N° de Edición 7274
La Matanza

Denuncian amenazas a una querellante y testigo en la causa Brigada de San Justo

TESTESTE
Denuncian amenazas a una querellante y testigo en la causa Brigada de San Justo.

Desde la Mesa de la Memoria de La Matanza, expresaron su más enérgico repudio y solidaridad con Adriana Martín por las amenazas recibidas en su contra.

La mujer es querellante y testigo de la causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Brigada de San Justo y es la única sobreviviente del grupo de jóvenes estudiantes de la U.E.S. del antiguo partido de Morón. Debido a esto, será incorporada al Programa de Protección de Testigos.

Los jóvenes estudiantes fueran vistos allí con vida por última vez y por ello, Adriana Martín declaró en el Tribunal Oral Federal (TOF) N°1 de La Plata en la audiencia llevada a cabo el 5 de septiembre pasado. En los últimos tiempos, como ella misma lo denunció, viene recibiendo amenazas de parte de un grupo de personas que reivindican el Terrorismo de Estado.

Piden protección

En línea con la denuncia, la Mesa de la Memoria de La Matanza exige que “desde el Estado, además de brindar Justicia e intentar reparar el daño cometido en los años de mayor oscuridad de nuestra historia, dé protección a los testigos y querellantes de estas causas y utilice todos los mecanismos a su disposición para investigar y esclarecer estos hechos aberrantes y que de ninguna manera deben quedar impunes”.

La denuncia contra la hija del represor Raul Scheller, que fue quien le profirió la amenaza vía Facebook, se radicó en el Tribunal Nº1 de La plata ante el juez Alejandro Daniel Esmoris, con la presencia de la secretaria María Verónica Michelli, Adriana Martin recibió la asistencia del Dr. Palacios de CODESEDH y del licenciado Matías Manuele del programa Ulloa del Ministerio de Justicia.

Recordemos que en una extensa jornada de más de 8 horas de audiencia Adriana Cristina Martín, brindó un testimonio que fue central para determinar el paso de muchos detenidos por el lugar. Con un relato desgarrador de las atrocidades vividas en el Centro Clandestino por todo el grupo de la UES, Adriana lo contrastó con los pequeños gestos de humanidad y resistencia que pudieron desplegar los militantes allí confinados.

La sobreviviente contó que fue secuestrada dos veces. Primero en diciembre del ’76, con 15 años fue llevada a la Comisaría 3ra de Castelar, donde estuvo dos meses en cautiverio, fue liberada y puesta en vigilancia bajo la órbita de la Fuerza Aérea. A partir de allí trató de seguir los estudios en la ENET Nº1 de Moreno, siguió militando y fue electa presidenta del Centro de Estudiantes.

Luego sufrió otro secuestro en el operativo que desplegaron en la casa de sus padres en Villa Udaondo el 29 de septiembre del ’77,  en presencia de su madre y sus hermanos Gustavo y Sergio. Su hermana mayor Zoraida, que se había refugiado en Mendoza, también fue detenida y llevada a la base de El Plumerillo y luego en avión a Mansión Seré hasta fines del ‘77.

Detalles de su último testimonio

Adriana fue llevada en el baúl de un auto a la Brigada de San Justo. Años después reconoció el lugar por el desnivel de la entrada y la disposición de las celdas, la sala de torturas y las oficinas del primer piso. Describió al detalle el régimen de picana y buzón que sufrió días enteros, y la prolija división de tareas de los represores, donde “los policías estaban a cargo de las celdas y la comida, y el Ejército a cargo de los operativos, las torturas y los asesinatos”.

Estuvo cuatro meses desaparecida y pudo reconocer a muchos detenidos en el cautiverio. Entre ellos a su padre Manuel, secuestrado un mes después que ella y liberado a fines del ’77. Su padre le transmitió que habían torturado hasta la muerte a Hermann Von Schmeling y ella misma pudo compartir los últimos momentos con vida de Rubén Cabral, compañero de su hermana y militante montonero apodado “Guli”.

Adriana Martín compartió celda con Sonia Von Schmeling, las hermanas Claudia y Roxana Kohn y María Graciela Gribo, además de ser testigo de que en la Brigada de Investigaciones de San Justo estaba todo el grupo completo de militantes de la UES zona oeste.

La testigo afirmó que supo que estaba en la Brigada porque se lo dijeron los presos comunes y la cabo Teresa González, apropiadora de María José Lavalle Lemos, quien ya testimonió detalles del caso en este juicio. La mencionada González hacía las guardias los fines de semana y en su presencia el régimen se aflojaba.

Un calvario interminable

Adriana contó que cierto día la sacaron junto a Graciela Gribo y las mandaron coaccionadas a limpiar las oficinas del primer piso de la Brigada. “Fue humillante ser la servidumbre de los represores”, dijo. Sin embargo allí descubrió algo revelador. Detrás de un escritorio había un organigrama con nombres y flechas donde estaban todos sus compañeros de la UES zona oeste y distintos banderines: rojo para los asesinados, azul para los secuestrados y amarillo para los buscados.

Otro día, que ubica cerca del 28 de diciembre del ’77, vivió el calvario de presenciar el fusilamiento de sus compañeros. Los sacaron tabicados en grupo en distintos autos, tras un largo trayecto los bajan y escucha “¡arrodíllate!”, seguido de ráfagas de disparos a su lado. Luego corridas y gritos y la orden “¡súbanlos!”. A ella le gatillaron 3 o 4 veces en la cabeza y se desmayó. Luego despertó nuevamente en la celda de la Brigada.

Adriana Martín fue liberada el 31 de enero del ’78, y ni bien salió fue a avisar a las familias de sus compañeros lo que había vivido. Siguió vigilada en la calle por largo tiempo por personal de civil que cuando se los cruzaba les decían “mirá que no hay 2 sin 3”.

Por último Adriana reivindicó su militancia en la UES y en la organización Montoneros, pidió justicia por todos los compañeros que pasaron por la brigada de San Justo y dijo que “como sobreviviente repudio las prácticas negacionistas del gobierno nacional, porque los Derechos Humanos no son un ‘curro’, son el puente entre el pasado y el futuro”.

 

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