N° de Edición 6735
La Matanza

En la audiencia N°19 del juicio por la Brigada declararon dos médicos

 En la audiencia N°19 del juicio por la Brigada declararon dos médicos .

Con los testimonios de otros dos de los cuatro sobrevivientes de la Brigada de Investigaciones de San Justo, que testimoniaron en la audiencia N°19 del Juicio que se lleva a cabo en La Plata, finalizamos esta nueva entrega.

La misma está referida a dos médicos que fueron parte de la experiencia de organización barrial realizada en La Tablada.

Parte II

El tercer testimonio de la jornada fue el de Raúl Petruch, médico y colaborador del activismo barrial que se había desarrollado en los ’70 en el Complejo Habitacional 17 de La Tablada, Partido de La Matanza, donde fueron secuestrados una docena de militantes barriales.

Recurrente modus operandi

Petruch contó que trabajaba como médico en dependencias de González Catán y Virrey del Pino y también para el municipio de La Matanza, en una dependencia ubicada a una cuadra de la Brigada de San Justo. El 26 de marzo del ’78 había concurrido a la misa que se celebró en San Justo por la liberación y contra la expulsión de Cirila Benítez, detenida hacía 2 años, esposa de Aureliano Araujo, ambos referentes barriales del Complejo 17 de La Tablada.

El testigo rememoró que a la salida de la actividad estaba con su compañera Elisa Moreno y a la cuadra y media de la iglesia fueron interceptados por un grupo de civiles armados en un auto. Los redujeron, los metieron en el vehículo y los llevaron a un lugar del que recuerda que al ingreso había un garaje con piso de pedregullo.

El mismo detalle fue narrado en el debate por otros sobrevivientes de la Brigada de San Justo. Petruch dijo que fue ingresado a la Brigada, llevado a una sala y torturado, sobre lo cual no quiso dar más detalles porque, afirmó, ya lo declaró en ocasiones anteriores en la causa “Camps” o 44.

El sobreviviente dijo que le preguntaban por su actividad política, ya que había pertenecido al PCR. Dijo que identificó el lugar donde fue torturado como la Brigada de San Justo porque trabajaba a una cuadra, y porque antes de su secuestro había sufrido un hecho curioso en el que varios efectivos de la Brigada fueron a la casa  de su padre y se llevaron una foto de él, siendo que en la primera sesión de torturas los represores le mencionaron a su padre y a su primo, que era funcionario judicial.

El testigo recordó a algunos de los represores de San Justo como “Tiburón”, “Víbora”, “King Kong” y “Rubio”.  Describió los lugares de confinamiento de la Brigada como un pasillo con cinco grupos de celda a cada lado, un patio de techo enrejado, y una ventana que daba a una sala superior donde se realizaban los interrogatorios.

A él lo ubicaron primero solo. Luego lo sacaron y llevaron a una celda con Amalia Marrón y Jorge Heuman, a quienes conocía de la experiencia barrial en La Tablada, para que “curara” a Marrón de las heridas de la tortura. Petruch definió la situación como falta de todo profesionalismo porque no podía darle a la víctima más que agua.

Entonces fue que llegó a la celda un médico policial que quiso canalizar a Marrón sin el menor cuidado higiénico. Como él criticó el procedimiento mandaron a traer medicamentos para la detenida, y cuando llegó el envío pudo saber la identidad del médico represor porque su nombre figuraba en la receta: era Jorge Héctor Vidal, imputado en este juicio.

La visita del jefe 1-1-1

Además el sobreviviente recordó que una noche recibieron colchones y les dijeron que los iban a trasladar a Banfield. En una oportunidad se vivió otra situación excepcional: bajó un helicóptero con alguna alta autoridad policial o militar que visitó el lugar y a la que los represores llamaban “el 1-1-1”.

Sin embargo el traslado a Banfield se frustró y Petruch fue llevado en camioneta a la Comisaría de Laferrere junto con  los médicos Jorge Heuman, Norberto Liwski, Francisco García Fernández y otros. Allí fue puesto a disposición del Pen, aunque los represores de San Justo, en particular “Víbora” y “Tiburón” seguían realizando “visitas” a la dependencia y decidiendo sobre los detenidos.

A él lo amenazaron con que no los llegara a cruzar en la calle y le hicieron firmar una declaración falsa. Dijo que los efectivos de la comisaría le decían “Los Cabareteros” a los de la Brigada, porque realizaban operativos en boliches para obtener informaciones. En Laferrere vivió la llegada de otros detenidos que venían de San Justo como Rafael Chamorro, Juan Rodríguez, apodado “El Chileno”, Abel de León, Amalia Marrón y Elisa Moreno.

También pudo recibir a su familia y desde allí lo llevaron a un Consejo de Guerra donde utilizaron aquella declaración fraguada que le obligaron a firmar. Luego, en agosto del ’78, fue llevado a Devoto, pasó por la Unidad 9 de La Plata, por Rawson y recibió la libertad vigilada en marzo de 1982.

El sobreviviente afirmó que presenció una inspección ocular que se hizo hace un tiempo en la Brigada, hoy sede de la DDI La Matanza, y notó modificaciones en el lugar, aunque reconoció una escalera caracol y el patio enrejado tal cual los había visto en los ’70.

Para cerrar su testimonio, que por momentos fue bastante reticente, dijo que pediría “no declarar, si me pasara algo parecido, después de 41 años. Creo que el pueblo argentino se merece que la justicia trabaje rápido y tener una respuesta ante todas las adversidades que tenemos. Mi único deseo es que esta causa termine rápido y se sepa lo que ha ocurrido en este país”.

El eje era el Complejo Habitacional 17 de La Tablada

El último testimonio de la jornada fue el de Francisco Manuel García Fernández, al igual que Liwski, Heuman y Petruch, médico y colaborador de la experiencia de organización barrial del Complejo Habitacional 17 de La Tablada.

El testigo relató que se había recibido de médico en la UNLP, con especialidad en pediatría. Trabajaba en el Centro Médico Gallego, junto a Hilda Ereñú, por entonces esposa de Norberto Liwski, quien a su vez había sido compañero de la Facultad del testigo. Francisco tuvo una experiencia de trabajo en un dispensario barrial en Ciudad Oculta, donde un grupo de vecinos se organizó para la ocupación del Complejo de viviendas Nº17 de La Tablada.

Así los referentes sociales Aureliano Araujo Y Cirila Benítez lo invitaron a crear una sala en el nuevo barrio. Allá fue como voluntario y armó el dispensario con sus compañeros Liwski y Jorge Heuman. El testigo describió aquella actividad como “atención de baja complejidad en territorio, conociendo de cerca las dificultades de la gente y conformando un grupo de mujeres como nexo entre los médicos y los pacientes.

Luego se integraron maestras para hacer apoyo escolar. Hoy este tipo de actividades las avala económicamente el Estado, pero entonces eran consideradas subversivas”.

La madrugada del 4 de abril de 1978 hubo un operativo en casa de sus padres, que vivían con sus tíos y primos. Tras ingresar y reducir a todos comenzaron a realizar amenazas mientras preguntaban por él. Luego se llevaron a sus padres y dos primos. En el lugar quedaron una prima y una tía con un grupo de 4 represores.

El resto fue llevado a la Brigada de San Justo hasta la tarde del día posterior, cuando los liberaron en Lugano. Enterado por su esposa del secuestro de sus padres, García Fernández decidió ir a ver a su compañero Liwski. Allí lo secuestraron el 5 de abril de aquel año. El médico tocó el timbre y atendieron el portero. Cuando subió lo detuvieron, le pusieron un tabique, esposas y lo colocaron en el baúl de un auto.

Tras 30 minutos de viaje lo bajan en un garaje con pedregullo. Fue salvajemente torturado con picana y “submarino seco”. Le preguntaban cosas al voleo, aunque sabían que él había tenido cercanía con el PCR. Estuvo 3 días aislado en una celda, tras lo cual trajeron a Liwski herido de bala en una pierna. Desde esa celda escuchaban con su compañero los comentarios de los represores reunidos en una oficina cercana.

Así supieron de la visita del alto jefe llamado “1-1-1” que vino en helicóptero, pero no visitó su celda. El que sí los fue a ver fue el represor apodado “El Coronel”, que los amenazó para que hablaran. García Fernández recordó a los represores “Tiburón”, “Víbora”, “Araña”, “King Kong”, “Rubio” y “Teta”. Los dos primeros eran los que tenían mando. AL tiempo empezaron a recibir una comida en mal estado que según los guardias venía del regimiento 3 de La Tablada.

Un día los prepararon para un traslado grande, que finalmente no se realizó. Finalmente el 1 de junio del ’78 los represores “Tiburón” y “Víbora” les anunciaron que serían liberados. Entonces sucedió un traslado grande en camioneta a Laferrere, ya narrado por otros testigos. Al igual que otros sobrevivientes García Fernández describió el trato en Laferrere como más leve, con visitas de la familia.

También confirmó la llegada a ese lugar de otros detenidos de San Justo como Abel De León. Sin embargó allí fueron amenazados de firmar una declaración que luego se usó en un Consejo de Guerra realizado en la sede del Comando del Primer Cuerpo de Ejército. “Fue una parodia” dijo el testigo, “los defensores, los fiscales y los jueces era todos militares. Se declararon incompetentes en todos los casos y enviaron la causa al juzgado federal de Anzoátegui”.

De vuelta a la vida

Tras dos meses y medio en Laferrere, García Fernández estuvo otros dos meses en Devoto, pasó por la Unidad 9 de LA Plata hasta su liberación en 1980. Al igual que otros secuestrados legalizados en el SPB, en la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al país en 1979, pudo declarar ante integrantes del organismo.

García Fernández contó que cuando salió en libertad tuvo que pedir un auto prestado para ponerse a trabajar realizando visitas médicas a domicilio. Sin embargo al poco tiempo lo volvieron a tomar en el Centro Médico Gallego, de lo cual estuvo siempre agradecido.

El testigo reconoció en el álbum de represores al genocida Ricardo Juan García, apodado “Rubio”, a quien individualizó por la mirada de ojos celeste. También recordó que en el año ’87, junto a Liwski, individualizaron al represor Rubén Alfredo Boan, Alias “Víbora” en una rueda de reconocimiento en la Cámara Federal porteña, tras su aparición pública en un operativo por narcotráfico del el represor impune habría participado.

Para finalizar la jornada el médico y sobreviviente de San Justo reflexionó “Espero que esto sirva para mantener la memoria de una situación terrible que sufrió el conjunto de la gente. Esto es una colaboración. Es muy duro venir acá y revivir todo esto. Uno va sepultando estas cosas en el inconsciente para que no aparezcan pero creo que hoy volver a revivirlo es útil”.

 

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