N° de Edición 6753
La Matanza

Historias de viaje: Rodrigo Bernárdez, de Morón a Latinoamérica

Historias de viaje: Rodrigo Bernárdez, de Morón a Latinoamérica

Un joven que decidió dejar su vida en el Gran Buenos Aires y emprender nuevos desafíos durante cinco años llegando hasta Venezuela, conociendo distintas culturas y experiencias.

La vida se trata de tomar decisiones y dejar una vida que tenía una carrera en la UBA y un trabajo estable muy bien pago para realizar una travesía que cambió su perspectiva es un paso muy grande. El moronense que dio este giro habló con NCO y nos contó las experiencias que vivió, las culturas que lo atravesaron y el por qué mucha gente no se anima a vivir este tipo de experiencias.


NCO: ¿Por qué decidiste dejar tu vida emprender un viaje que con pequeñas interrupciones duró cinco años?

RB: No siento que haya dejado mi vida, sino que elegí vivirla de otra manera. En ese momento estaba estudiando en la UBA y también trabajando a tiempo completo hacía ya dos años. Más allá de una cuota de cansancio psicológico obvia, el motivo real fue empezar a sufrir desilusiones desde esos dos frentes: en lo académico, dejé de sentir que la facultad me ayudara a pensar cosas nuevas y en cambio estaba recortándome para los estereotipos de mi carrera (docente o investigador); en lo laboral, llegué a un techo en el cual no podía progresar más y, pese a un buen sueldo, empecé a sentirme vacío por la proyección que esto suponía: hacer exactamente lo mismo todos los días desde ese momento hasta el infinito. Mezclando esas dos situaciones, el viaje apareció como una opción para cortar con eso, y de ahí la decisión de comenzarlo.

NCO: ¿Cómo era tu vida antes hacer esta travesía?

RB: Desde un punto de vista, podría decirse que hasta exitosa: tenía un buen trabajo, estudiaba, salía, lo esperable, ahí estaba. Pero realmente me sentía atrapado en la monotonía, pensando en lo parecidos que habían sido los días desde que terminé el colegio y lo parecidos que serían de continuar en la vida que llevaba.

NCO: ¿Qué rescatás de positivo y negativo en tus cinco años recorriendo Latinoamérica?

RB: Positivas y negativas fueron las situaciones, pero siempre algo se aprendió. Toda enseñanza termina siendo positiva, así que fuese como fuese todo fue bueno. También hay personas, encuentros, ideas, muchísimas cosas aparecieron en el camino. Como para intentar contestar la pregunta: rescato la oportunidad de vivir otras experiencias, de ver y oír cosas que nunca me había imaginado oír, y haber conocido gente hermosa, que me ayudó a entender lo bueno y transformar en enseñanzas lo malo.

NCO:¿Hay algún país que te haya gustado más que otros?

RB: Es un poco injusto tener que elegir uno: al final, todos tienen miles de cosas lindas por mostrar. Hay comidas increíbles en todas partes, paisajes alucinantes, siempre un intercambio cultural genera cosas buenas. Pero sí es cierto que en algunos te sentís más a gusto o conectás mejor con la idiosincrasia del lugar: es totalmente subjetivo.

NCO: ¿Extrañaste Morón, los lugares que frecuentabas antes, el conurbano en general en algún momento?

RB: Extrañé la gente. Extrañé recuerdos. Extrañé momentos. Uno es también su historia, y estando lejos se comienza a ver con otra perspectiva lo que pasó. También uno va tomando decisiones, o van sucediendo cosas, que te llevan a experimentar otras realidades, que te conectan con otras historias, otra gente, otros momento. Más que extrañar, reflexionaba mucho sobre el lugar donde nací y cómo uno lo lleva siempre dentro, quiera o no quiera.

NCO:¿Por qué creés que mucha gente no se anima a hacer lo que hiciste vos?

RB: En el fondo es algo totalmente personal, porque para cada uno los motivos – y lo que se percibe como limitante – para irse o quedarse son distintos. Pero creo que, respecto a no irse, hay dos cosas que nos marcan mucho: la primera, lo difícil que se hace ver como viable una manera diferente de proveer el sustento diario. Existen otras maneras de hacer dinero, más independientes, más libres, alternativas: la comida, el arte, alguna cosita autogestiva, muchas opciones. Y siempre algún mango sale: al principio será difícil y capaz solo da para lo justo o lo ajustado, pero con el tiempo uno aprende y crece dentro de lo que eligió. Hay que ver rápido con qué hacer plata, que eso te soluciona la mitad del viaje y opciones no faltan. Animarse a pensar más con el estómago que con la cabeza: cuando pase eso, rápidamente se te va a ocurrir una idea de cómo llenar la pancita.
La segunda es que, socialmente hay un gran fantasma de fracaso, que nos cuelgan a todos. Es como si fuese muy difícil creer que uno puede, que va a conseguir lo que quiere, que esas cosas que uno se imagina que pueden pasar, efectivamente pasen. Creo que mucha más gente tomaría la decisión de viajar – o de tomar ese pasito que da miedo tomar – si tuviésemos más refuerzos positivos, si siempre nos tiraran la mejor de las vibras, si enseñáramos como sociedad que el fracaso no es condenatorio, sino una circunstancia y nada más.

NCO: ¿Pensás volver a viajar en breve o creés que tuviste muchas historias para almacenar en todo este tiempo?

RB: Siempre hay espacio para más historias, pero no, por ahora quiero parar a formarme un poco acá en Buenos Aires, que tiene una oferta cultural independiente amplísima. Alguna escapada cortita por el país capaz (risas).

NCO: Definime en una frase o concepto la palabra felicidad.

RB: La felicidad es los otros, el arte, lo natural, la conexión.

Se manifiesta, siempre está: solo es. Cuando nos olvidamos de nosotros, volvemos a ser. Sólo a ser. Y ahí somos felices.

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