N° de Edición 7271
La Matanza

Jornadas solidarias en la Escuela Técnica N°3 de San Justo

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Jornadas solidarias en la Escuela Técnica N°3 de San Justo

En el establecimiento educativo durante la pandemia, se realizaron entregas de cajas de alimentos para los alumnos del colegio. Por tal motivo, Tatiana Miranda, presidenta del Centro de Estudiantes y Luis Pereyra, vicepresidente del mismo, dialogaron con Diario NCO.

Matías Gutierrez

Nuestro país afronta una de sus crisis económicas más duras de la historia y tras ello, la pandemia del coronavirus profundizó aun más la depresión financiera. Ante estos hechos los colegios públicos cumplen una rol fundamental a la hora de contener a la sociedad. La Escuela de Educación Secundaria Técnica N°3 “Manuel Belgrano”, también presta su servicio a los habitantes de La Matanza y cada dos meses realiza entrega de cajas de alimentos para sus alumnos.Desde el mes de mayo en la Técnica N°3, ubicada en Salta 2487, entre Doctor Ignacio Arieta y Almafuerte, se llevó a cabo la distribución de cajas de alimentos para los alumnos del establecimiento y el miércoles 31 de marzo hubo una nueva jornada. Tatiana Miranda, presidenta y Luis Pereyra, vicepresidente del Centro de Estudiantes se expresaron acerca de las experiencias que vivieron a lo largo de estas acciones solidarias.

“Nosotros empezamos a participar como Centro de Estudiantes en agosto. Pero como estaba todo esto de que la gente tenía miedo y era difícil salir y además nosotros éramos menores de edad, era difícil ir hasta la escuela porque vivimos demasiado lejos”, explicó Tatiana Miranda.

Luego, la joven de 18 años comentó: “No había mucho movimiento, la gente casi no iba a buscar, aunque las personas que necesitaban mucho, no tenían opción, iban. Hubo gente que por miedo no fue por mucho tiempo. No sabían cómo era la situación si se podía viajar en colectivo. Hubo un tiempo en que te pedían los permisos y no había uno que fuera para buscar mercadería y la mayoría de nosotros vive lejos. Hasta que nos dimos cuenta que se podía viajar e ir”.

Seguidamente la alumna de séptimo tercera dijo: “Entonces decidimos participar, ya que había muchos profesores mayores que tenían entre 60 y 65 años, que no podían ir y se necesitaba ayuda, porque no daban a vasto, estaban a veces dos días llenando las bolsas, porque eran pocos. Fue así que decidimos participar, íbamos un día armábamos las bolsas y al otro día la repartíamos”.

“Ahora nos dan la posibilidad de que nos traen las cajas, ya armadas y es más fácil y rápido, menos contacto. Antes teníamos que tocar la mercadería y meter todo adentro de las bolsas. Ahora directamente dejan las cajas y la gente las agarra y se las lleva”, manifestó Tatiana.

Por su parte, Luis Pereyra expresó: “Nosotros nos metimos en plena pandemia a ayudar, hubo veces que le llevamos a los chicos que estaban con COVID-19 en sus casas y no podían salir, nos arriesgábamos. Poníamos entre todos para la nafta, conseguíamos un auto e íbamos hasta las casas de los alumnos que por estar enfermos no podían salir a buscar la mercadería y realmente la necesitaban”. Luego agregó: “Muchas veces, no sólo era mercadería sino también se les acercaba útiles, libros y carpetas, eso corría por parte del Centro”.

La iniciativa es coordinada por el Estado, en conjunto con las escuelas públicas y los alumnos que también decidieron ponerle el pecho a la situación. El reparto de los alimentos se divide en un bulto, para cada familia de los alumnos. Para llevar el control y que la distribución sea equitativa, los colegios utilizan las listas de estudiantes. Las cajas contienen tres paquetes de fideos, uno de arroz, harina, legumbres, aceite y puré de tomate, azúcar, yerba, mate cocido, leche y huevos. En estas tareas actúan preceptores, alumnos y directivos, los cuales suman entre 15 y 20 personas.

Posteriormente, los alumnos de séptimo tercera  se expresaron a cerca de lo que significa para ellos llevar adelante esta tarea. Tatiana Miranda, por su parte dijo: “Me parecía más que necesario, ya que nosotros no pudimos cumplir nuestro año de Centro de Estudiantes, porque no hubo clases. Muchos chicos creían que desde nuestro lado no hacíamos nada y preguntaban cuándo íbamos hacer algo. Los papás retiran la mercadería y se van, no saben quiénes somos nosotros”.

“Todas esas cosas nadie las veía, íbamos y pintábamos la escuela, en esos tiempos que nadie iba al colegio. Nosotros les decíamos que era imposible cumplir con todo porque prácticamente no íbamos a la escuela, sólo asistíamos cuando repartían la mercadería y nada más”, amplió Miranda.

Luego finalizó: “Decidimos que se empiece a ver lo que hacíamos, desde el día uno tratamos de estar. Porque más allá de eso, era riesgoso para todos, además somos menores de edad y no podíamos estar yendo y viniendo, ahora es diferente. Está bueno que podamos colaborar y que se pueda ver que participamos, porque para nosotros es muy importante el Centro de Estudiantes, nos costó muchísimo llegar. Es lindo ver a la gente que va a buscar las cajas y que te agradezcan, ‘te dicen gracias por estar acá, ayudarnos y darnos una mano’. Vimos gente que lo necesitaba mucho, hubo personas que pedían más porque decía que no les alcanzaba o cosas así, porque realmente está muy complicado todo”.

Por su lado, Luis Pereyra expresó: “Para mí esto es muy importante, me gusta ayudar. Siempre me gustó ser parte del Centro de Estudiantes y estar presente en todo. Me gustaba ayudar a los alumnos que quizás tenían vergüenza al comunicarse o comunicarle algo a algún directivo”.

Con respecto a las jornadas de entrega de mercadería y quiénes las recibieron, el Vicepresidente del Centro amplió: “No solamente a las familias del colegio, sino que muchas veces se acercaban personas en situación de calle y decían ‘hace una semana estoy sin comer, me podés dar una bolsa de mercadería’ y se las dábamos sin problemas”.

“Muchas veces también los carreros venían a la una del mediodía a buscar las cajas que sobraban y le dábamos una bolsa de mercadería para que se lleven. Siempre me gustó poder estar ahí, para la gente que lo necesita, que lamentablemente está en una situación complicada y que vive el día a día y con esta pandemia la pasó muy mal”, concluyó el joven de 19 años.

La crisis económica, sumada a la pandemia de coronavirus, es un combo explosivo y por lo que parece, se quedarán con nosotros un tiempo más. Estos dos problemas destruyen el bolsillo de los argentinos, que permanentemente se las rebuscan para salir adelante. Pero ante estas dificultades, nuestro país pone en evidencia otra de sus características y es la de ser solidarios. Hay que entender que nadie se salva solo y que siempre se puede extender una mano a quien lo necesita.

Imágenes: Centro de Estudiantes

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