N° de Edición 6754
La Matanza

El yaguareté es el ojo de la selva. Sombra resplandeciente y moteada

El yaguareté
El yaguareté es el ojo de la selva. Sombra resplandeciente y moteada

 

“…Odio, partidismo, camarillas, intrigas y celos son los resultados de este arte materialista, al que se le ha robado su sentido…”     

Vasili Kandinski

 

Por Anahí Cao                                                                                                                                                                                                     

¿A qué profundidad de la conciencia será necesario que despertemos para lograr  la posibilidad de realizar  plenamente  el ejercicio de nuestra Humanidad?

Hemos padecido y seguimos padeciendo guerras brutales, asesinatos, violaciones, hambre, tortura. Todo tipo de crueldad nos atraviesa como especie. Sin embargo, los que se benefician a costa de la destrucción y el sometimiento anhelan la plenitud de su barbarie.:

¡Más, más…!. El látigo se descarga sobre el caballo  enfermo. ¡Más…más….!

Ya no importa. Ése, no es el camino hacia la vida plena, ni siquiera es interesante la fortuna de estos vulgares. Huele a podrido.

Centrémonos en la buena gente, entonces, centrémonos en las vidas intensas, que conservan la ternura y sus frutos. Hoy nos convoca lo nuevo, lo que creamos como generación, como fuerza vital, como experiencia de este tiempo. Hoy nos convoca  lo que no nace del Poder y la corrupción, nos convoca  aquello que nace del deseo y la generosidad: la escritura poética de Marcelo Quispe, un Maestro y titiritero, que recorre nuestro país con una obra bilingüe –castellano-guaraní- para niñxs, un hombre comprometido con los procesos culturales, políticos y artísticos que venimos gestando  en nuestro  Abya Yala.

Este poeta, oriundo de la provincia de Jujuy, quien vivera su adolescencia en el Gran Buenos Aires, en la Villa “La Candela” y leyera parte de su obra poética en  el Sindicato Docente de San Justo en el año 2013,  ha publicado su tercer libro que hoy tengo entre mis manos, una criatura hecha de letras y cantos de cuna:  “Yacireí”,  editado en la ciudad de Rosario, por la editorial independiente “Pesada Herencia” del Barrio Luis Agote.

Quiero señalar, no sólo la existencia de esta obra, sino también la existencia de esta literatura, una literatura que comprende a  la naturaleza como un Ser Vivo que nos contiene, y al que estamos integrados. Una literatura que señala que  si negamos ese vínculo, negaremos la única posibilidad de comprender el sentido de la vida humana,  fundamento de todo acto cultural y político.

En la “Cultura” que imponen los Mercados, grandes devoradores de cuerpos, sòlo hay subculturas plásticas y reacciones decadentes. La posibilidad nacida de la reflexión y el ejercicio del cuidado es un paso firme, sin errores.

La voz poética en “Yacirei” observa conmovido la infancia de una niña que recoge caracoles en mitad de una tormenta, la niña posee una voz y despierta a su madre, con canciones: “… Tu corazón se escondió detrás del mío,/ tenía frio,/ lo cubrí con la canción de las dalias y las hormigas…”. La niña es una guerrera, una madre, una anciana, una mariposa. “… Esa mujer es a cada paso/ una niña caminando entre soles/ reconstruyendo una azul cosmogonía…”. “Ella rompe las cáscaras volcánicas/ más antiguas/ y camina por primera vez en el mundo…”

La voz poética ha focalizado fuera de sí y  reconoce el proceso de despojarse de un patriarcado que sólo entiende de castigo y obediencia, que solo puede generar miradas de culpa, lujuria o provecho propio, nunca la ternura, ni siquiera permitirse el sentimiento, la emoción hasta el llanto: “… me desgajo a dentelladas/ las soberbias/ en jirones de piel me las arranco…” “..” un adiós/ me invade lentamente el cuerpo/ es un adiós extraño,/ hacia mí/ a mí mismo…” pero al mismo tiempo una añoranza de los ancestros “ me viene a la memoria/ mi abuelo tejiendo sombreros de palmas/ semilla de mi tropezada historia…” Y se define en una canción quechua: “nuestra esperanza milenaria/ ya llega iluminando todo/ es india, mestiza, revolucionaria”

El reconocimiento del matador, del enemigo de la vida: la explotación del Hombre por el Hombre, es trasmitida en las canciones de cuna, como una forma de evidenciar la realidad, y trasmitirla a las generaciones que sufren: “… cabecita de mote, corazoncito de chañar/ que el Patrón Costa te quiere hacer sufrir…”. Y nuevamente en su propia infancia: “los escorpiones blancos/ me fragmentan/ una y otra vez/ mientras dura la tormenta…”

La metamorfosis  es un elemento interesante: las figuras humanas nunca son aisladas, su naturaleza  es compartida constituida por los otros reinos: la niña colibrí, la niña yaguareté, la flor-mariposa- mujer,  la mujer-pájaro, el rio-lagarto de ojos dorados, el hombre-toro. Todo busca  entenderse íntegramente. Aquí la palabra  regresa al asombro original, al momento mítico, donde la palabra esta viva, y  se sucede a través de los cantos de cuna, la oración, la canción popular. Recibamos con afecto la vida de “Yacirei”. Bienvenida.

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