La Matanza.

«Un grupo de mujeres me pegó patadas y me agarró de los pelos, en ese momento escucho tiros y un ‘ya está, ya está’. Cuando me levanto veo a Lizarraga apuntando a mi esposo que ya estaba herido en el piso», recordó la esposa con lágrimas en los ojos.

De acuerdo a la testigo, ella le recriminó lo que había hecho y el imputado, tras apuntarla con una pistola, la empujó.

«Se fue con tal frialdad, como si no hubiese hecho nada, no entiendo porque tanto ensañamiento ya que nunca los vimos», afirmó Gómez, la cual recordó a su marido como una persona «muy buena» que se levantaba a trabajar como gasista y plomero a las 4 y volvía a su casa a las 20 «para mantener la familia».

Tras el crimen, la mujer contó que recibió amenazas para que se «calle la boca y no diga nada» y que el entonces intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, la citó dos semanas después para mantener una reunión con ella.

«Cuando llego a la municipalidad veo a Lizarraga que entraba con unos papeles. Empiezo a gritar que había matado a mi marido, que venga la Policía, estaba el custodio personal de Espinoza y le pedía que lo detenga», indicó.

Sin embargo, la viuda dijo que «no le dieron bolilla» porque al ex concejal lo hicieron entrar al despacho del mismo intendente, donde a ella no la dejaron ingresar, y que esa fue la «última vez» que lo vio.

La mujer terminó su testimonio acongojada, al punto que sufrió un desmayo en una sala contigua y fue asistida por dos policías y el juez Drocchi, quien le sostuvo las piernas durante varios minutos hasta que se repuso.

En tanto, Guillermo Viera, hermano de la víctima relató que la noche del crimen estaba en su casa cuando escuchó «gritos» y «amenazas».

Durante su exposición, el hombre se dio vuelta, señaló con el dedo a Lizarraga y dijo «este era» el que estaba a pocos metros cuando escuchó el disparo y vio caer herido a su hermano.

«Lo insulto y me dice ‘para vos también hay’ mientras me apunta. Había más gente pero entre diez metros estábamos mi hermano, él y yo», indicó.

Además, declaró Lucas Viera, unos de los hijos de la pareja, quien contó que el día anterior al crimen de su padre «El Gordo» Joaquín y Lizarraga, entre otros, lo amenazaron con que su hermano tenía 24 horas para devolver lo robado.

No obstante, aclaró que Matías Viera no sustrajo nada y también reconoció que el hombre que lo amenazó había sido el ex concejal presente en la sala.

Por último, cuatro empleados municipales declararon que no estuvieron en el momento del hecho pero coincidieron en que los comentarios en el barrio era que Lizarraga «se estaba comiendo un garrón» y que no tiene «nada que ver» con el homicidio.

El ex concejal se mantuvo prófugo hasta el año pasado cuando se entregó a la Justicia antes de las elecciones presidenciales.

Testimonios

La esposa de Viera, llamada Nancy Elizabeth Gómez, declaró que esa noche la víctima estaba en la vereda de su vivienda cuando apareció este grupo armado.

«El grupo era liderado por el gordo Joaquín, el hijo del ex concejal y por el propio Lizarraga, quienes al llegar a la puerta de mi casa dijeron ‘a ver quien es el polenta’ -haciendo alusión a su marido-«, aseguró la mujer.

Según su testimonio, Cáceres y Lizarraga hijo, apodado «Macho», se abalanzaron sobre Viera y un grupo de mujeres comenzó a pegarle a ella hasta que en un momento escuchó un disparo.

«Una de las personas que estaba ahí dice ‘ya está, ya está’, y vi como el ex concejal Lizarraga guardaba un arma en su cintura», afirmó Gómez, quien observó a su esposo tendido en el suelo y con mucha sangre en su cabeza.

La mujer dijo que después de que mató a su esposo, ella le recriminó lo que hizo con insultos y, tras apuntarla con el arma, el ex concejal «se fue caminando con las manos en el bolsillo como si nada pasara».

En tanto, la víctima fue trasladada por familiares y vecinos en un colectivo de la línea 621 a la clínica Figueroa Paredes de Gregorio de Laferrere, donde murió a los pocos minutos.

De acuerdo a la acusación fiscal, el crimen de Viera fue cometido en el marco de un supuesto robo al hijo de Lizarraga.

En ese sentido, un hijo de la víctima, llamado Matías, declaró que el día anterior al homicidio estaba en su casa cuando arribaron al menos tres autos, uno de ellos un Volkswagen Fox gris, del que descendieron entre once y doce personas.

«El hijo del concejal se acercó y me pidió que devolviera una computadora, un televisor y ropa, caso contrario iba a matar a toda mi familia», relató el joven, el cual les negó que haya sido el autor del robo.

Este grupo regresó el día del crimen por la tarde a la casa de Matías Viera, a quien amenazaron nuevamente con volver y efectuaron dos disparos contra el piso, en un hecho en el que, según la víctima, Lizarraga padre portaba una escopeta Ithaca y el resto tenía armas cortas y largas de grueso calibre.

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