N° de Edición 7218
La Matanza

Gino Bencivenga: “El teatro es la resultante de mi pasión por la palabra”

Gino Bencivenga: “El teatro es la resultante de mi pasión por la palabra”

Con motivo de los 10 años del teatro La Tapera, diario NCO conversó con su director y creador Gino Bencivenga quien contó su trayectoria, su vida y cómo nació La Tapera.

En pleno corazón de Laferrere, Reaño al 6000, se levanta esta casa cultural bautizada por su creador La Tapera, espacio de muchas obras y formadores actorales que de la mano de Gino fueron surgiendo.

Gino llegó de Italia a Gregorio de Laferrere poco después de la guerra, la falta de conocer el idioma lo llevó a buscar y formarse para poder vincularse con la gente del lugar.

De esa búsqueda nació la pasión por la palabra, la pasión por el aprender el castellano y de esta manera su amor por el teatro.

¿Cómo nació la Tapera Gino?

La tapera nació un 27 de noviembre del 2010, yo daba clases en la Casa de la Cultura, dejé de dar clases y me junté con una chica que tenía acá en la calle Reaño.

En frente había un lote y pedí permiso al hombre para hacer una huerta y era una tapera, una casa abandonada, un día este hombre me dice que la iba a vender.

Me agarró mucha angustia y desesperación por la quinta, porque había muchos arboles frutales, vendí un coche, junté algo de plata y la compré y ahí empezó la odisea agridulce, pro y contras de construcción.

Porque yo pensé que como buen acuariano que soy, que con 10 mil construía el palacio de Versalles y con 10 mil pesos hice los cimientos, en ese ínterin, laburando todo el día tuve un ACV.

Cuando construí el salón me siguió todo el grupo que tenía en La Casa de la Cultura más los radicales; hicimos varias obras infantiles y el debut de “la piba”, que fue muy lindo porque la llevé por todos lados, la municipalidad la había contratado.

¿Quiénes te acompañaron desde aquel entonces?

Los que me acompañaron siempre fueron los alumnos de los años, mi pareja Stella Maris (Lanzilotta) que desde el año 87 está junto a mí peleándola en esto de la vocación.

Y fue una lucha a brazo partido, la cultura en los barrios periféricos es un tema de prejuicio, un tema de timidez, un tema de desconocimiento, un teatro en un barrio pobre y en aquel entonces con calle de tierra…

Y bueno tenía que venir gente de otro lado, y empezó a venir gente de Capital, con invitados, y así poco a poco fuimos construyendo un publicó y empezamos a tener un grupo más grande.

Su Vida

La historia es muy reciente acá en Reaño con La Tapera, pero yo empecé en el año 64 con el teatro, tenía 18 años, empecé en la escuela municipal de arte de Morón, egresé de ahí y trabajé mucho tiempo en el teatro de esa localidad.

Después hice seminarios de perfeccionamiento con Rubén Correa y Jaime Kogan, directores muy famosos y muy buenos. En un momento tuve que decidir si seguir trabajando en Capital Federal, porque me costaba.

Siempre odié esas dos o tres horas entre ida y vuelta hasta Capital, era muy lindo porque figurabas en cartelera, pero no había plata, las cooperativas siempre dan a perdidas.

En el año 82, decido, por una crisis mía, no ir nunca más a capital y dedicarme a trabajar en Laferrere así fue que di clases en Estrella de Italia, en el club 17 de Agosto, en la Cámara de comercio, en el Rotary Club.

También en el Aero Club, en tres o cuatro Unidades básicas, en el club Alumni y muchos lugares di clases de teatro y siempre 15, 20, 25 chicos todos los años, trabajando obras y llevándolos al cine de Laferrere.

Nosotros cerramos prácticamente con No hay que llorar  el cine de Laferrere con el elenco del teatro La Cochera de González Catán después de ahí se dedicó al templo evangélico.

Siempre fue un metejón hacer teatro, entonces ¿por qué hago teatro? Yo soy italiano, vine en el año 51, un 27 de febrero del 51 a Laferrere que era todo, todo campo, mi mamá era campesina y papá era hijo de artesanos, pero también campesino, construía asfalto en las carreteras.

Después de la guerra estaban los campos minados y tuvimos que migrar y gracias a Perón nos vinimos a Laferrere, a un lote que nos había cedido mi tío que en paz descanse, quien vivió en Ramallo y murió ahí.

Yo no sabía hablar castellano, ese fue mi gran inconveniente, mamá tampoco sabia hablar castellano porque era analfabeta, mi padre no estaba nunca y cuando estaba me pegaba continuamente porque tenía que regar las plantas o darle de comer a los conejos.

Yo era un animalito salvaje que me pasaba entre el Río Matanza, el arroyo Susana y cazando cachirlas o yéndome al río a nadar y levantar fiebre por tener el lomo lleno de sanguijuelas.

A los 9 años empiezo la primaria que repetía y repetía porque nadie me había enseñado castellano y no entendía. Poco a poco empezó esa curiosidad patológica de buscar las palabras en el diccionario.

Buscar y saber el significado de las palabras, y eso que parece tan simple, en aquella época era el leimotiv de mi existir y esto me llevó que trabajando en una fábrica a los 13 años un vecino y amigo mío de González Catán me dice:

Mira Gino, vos que tenés problema para pronunciar las palabras vamos a empezar hacer un curso de cine y fuimos a  OSIPA producciones cinematográficas un curso que justo después demolieron la 9 de julio.

Y era ridículo porque nos hacían leer un texto y después lo pasaba a las 12 de la noche por radio Splendid, hasta que nos dimos cuenta que era un curro, de ahí nos fuimos a estudiar teatro a Morón.

Como te comenté en el año 64 comenzamos un curso regular con todas las materias, eso fue el inicio del autoconocimiento de aprender y de aprender; el teatro es la resultante de mi pasión por la palabra, por mi pasión del aprendizaje, por el aprender de hablar castellano.

Y el que come muchas palabras con el tiempo las vomita y las escribe, y yo de tanto estudiar teatro, empecé a vomitar dirección, actuación, fui maestro de actuación.

Ahí esta un poco la génesis de todo este inicio vocacional de enseñar teatro, y después entra a manejarse un montón de cuestiones filosóficas. Tengo un prurito por ciertas carencias personales en mi formación.

Es un prurito que siempre trato de endilgarle al estudiante la ambición de hacerse responsable de que él tiene que tener mucha ambición para saber, tiene que tener el instinto del conocimiento

Porque eso le va a dar una riqueza que  va a potenciar a ese ser humano, no tan solo un mejor ciudadano, sino también un mejor artista. Para mi no hay artista bueno si no hay persona buena, personas sensibles, inteligentes, con sentido común etc.

Así es un poco la génesis de mi vocación, de mi historia y sigo amando el teatro en este momento no observo mucho teatro por problemas de  la vista. Pero si el año pasado por culpa de la pandemia, después de 49 años, tuve que parar de dar clases y fue sumirme a mi en una angustia existencial muy peligrosa, muy traumática remontarla.

Y a golpe de amistades y a golpe de charlas y a golpe de leer me fui enderezando y acá estoy, ya me di la primera vacuna y el trece me doy la otra. Ya empezaremos con la lectura en la Tapera, y empezaremos con los grupos presenciales de teatro.

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