N° de Edición 7265
La Matanza

La Confesión en el Derecho Penal

Justicia

Dr. Hugo López Carribero
Abogado penalista

Hay veces que el preso se siente acorralado, deprimido y hostigado. En muchas de estas oportunidades decide confesar su culpabilidad. Decide asumir su responsabilidad para que la condena no sea tan severa. Claro que esto es posible, aunque yo no lo recomiendo. Pero para que esa declaración de culpabilidad tenga valor jurídico, deben estar presente los matices que a continuación de explican.

En la investigación de los hechos delictivos, el tiempo que transcurre es la verdad que huye. Esto es muy cierto; en un primer momento de la mayoría de los casos es fácil reunir los elementos de prueba necesarios, ya sabemos que algunos son destruidos por la acción del tiempo. Los hechos o circunstancias que no estén bien aclarados o documentados en el expediente, a veces no pueden suplir con su ampliación en el juicio oral.

Ejemplo de ello sería un testigo de quien se recibió una vaga
declaración y que, cuando se lo llama para su ampliación, ha fallecido, desaparecido del lugar de su residencia, etcétera.

Por eso decimos que es muy importante la labor de los instructores y
secretarios de los sumarios policiales y judiciales, pues en su trabajo se forma una conciencia exacta de la misión investigativa, pero dándole, a la vez, elementos de forma y de fondo que aumentan sus conocimientos en la materia para lograr el fin determinado.

En más de una oportunidad hemos observado falencias, que por falta de
conocimiento, dejan lagunas insuperables para el futuro. Un ejemplo de ello, es como se ve frecuentemente, que en la denuncia de robo no se toma en cuenta la filiación de los asaltantes que pueden proporcionar los asaltados o testigos presenciales del robo. Ello no puede suplirse con la simple indicación de que “en caso de tenerlos nuevamente ante su vista podría reconocerlos”; es necesario describirlos total o parcialmente, pero buscando la mayor cantidad de detalles, para lo cual se llevará un patrón preordenado: altura, grosor, rostro, cabello, bigote, color de la tez, ojos, orejas, defectos físicos o señas particulares, vestimenta, etcétera.

De esta manera, posteriormente no podrá culparse a un inocente si en
primera instancia se dijo que el asaltante era un hombre delgado y alto y luego resulta que el acusado es bajo y grueso.

La instrucción del sumario no debe conformarse con reunir los requisitos necesarios para decretar la detención del imputado, es decir, la semiplena prueba, ya que con ella sola el juez no podrá condenar al autor; para que dictar condena es necesario que exista plena prueba.

De lo contrario, si existe alguna duda respecto a la culpabilidad del
imputado, se impone el principio in dubio pro reo (en la duda a favor del reo), y el imputado será declarado inocente, y puesto inmediatamente en libertad, si se encontrara detenido.

Pero también puede suceder que exista una confesión. La confesión es la
manifestación del procesado en la que reconoce ser autor, cómplice o
encubridor de un delito. Implica el reconocimiento de la propia
culpabilidad, de la propia responsabilidad penal.

Para que la confesión tenga validez, la misma debe ser prestada en sede judicial; ante un juez competente; debe ser circunstanciada y extenderse en un acta; y fundamentalmente debe ser libre, por parte del imputado, con discernimiento, y sin su intención se encuentre viciada.

En este marco la confesión del imputado, para ser válida, debe ser tener por sobre todas las cosas verosimilitud. Es decir que debe tener apariencia de verdad, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, del curso ordinario de las cosas y los datos suministrados por la instrucción acerca de la persona del inculpado y de la manera como se ha cometido el delito investigado.

Es necesario, por lo tanto que el hecho confesado sea posible y verosímil atendiendo a las circunstancias y condiciones personales del procesado.

Sin embargo lo extraordinario puede excepcionalmente ocurrir, en cuyo caso necesitará conformación por pruebas menos inseguras que la propia confesión.

También debe haber precisión en la confesión del delincuente. Pues las consecuencias legales de la confesión son tan graves, que importa que sea articulada con extrema precisión.

No puede tampoco faltar la persistencia y la uniformidad. La confesión debe ser por su naturaleza persistente, es decir que el individuo debe siempre declarar son vacilaciones sensibles. Además de ello, la confesión debe ser concordante con todos los demás hechos acreditados en le proceso.

Por último, la confesión debe ser creíble; debe verse claramente que el procesado ha podido discernir la verdad de lo que declara; si una persona declaró -por ejemplo- que ha arrojado al río a un individuo y que, habiéndose retirado de inmediato, supone que se ha ahogado porque lo ha visto hundirse en el agua, surge la duda de que efectivamente se haya ahogado. En este caso la confesión necesitará la comprobación ulterior de que al individuo no se lo ha vuelto a ver con vida, aunque no aparezca su cadáver, y ello sin perjuicio de que se active la investigación para reunir otros indicios corroborantes.

A fin de apreciar la veracidad de la confesión criminal bebe tenerse encuenta el estado mental del confesante, es decir, el pleno dominio de sus facultades mentales.

Estos son los requisitos para que el delincuente se declare culpable, de una manera válida para el proceso, de lo contrario la mentada confesiónsería nula, de nulidad absoluta y insalvable.

Haciendo historia recordamos que en los principios de la humanidad y conel nacimiento del rústico Derecho penal, no existía la declaración
indagatoria, sino tan sólo la confesión; en ella la mayoría de los casosera arrancada por la violencia o por cualquier clase de tortura yconstituía plena prueba en el hecho investigado; es decir, lograba laconfesión del presunto culpable, se dictaba sentencia condenatoria sinanalizarse otras circunstancias del hecho que hicieren verosímil dichaconfesión. En el perfeccionamiento y modernización del proceso penal sefue cambiando la confesión por la declaración indagatoria, que otorgagarantías al sospechado o acusado de un hecho y en la que puede aceptar ser el autor del delito, es decir, confesar.

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