N° de Edición 6960
La Matanza

Delincuentes desvalijaron el comedor de una parroquia en Villa Luzuriaga

Delincuentes desvalijaron el comedor de una parroquia en Villa Luzuriaga.

La institución brinda asistencia alimentaria y clases de música a 150 niños del barrio Los Pinos de esa localidad matancera.

Esta semana, delincuentes entraron a la parroquia San Juan Bautista, ubicada en el barrio Los Pinos, en la localidad de Villa Luzuriaga y desvalijaron el centro y comedor comunitario que funciona en dicho lugar.

Los ladrones lograron ingresar a la iglesia luego de romper a golpes y quemar con un soplete la puerta principal de la institución que brinda clases de música y un plato de comida a 150 niños y niñas que viven en el barrio.

Emanuel Cerrudo, que forma parte del grupo de exploradores del batallón 50, Lorenzo Masas, que asisten a los chicos que concurren al comedor, brindó una nota con Crónica TV y contó detalles de cómo se cometió el delito.

«Esta esta es la quinta vez que nos entran a robar. Se llevaron todo; en la sala de música teníamos trompeta, guitarra, los micrófonos,  se llevaron el teclado, se llevaron dos parlantes con una consola. Se llevaron todo», señaló Cerrudo.

Asimismo, el entrevistado también se lamentó acerca de la impunidad con la que los delincuentes lograron desvalijar el lugar y sostuvo que «la verdad que nos sorprendimos tanto de como hacen las cosas con tiempo y nadie escucha, nadie ve nada».

Pérdidas difíciles de reparar

Por otra parte, en relación al dinero que perdieron con el robo de los instrumentos y electrodomésticos que tenían en el centro comunitario, Cerrudo manifestó que «todavía no sacamos la cuenta porque estamos tratando de ver si llegamos a tener alguna noticia como para poder encontrar las cosas antes de que sigan vendiéndose o se vayan más lejos».

El entrevistado se expresó sobre la manera en que se sintieron con el robo que sufrieron y aseguró: «Estamos bastante dolidos con toda esta situación y estas cosas te destrozan» y además, también se refirió a los objetos que les sustrajeron y comentó que «el horno era nuevo, que fue una donación que hicimos a pulmón con las peñas que hacemos y teníamos la freidora que también era nueva».

Asimismo, el voluntario aludió al trabajo colaborativo que realizan en conjunto con otros miembros de la comunidad y señaló: «Nosotros recibimos donaciones de harina y hacemos el pan casero y la comida a los chicos y que hagan estas cosas, la verdad que te duele; hay mucho esfuerzo acá, hay muchos padres y muchos chicos y estas cosas no te dan ganas de seguir».

Por otra parte, también se refirió a las personas que asisten al comedor en busca de ayuda e indicó que «muchos de los chicos de la calle vienen acá y les damos de comer, chicos que tienen problemas de adicciones y nosotros les abrimos las puertas, ayudamos y le enseñamos de música y eso es lo que te duele».

Trabajo por el bien común

Por otra parte, Cerrudo aludió a la labor que desempeña junto a sus compañeros dentro del comedor de la parroquia y explicó: «Nosotros le damos ayuda a 150 chicos de distintas edades, vienen acá todos los fines de semana y somos un grupo de exploradores y hace años que venimos con esta idea».

Por otro lado, el entrevistado habló acerca de la manera en que lograron recaudar dinero para comprar los alimentos y los artículos que les robaron y señaló: «Nosotros hacemos peñas que tocan los mismos chicos con la banda que formamos y los padres vienen y con un bono de 50 pesos juntamos para comprar la freidora y el horno y se llevaron todo».

Levantarse de las caídas

Cerrudo también se quejó acerca de la inseguridad que se vive en la zona y comentó: «Acá una vez que baja el sol, los ve a los chicos corriendo, ponele chicos porque ya son grandes, los ves corriendo arriba de los techos y los  rompían y trataban de mandarse para abrir la puerta porque está todo enrejado por todos lados, está enrejado como si estamos presos».

En cuanto al problema que tuvieron que atravesar y las consecuencias que les trajo el entrevistado sostuvo: «Más que todo este dolor, lo que nos está comiendo la cabeza es cómo hacer para seguir y conseguir para darle de comer a los chicos».

Por último, a pesar de los esfuerzos que necesitarán hacer para recuperar los objetos robados y que el comedor funcione de manera habitual Cerrudo aseveró que «lo que hacemos nosotros es por los chicos, no hay satisfacción más grande se ver la sonrisa de un chico mientras come contento».

Para colaborar con donaciones para el comedor de la parroquia comunicarse con el número 15-3250-8999.

Fuente fotografía: sitio elcactus.com.ar.

 

 

 

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