Número de edición 7724
La Matanza

Denuncian censura y violencia en la UNLaM

Denuncian censura y violencia en la UNLaM

La agrupación estudiantil ¡Ya Basta!, informó que dos hombres sin identificar les arrancaron los carteles y agredieron físicamente a una estudiante.  “Fueron enviados por el rector Martínez”, indicaron.

Por Matías Rodríguez

“Son la patota de Martínez”, gritó una estudiante en un video subido a las redes sociales de la agrupación Ya Basta. En el mismo se puede ver cómo dos hombres sin identificar arrancan los carteles de la organización, empujan a una estudiante y amenazan a otro.

NCO habló con Noelia, quien cursa la carrera de Trabajo Social en la UNLaM y es referente de la agrupación estudiantil. Según contó, no es la primera vez que reciben agresiones mientras están militando.

NCO: ¿Qué fue lo que sucedió?

NF: Primero se acercó el rector Martínez (el rector) con una persona de seguridad privada y nos exigió que bajemos un cartel que se solidarizaba con la pelea de los trabajadores de reparto por aplicaciones para que les reconozcan su sindicato. Nos dijo que en la universidad no se puede hablar de cosas que no tengan que ver estrictamente con lo que sucede en la universidad”.

Frente al argumento de que la UNLaM es una universidad pública donde rige la libertad de expresión, el rector Martínez nos dice que, en la universidad, como en cualquier espacio público según él, hay restricciones frente a lo que se puede decir y lo que no e insiste con que bajemos los carteles, pidiéndole a los compañeros que estábamos ahí nuestros nombres y de qué carrera somos”, contó.

Minutos más tarde empiezan a pasar personas que, sin identificarse, sacaban fotos a los carteles y señalaban desde lejos.  A los quince minutos aproximadamente se presentan dos personas que dicen ser de un sindicato de la universidad sin identificarse de que sindicato eran a amenazar para que saquemos los carteles.

Cuando nuevamente insistimos con que no íbamos a bajarlos uno de ellos se abalanzó sobre el cartel, empujándome a mí que estaba adelante para que no lo rompiera, y se fueron amenazando a otro compañero de que lo iban a “cagar a trompadas”.

Mientras seguimos en la universidad siguieron controlándonos desde lejos, y la persona que amenazó con golpear a mi compañero nos sacaba fotos y nos filmaba desde lejos.

NCO: ¿Esta es la primera vez que les sucedió algo así?

NF: No para nada, es como la quinta. Si es la primera vez que aparecen sin identificarse. Martínez siempre manda al personal de seguridad. Pero a los trabajadores ya los conocemos y se ve que cada vez les cuesta más hacer el papel de patoteros. Lo que está bien porque no es su función, ellos tienen que cuidar la seguridad de la UNLaM. Nosotros no hacemos nada que esté fuera de la ley.

Pero la hostilidad para con las organizaciones de izquierda es permanente. No quieren que estemos acá, no quieren que militemos acá. Ahora nos rompieron carteles porque son cosas que no son de la UNLaM, otras veces porque denunciamos hechos de la UNLaM que están mal.

NCO: ¿Cómo por ejemplo?

NF: Los aranceles, por ejemplo. En la UNLaM tenés que pagar para el ingreso, para las materias de verano, hasta tenés que pagar para un certificado de alumno regular. Si a vos te va mal en el ingreso, tenés que pagar de vuelta. Si que quedás libre tenés que pagar la reincorporación.

Hace algunos años salió una ordenanza de Martínez totalmente xenófoba que a los estudiantes brasileños les exigen un curso de español dado en la UNLaM que cuesta decenas de miles de pesos. Eso no pasa ni en la UBA ni en La Plata, solo acá. Por otro lado, el centro de estudiantes que es quien nos debería defender es el brazo estudiantil de Martínez.

Cuando vos querés ejercer tu derecho a la libre expresión y a militar, empiezan los aprietes, la gestión te arranca los carteles. Cuando queremos pasar por cursadas como se hace en todas las universidades del país, los profesores responden con miedo muchas veces y nos han dicho que la política está prohibida dentro del aula. Una vez, Martínez mismo nos arrancó los afiches.

Unos profesores que quisieron organizarse en un sindicato, fueron todos echados de su trabajo. Debe ser una de las universidades más antidemocráticas del país. Yo la amo, es mi universidad, pero el Rector y sus prácticas le hacen mucho mal. En ninguna universidad de prestigio se cercena la libertad de expresión y el derecho al pensamiento crítico, todo lo contrario.

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