N° de Edición 7364
La Matanza

Editorial: “Ser periodista es la manera más divertida de cagarse de hambre”

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Editorial: “Ser periodista es la manera más divertida de cagarse de hambre”

Editorial: “Ser periodista es la manera más divertida de cagarse de hambre”. Hace hoy 80 años que en la Argentina se celebra el Día del Periodista. Fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. La fecha no es fortuita, ya que el 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la Gazeta de Buenos Ayres, primer periódico de la etapa independentista argentina.

Por: Carlos R. Correa
carloscorreaprensa@gmail.com

El título de este artículo es una frase que uso corrientemente para definir lo que según mi parecer, significa esta profesión. No quiero atribuírmela porque no recuerdo puntualmente si la escuché, se la copié a alguien o se me ocurrió a mí. Lo cierto es que en cualquiera de las tres versiones, es perfectamente testimonial de lo que considero que es este oficio, que tuvo como matriz de inicio la misión de “informar y formar”.

Informar y también ¿formar?    

Como primera medida quiero aclarar que lo que sigue está expresado en general, por lo tanto, que ninguna/o se ponga el sayo porque no va dirigido a nadie en particular. Una de mis mayores consignas en esta vida es no ponerme nunca en maestro ciruela, ni faltarle el respeto absolutamente a nadie. Es solo una reflexión en formato gráfico que en este día tan especial no quiero dejar de difundir, asumiendo también mis falencias y mi natural autocrítica, que por otra parte la hago con bastante frecuencia.

Lo real es que al cabo de más de cuarenta años de ejercer el periodismo, puedo asegurar que eso de “informar y formar” ya no es así… Porque lamentablemente la de periodista es una de las pocas carreras que no está colegiada y entonces, cualquiera es periodista. La cosa es muy fácil, comprás un espacio de radio, vendés alguna que otra publicidad para subvencionar los gastos y ya tenés un micrófono abierto para hablar y opinar de lo que se te ocurra. Algo parecido ocurre -con otros elementos- si querés incursionar en la gráfica…

Eso es lo básico. Porque si miramos otros beneficios, te va a servir para chapear y si tenés resto, por ahí te animás y te pagás un curso en algún taller que dan “clases de periodismo” sin ningún tipo de contenidos o conocimientos. Si conseguís eso, al cabo de uno o dos años, les refregás el diploma en la cara a aquellos que te cuestionaron cuando en tu entorno blanqueaste sobre tu nueva profesión: Aparte, si sos hombre, por ahí te podés ganar la minita que te gusta…

Podría detallar varios casos de hombres y mujeres que incursionaron en esta profesión de esa manera y hace años que vienen viviendo de ello. Estos mal llamados “colegas” (ellos llaman así -para legitimarse- a los periodistas con cierta formación académica) son verdaderos paracaidistas que prueban trascender y además, ganarse unos billetes. Lo lamentable es que no guardan las más elementales formas, ni tienen la mínima capacidad para ejercer con autoridad los preceptos elementales.

Hay “colegas” dedicados a la gráfica que confunden la “O” con el “0” y hay otros radiales que el día que embocan una “ese”, la emisora sale del aire porque se cae el sistema. Y ni hablar de los que tienen páginas o block en internet, que no ponen un tilde ni de casualidad y les da lo mismo “suyo” que “sullo”, “ahí” que “hay”, “callar” que “cayar” o “haber” que “a ver”. Aunque un paso hacia adelante es ya no tener que leer o escuchar el “haiga” por “haya”, porque se cuidan al escribirlo o decirlo, ya que como es un gran señal de brutalidad, se deben esforzarse mucho para que nadie los defina con ese calificativo.

Tampoco es mi intención pontificar respecto al ejercicio de esta profesión, primero porque no soy perfecto, a tal punto que -generalmente por estar apurado o porque ya veo poco- suelo equivocarme seguido. Y segundo, porque al cabo de más de cuatro décadas de darle a las teclas, ya estoy en retirada y lo mío es tan repetido que tengo asumido que es casi imposible que a esta altura de mi carrera lo pueda corregir, aunque sigo intentándolo.

Sinónimos, ironías y metáforas

            Cuando a los 16 años comencé a estudiar en la ya desaparecida Escuela de Periodismo “Roberto Arlt”, una de las primeras cosas que nos obligaron a tener a los alumnos, fue un diccionario de sinónimos (elemento que aún conservo y utilizo). Y la primera frase que me quedó grabada de un maestro del periodismo gráfico como fue Ulises Barrera, fue que el que pretendía ser un buen periodista, tenía que saber que iba a tener que renunciar a un montón de cosas. Por ejemplo, debía trabajar los fines de semana y estar dispuesto a salir a cubrir una nota a cualquier hora del día o de la noche.

Otro hecho que me marcó, fue la anécdota del hombre que fue a pedir trabajo en la redacción de un conocido diario y el director del periódico le pidió como prueba que escribiera un artículo de cincuenta líneas sobre Dios… El aspirante tomó la hoja en blanco que le alcanzaron, amagó que iba a sentarse para redactarlo, giró de nuevo hacia el director y le preguntó “señor, ¿a favor o en contra?”. No hicieron falta más pruebas… Inmediatamente el aspirante pasó a ser empleado de redacción…

Otro recurso que me sale de manera natural y por lo tanto nunca me costó utilizar, es la ironía. A quienes la tenemos incorporada nos aparece de manera espontánea y es una herramienta de ataque y defensa muy importante que hay que saber usar en determinadas circunstancias. A veces una ironía dicha o escrita en el momento oportuno, duele o relaja más que una frase o un extenso texto.

Lo mismo sucede con las metáforas… El periodista debe saber utilizarlas y queda a gusto del emisor sobre el tema que se aborda para recrearla (generalmente yo las comparo con el ambiente del fútbol) y también es a gusto del consumidor la interpretación de la misma. Su resultado es muy efectivo, porque sin llegar a herir, pero sí a molestar, se puede graficar perfectamente lo que se quiere decir sobre tal personaje o determinada temática.

Algunas relaciones incómodas

Otra cosa que me revela es haber comprobado que algunos políticos, funcionarios, gremialistas y diferentes hombres públicos, todavía no se enteraron que ciertos periodistas no somos sus erreerre pepé, y que si las circunstancias lo ameritan, a veces vamos a hablar bien de lo que hacen y otras veces mal, y que si por esto nos cortan la pauta, nos niegan sus entrevistas autobombistas o sus interesados off the record, lo único que hacen es mostrar que son unos prepotentes de potrero y están confundidos en cuanto a cuál es el rol del comunicador…

Mi origen es el periodismo deportivo, trabajé más de dos décadas en ese ambiente y si bien alguna vez me dijeron “ah, periodista deportivo” para bajarme el precio, sepan que lo de “deportivo” es una especialidad y que como en la anécdota del principio, hasta de Dios somos capaces de escribir a favor o en contra… Pero no sé porqué somos subestimados, inclusive por algunos colegas que se creen que inventaron el periodismo…

Hace rato que tengo en claro que la objetividad no existe, que tenemos una profesión distinta con sueldos comunes y que la libertad de prensa la ejercemos solo si hay libertad de empresa… Y a propósito, en estos tiempos tan difíciles, donde el sistema ya se llevó puesto infinidad de colegas y el trabajo está en permanente riesgo, el caso de NCO es la excepción que confirma la regla, porque en los más de 25 años que -con algunas alternancias- estoy vinculado laboralmente con este diario, jamás me podaron un artículo, condicionaron mi opinión o censuraron mi línea de pensamiento. Y eso para mí tiene un valor inconmensurable.

El privilegio de ser periodista

Por eso y por mucho más hoy más que nunca me siento un privilegiado, porque  (con cortos baches) siempre trabajé haciendo lo que tanto me gusta, ya sea escribiendo y/o hablando… En realidad, siento que esta profesión nunca fue una carga, fue y es un disfrute… Por eso considero que la naturaleza y el Supremo me premiaron con algunas capacidades para que pueda ejercer con dignidad esta bendita profesión…

También admito que fracasé las veces que intenté motorizar una movida para que la profesión sea colegiada, porque me equivoqué a la hora de golpear determinadas puertas… Les dejo esta tarea para las nuevas generaciones… Además sugiero a mis jóvenes colegas y estudiantes de periodismo, que no se dejen engañar: ¡La fama es puro cuento y si no pertenecés a un medio, no existís!

Finalmente me sale decir que aunque no creo en las “vacas sagradas”, adhiero a la frase: “no se puede ser buen periodista si no se es buena persona”, que alguna vez escribió Tomás Eloy Martínez… Y si bien no me gusta chapear, ni pontificar, ni dar lecciones de moralina, puedo asegurar que todos los días de mi vida me esfuerzo para seguir honrando este oficio que hace más de 40 años practico y que me brindó muchísimos privilegios… Pese a ello, voy a seguir diciendo que ser periodista de verdad, pero de verdad, es la manera más divertida de cagarse de hambre…

Salud para todos los periodistas sin distinción de escalafones y en especial, a los que dignifican esta gratificante profesión…

 

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