N° de Edición 6688
La Matanza

José María Ezcurra Arguibel

José María Ezcurra Arguibel
José María Ezcurra Arguibel

Ezcurra Durante la época colonial y hasta finales del siglo XIX la ley contemplaba la posibilidad que aquellas personas poseedoras de bienes pudiesen realizar un testamento. Este documento tenía valor oficial, en tanto cumpliese ciertos requisitos. Los había de distinto tipo, pero el más común era el llamado “solemne” y dentro de esta modalidad los denominados “nuncupativos” que imponía la presencia de tres testigos, vecinos del lugar, y un escribano público.

Por Sergio Laurenza
Profesor en Historia


Historia de hacendados y testamentos
Estas son las características del testamento del hacendado matancero José María Ezcurra Arguibel el cual se redacta en 1858, falleciendo el mismo en 1861 y cuya apertura y división definitiva se realizar al morir su esposa en 1874.

Pero los testamentos no eran solo una fría división de bienes, en la tradición hispánica este documento debía también incluir declaraciones de principios, encomendaciones religiosas y consejos a los descendientes, eran en realidad, verdaderas cartas de recomendación para ganarse un lugar en el paraíso.

Encontramos en la primera parte de estos, la religiosidad de la época, las obligaciones formales, los gestos de caridad y curiosidades en forma de donaciones; también en una segunda parte, y quizás la más importante para los deudos, hallamos el inventario de bienes, una muy detallada lista de todo el patrimonio físico del testador y la forma en que será repartido entre quienes fueron nombrados en el documento.

Nos dedicaremos en sucesivas entregas a desmenuzar el testamento de Don José María Ezcurra Arguibel, hacendado, casado con su prima María Isabel Fuentes Arguibel, con la cual tuvo nueve hijos. Proveniente de una importante familia, su hermana era nada menos que Encarnación Ezcurra esposa de Rosas, al que en 1853 le había comprado la estancia “San Martín” y que hoy conocemos como el Museo Municipal Juan Manuel de Rosas.

Los Ezcurra tendrán un importante papel en el desarrollo de La Matanza. En lo económico con sus estancias, que abarcaban la totalidad de lo que hoy es Virrey del Pino y parte de González Catán, en donde llegaron a contar más de cuarenta mil cabezas de ganado lanar y otro tanto de vacunos, adornando el paisaje con montes de frutales, también participando de la vida política y social, integrando las comisiones municipales y en la fundación de ciudades, como San Justo en 1856.

A través de este documento nos acercaremos a descubrir como era la vida en los pagos de la matanza cuando la vista se perdía en el horizonte y el concreto que hoy nos rodea no existía, buscaremos encontrarnos con su vida cotidiana para hilvanar los hilos que nos conducen a nuestro presente tan distinto, pero no tanto Ezcurra .

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