N° de Edición 6713
La Matanza

Conmovedora historia: Gorda, una pequeña asistente en seguridad de cuatro patas

Conmovedora historia: Gorda, una pequeña asistente en seguridad de cuatro patas.

La cachorra está todos los días en la garita de la concesionaria Araucar, situada en Monseñor Buffano 2992, San Justo, recibiendo a los clientes y esperando, por supuesto, su caricia de bienvenida.

La perrita es una pitbull mestiza y desde hace casi un año llegó al lugar para terminar formando parte del equipo. En palabras de su compañera Julia, quien habló con Diario NCO, Gorda es muy buena y amorosa. Sin embargo, la linda historia no comenzó del todo alegre.

Julia la conoció en mayo del año pasado, se había presentado a una entrevista de trabajo en Araucar y allí estaba Gorda, muy enferma aún y en compañía con el encargado de seguridad quien le contó cómo había sucedido todo.

“Un día, cuando abrieron la concesionaria, la encontraron tirada en el taller, se ve que había buscado ese lugar para descansar. Los veterinarios habían dicho que posiblemente la habría chocado un auto porque estaba golpeada. También tenía moquillo, se la veía muy triste, como llorando”, relató la joven.

Ante ese complicado diagnóstico, los profesionales que atendieron a la cachorra habían sugerido que lo mejor era sacrificar a Gorda, un nombre que en ese entonces se lo pusieron de afecto porque la criaturita estaba muy desnutrida.

Para suerte de la perra, nadie estuvo de acuerdo con dicha determinación y decidieron intentar salvarla. “Cada uno puso su parte en los cuidados para Gorda, desde ya, los dueños del concesionario no tuvieron ningún problema y aceptaron que se quede, jamás quisieron que se vaya”, afirmó Julia.

Una recuperación asombrosa

El gerente de post ventas, según detalló Julia, fue quien encomendó a uno de los responsables de la compra de repuestos en conseguir siempre los medicamentos que Gorda necesitaba, “era una tarea más del empleado”.

Otros, se turnaron para hacerla pasear por el predio de Araucar y así ejercitaba sus patitas para que pudiera caminar nuevamente. “Siempre era alguien diferente la que sacaba a pasear y los chicos del taller también”, señaló la trabajadora.

De aquella impresión con la que se había ido Julia luego de su entrevista, un mes después, cuando le confirmaron que la habían aceptado para el trabajo, no podía creer con lo que se había encontrado.

“Habrá pasado un mes que yo vi a la perra muy mal y me había ido mal de la entrevista. Cuando vuelvo, me sorprendí de cómo la había visto. Hablo con los chicos de seguridad y ellos me contaron que había avanzado mucho y los medicamentos habían hecho efecto”, expresó.

Para su asombro, Gorda ya caminaba y con el tiempo fue poniéndose mucho mejor.  “La perra antes no podía, las patitas no tenían fuerza y para moverse se tenía que arrastrar, ahora la veo y está parada normalmente”, contó.

¡Cuidado con el perro!

El cuento de Gorda tuvo un final feliz, hoy ella está totalmente integrada al equipo, tiene su propio puesto dentro de la concesionaria como asistente en seguridad, un cargo que eligió desde que llegó.

“Ella siempre está ahí en la garita seguridad al lado de donde entran los clientes con su amigo (el encargado de seguridad), le gusta. Un perro siempre elige a alguien, puede llevarse bien con todos, pero acá esta siempre con el encargado, el que maneja la barrera de entrada”, aclaró Julia.

Si bien su recuperación fue casi milagrosa, el moquillo dejó una secuela que la va a tener medicada de por vida, una especie de tic que consiste en unos temblores que le dan de a ratos pero que no detienen su vitalidad.

“Estamos muy contentos por no haber seguido el consejo de los veterinarios porque la ves hoy y está muy bien realmente. Pareciera que es otra perra de la que entró a la que es ahora.

Es muy buena, jamás reaccionó mal con ningún cliente, siempre que se acercan a saludarla y ella se deja acariciar o se pone panza para arriba para que le hagan pancita.

Los chicos de seguridad la bañan siempre y le encanta, cuando tiene calor mete las patitas en el agua para refrescarse. Los del comedor les preparan un plato y ella se pone contenta con lo que come. Ella es parte de todo el equipo”, concluyó Julia.

 

 

 

 

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