N° de Edición 7013
La Matanza

Ramos Mejía: continúan los problemas por calles rotas e inundaciones

Los vecinos todavía esperan que se acerque personal municipal.

Laura Quiroga, quien vive en el barrio desde que nació, reiteró a NCO el pedido por mejoras en los servicios públicos, colapsados desde que el edificio de lo que en su momento supo ser una fábrica, hoy fue ocupada por alrededor de 200 personas.
Uno de los reclamos lo presentó en el mes de agosto, todavía no se acercó ninguna autoridad.


Por: Nora Adámoli
nova.periodismo@gmail.com

“Lo de mi calle sigue todo mal. No me llamó nadie ni tampoco vino a recorrer la zona ningún empleado municipal”, comentó la mujer, dando a conocer, de este modo, un problema más en una de las regiones más afectadas en este sentido.

“Yo escribí en el muro de la Municipalidad, pero hay mutismo absoluto… seguimos igual”, mencionó la mujer que vive hace 52 años en el barrio y conoce a la perfección cómo fue mutando con el paso de los años.

Al respecto, comentó que en el lugar se encuentra la ex Donofrio, una fábrica que hoy se encuentra habitada por alrededor de 200 personas, lo que provoca un colapso en las cloacas.

Además de esto, la falta de mantenimiento se puede notar en los cráteres que se originaron en las calles y agravan los anegamientos tras las tormentas. “Yo vivo en Guido, esquina Bulnes y Castillo, muy cerca de donde funcionaba la empresa de extracto de blanco y Nirvana, dedicada a la producción de crema corporal”, señaló Laura, agregando que tras el fallecimiento de su dueño, según cuenta, se utiliza como un complejo habitacional sub-alquilado.

“Esto viene sucediendo hace más o menos 30 años. Yo nací y crecí en este lugar. Previamente, la calle era de tierra y luego la asfaltaron, pero nunca le hicieron un mantenimiento. La fábrica era de los Donofrio y funcionó hasta hace unos 25 años. Cambiaron los dueños del predio y por mucho tiempo estuvo inhabitable”, comentó.

De acuerdo a lo que explicó, en los últimos años, vivieron los caseros hasta que el lugar fue comprado por un señor de origen boliviano. “Esta persona sub-alquila a sus paisanos. Utilizan las antiguas oficinas de la fábrica y las convirtieron en viviendas. Hay más de 200 personas allí. No construyeron nada nuevo, creemos que utilizan los baños que eran de la compañía”, remarcó.

En el piso de bajo, se instalaron talleres donde las personas que habitan, a su vez trabajan. “Por lo tanto, al ser tanta la gente que está allí, llueven dos gotas y se inunda todo porque los pozos están completamente tapados. No hay capacidad para que salga el agua y nadie socorre ni dice nada sobre el tema. Además, las casas, como la mía, que están frente a la ex fábrica, se van deteriorando y perdiendo su valuación fiscal”.

Aquí hizo hincapié, aclarando que a los vecinos de la zona no les molesta que las personas que ahora viven en lo que quedó de la industria estén allí, “porque son muy educados y respetuosos con nosotros. El tema es el mantenimiento de lo público”.

“La calle está agujereada y en cualquier momento puede ocurrir un accidente. Además, entre los árboles y la oscuridad, es una boca de lobo, por lo que ni los remises ni las ambulancias quieren entrar a un determinado horario”, remarcó.

Así, más allá de la presentación que realizó Laura, meses antes los vecinos se habían dirigido a la Región Descentralizada Noroeste para presentar el reclamo. Sin embargo, aunque pasó el tiempo, la solución no llegó. “Nunca nos respondieron nada y según tenemos entendido, nadie se acercó a ver lo que sucedía. Yo presenté ese reclamo, pero no me contestaron”, comentó.

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