N° de Edición 7071
La Matanza

La acción desinteresada que sacrifica su libertad individual en beneficio del conjunto expresa el más alto sentido de la ética

La acción desinteresada que sacrifica su libertad individual en beneficio del conjunto expresa el más alto sentido de la ética.

El espíritu de libertad que no conserva para sí privilegios ni egoísmos, que ofrece su vida por una causa noble, que diferencia la rapiña de la administración y la justicia, ese espíritu expresa una conciencia, una determinación merecedora de todo nuestro respeto.

Por Anahí Cao

La Madre de la Patria es negra como el hermoso cielo de la noche

Nos han repetido hasta el cansancio que no sabemos elegir, que tenemos el país que nos merecemos, que los que dicen la verdad son unos imbéciles: es importante ser pragmático, tener éxito, astucia, ejercitar el arte de la traición, humillar a los débiles, castigar al que no piensa igual, asesinarlo, torturarlo. Gozar el cielo de los poderosos, gozar el néctar del éxito, la superioridad del poseedor, como si la libertad fuera un trofeo y dependiera de la extorsión de estos cobardes que se creen dueños del dolor y la venganza. No poseemos la verdad, pero sabemos algo: todo aquello que es negado reaparece con más fuerza, exigiendo lo que le corresponde.

María de los Remedios del Valle: capitana y enfermera

Nació en Buenos Aires en 1766, o quizás en 1767, no se tiene certeza de su natalicio, y murió en 1847; de acuerdo con la imposición del sistema de castas vigente por directivas del Imperio español y demás monarquías europeas, esta mujer fue denominada parda, y reducida a la condición de esclava. No olvidemos que las mujeres africanas no descienden de madres libres, con partos respetados integradas a una comunidad que comprendía sus necesidades y las protegía de la muerte. No, estas mujeres y madres fueron traficadas por hombres blancos: cazadas primero, compradas y vendidas después, durante más de 300 años, depositadas en circuitos diseñados como centro de una política brutal que propiciaba el desarrollo económico de sus colonias, además de considerarlas base de la acumulación del capital, quiero decir, cualquier cosa, menos seremos humanos.

Separadas de su África natal, despojadas de sus lenguas, costumbres, familiares, tierras, las que sobrevivían eran depositadas en grandes mercados para beneficio de la oligarquía blanca. Todo legal, claro, ellos eran la ley.

Cuando María tenía tan sólo 10 años, en 1776, el Imperio español impone sobre estos territorios la consolidación política de su reino, fundando por orden de Carlos III, la colonia que denominará Virreinato del Rio de la Plata

En 1780, se produce la tremenda rebelión de Túpac Amaru, ahogada en sangre, con el descuartizamiento del guerrero inca. Remedios tenía 14 años. No  debemos perder de vista, un hecho fundamental que sucede en el siglo XVIII, la Revolución francesa,- 1789- y el impacto que generó en los pueblos sometidos de entonces.

La acción desinteresada que sacrifica su libertad individual en beneficio del conjunto expresa el más alto sentido de la ética.

Una pequeña colonia próspera, muy codiciada por la producción de las riquezas que generaba,  se rebela. Un reguero de fuego y sangre declara la Revolución en Haití. Cuatro años después de la Revolución Francesa, en 1793 ya no existían esclavos en Haití: Libertad o Muerte, gritaban esos hombres. Remedios contaba con 27 años. Quién sabe si se habrá enterado; lo cierto es que recién en 1813, una Asamblea será quien dictamine en estas latitudes la libertad de vientres y abola la esclavitud.

María de los Remedios del Valle, madre de la Patria

María Remedios del Valle, acompañó a su marido e hijas en la primera expedición militar al Alto Perú, dirigida por Juan José Castelli en julio de 1810. Sus hijas y esposo fueron asesinados en  batalla, sin embargo, Remedios, con 44 años aproximadamente, continuó como auxiliar sirviendo al Ejercito del Norte conducido por Manuel Belgrano. Participó del Éxodo Jujeño, combatió en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Tanto es así que el General Belgrano la nombra Capitana del Ejercito del Norte y Madre de la Patria.

Remedios fue parte del grupo de mujeres que combatió contra las tropas enemigas, asistió con agua y víveres, además curar a los soldados en la derrota de Ayohuma en 1813. Recordadas como las niñas de Ayohuma., esta derrota significó para María, seis heridas de balas, además de convertirse en prisionera del régimen español.

Sometida a 9 días de azotes públicos por ayudar a escapar a soldados y tenientes, reducida, durante 7 meses, a la situación capilla lo que significa: estar a punto de ser fusilada. Por fin  escapó de las garras enemigas. Luego se incorporará a las fuerzas de Güemes como combatiente y enfermera.

A los 60 años de edad, regresa a Buenos Aires, para sobrevivir en una casa humilde en las afueras, reducida a la condición de mendiga, pidiendo monedas en los alrededores de las Iglesias y vendiendo tortillitas, considerada loca, hecho que no es casualidad.

En 1827, Juan José Viamonte, quien desempeñaba el cargo de diputado la reconoce, y en 1828, siendo Presidente de la Legislatura decide insistir con el pedido de pensión que iniciara Remedios en 1826: desde 1810 hasta 1814 que me hallé en el Ejercito del Perú, siempre fueron relevantes los servicios de esta benemérita mujer, tanto en asistencia de heridos y enfermos como en guerrillas.

La acción desinteresada que sacrifica su libertad individual en beneficio del conjunto expresa el más alto sentido de la ética.

Hipólito Vilela, prisionero junto a ella en la derrota de Ayohuma, afirma: desde 1812-la- conocí en el Ejercito del Perú en el que sirvió hasta caer prisionera en la acción de Ayohuma, en la que cayó herida de bala, sirviendo en los hospitales y aún en el acto de la lucha.

El Poder Judicial exige documentos, el cuerpo de la mujer escribe: 6 cicatrices de bala y sable, 2 hijas muertas y 1 esposo muerto. Finalmente se acuerda el monto de 30 pesos mensuales, a modo de pensión, – consideremos que 2 pesos costaba un kilo de carne, por aquel  entonces -.

Posteriormente, Juan Manuel de Rosas la nombra Sargento Mayor y le otorga una pensión de 216 pesos. Su apellido deja de ser Valle para pasar a ser Rosas. Muere en 1847.

La memoria de la Madre de la Patria se conserva gracias a las mujeres afrodescendientes que han mantenido el culto a sus antepasadas con mucho respeto y amor, en contra del discurso oficial que afirma que los argentinos descendemos de los barcos y que en este país no hay negros.

La vida y la muerte de María de los Remedios del Valle expresa el reconocimiento de una historia negada por parte de la oligarquía criolla. Representa un antecedente claro de la enfermería argentina, además de la ruptura con distintos estereotipos de género y de clase impuesto durante siglos.

Hemos padecido desde la Revolución de Mayo los vaivenes de un Estado Nacional que se consolida en 1880, mediante un Ejército Argentino que asesina Pueblos enteros para imponer una oligarquía terrateniente sin escrúpulos, sin olvidar los sucesivos golpes, o dictaduras genocidas.

La acción desinteresada que sacrifica su libertad individual en beneficio del conjunto expresa el más alto sentido de la ética.

El único camino que nos queda es entender que aún somos esclavos y esclavas de un régimen que nos oprime, comprender y aceptar que todavía existe la trata de personas, que aún el imperialismo somete a sus colonias y que el racismo no es un hecho del pasado.

María de los Remedios del Valle es un ejemplo de arrojo y valentía, como lo fue el coraje de esos esclavos y esclavas, que lucharon por su libertad.

La fuerza necesaria para enfrentar el látigo y la violación nos debe hacer comprender, de una vez y para siempre, que lograr la abolición es cortar de raíz todas las opresiones. Seamos libres, lo demás no importa nada.

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