N° de Edición 6911
La Matanza

Caso Luciano Arruga:Los abogados de la familia pidieron 16 años de prisión para Torales

ARRUGA 2

La Fiscalía y la querella coincidieron en acusar al policía por tortura de un niño, a lo que la defensa respondió con chicanas y una denuncia a la madre, la hermana y el amigo de la víctima por falso testimonio. El viernes próximo pronunciarán el veredicto..

Por: Valeria Villanueva
Villanueva.valeriavirginia@gmail.com

La jornada de alegatos del viernes pasado fue la más tensa que se vivió en la UIA de San Justo, de las cuatro de debate que transcurrieron desde el lunes 4 en el proceso del juicio por torturas que tiene por principal acusado al ex teniente en jefe Julio Diego Torales y por víctima a Luciano Arruga.

Durante esta audiencia, el Ministerio Público Fiscal solicitó 10 años de prisión más inhabilitación absoluta y perpetua, y el particular damnificado pidió 16, ambos por habiendo definido como “torturas” los tratos perpetrados por Torales a Luciano, menor de edad aquel 22 de septiembre de 2008, en el destacamento de Lomas del Mirador.

Por su parte, la defensa reclamó la absolución de su cliente recurriendo a chicanas, a descalificar las acusaciones y revertirlas hacia Mónica Alegre, Vanesa Orieta y Juan Gabriel Apud por “falso testimonio”, indicando supuestas contradicciones. Hasta diferenció: “mi cliente no es Videla, no es Pinochet, no es Bin Laden o Milani”.

Finalmente, la jueza Volpicina, junto a sus pares Navarrine y Logroño, resolvió extender el plazo para expedirse, anunciando que el veredicto se dará el viernes 15, no sin antes darle la última palabra al acusado: “hace 2 años estoy preso injustamente, mis hijas y mi familia me esperan en mi casa”.

La voz de Luciano y las que se aprovechan de su silencio “Luciano nos habló a través de su madre, de su hermana, de su amigo y de su cuerpo”, afirmó el fiscal Longobardi respecto de lo que constató como tortura, maltrato físico y psicológico durante 9hs: una “brutal golpiza”, “un sándwich con gargajos”,
humillaciones y amenazas como “chorro”, “negro rastrero”, “vas a ir con los ‘violines’”…

“Hay que interpretar sanamente el cuerpo de Luciano”, aclaró el defensor Dr.Grimberg aferrándose al testimonio de los médicos que constataron sólo “una esquimosis que no sabemos cuándo se produjo”, pero el fiscal mostró el puño cerrado a modo de ejemplo al citar a la Dra. Fontela Vidal que aclaró que “podría haber golpes que no dejan marcas, producto de algo duro y romo”.

Además, de manera sugerente, la defensa volvió a vincular a Luciano al robo de un celular y a la palabra “sospechoso”, pero la querella remarcó “No estamos juzgando la inocencia de Luciano” y la fiscalía: ““es una canallada acusarlo, él no está acá, no puede defenderse”.

Otra de las chicanas defensivas: “En el momento en el que Vanesa dice que Luciano le grita ‘me matan a palos’, solo dice que escuchó que lo dijo, no el hecho. Estaríamos juzgando lo dicho por lo dicho, sería gravísimo”.

“El colmo de las acusaciones, ¡un sándwich escupido! -exclamó Grimberg- si es un chico con calle, Apud dijo que es una persona con mucho carácter, ¿cómo se va a comer eso?”
Como si fuera poco, de nuevo cargó contra la responsabilidad de la familia: “Tu hermano está pasando el peor momento de su vida ¿y te vas a trabajar por 3 horas? La hermana, con el carácter fuerte que tiene, no lo hubiera abandonado”. El fiscal y ella ya se habían alegado la necesidad de trabajar para subsistir día a día.

Daba la sensación de que Vanesa se levantaría de su asiento entre el público de la impotencia de estar escuchando todo ello, pero no. Tanto ella como su madre continuaron como desde el principio, respetando los tiempos y formas de la justicia que esperan.

Mentiras y formalidades

El primer argumento de la defensa había sido esgrimido en este caso por el abogado Jordanes: “¿Cuál es el problema de haber pasado tanto tiempo en el destacamento? No llevaba DNI, al momento de ser detenido, no hay elemento que acredite identidad, vínculo con madre y Luciano.”

“Torales no tiene la culpa de que la madre de Luciano no tenga el documento. No es ‘un papelito nomas’, las formalidades hay que cumplirlas. Es imposible darle un menor a cualquiera que diga soy la mamá, me lo llevo”, sentenció.

Pero la estrategia principal de la defensa se concentró en acusar de falso testimonio a los familiares y amigos de Luciano. Insistió en que madre e hija carecían de asesoramiento jurídico cuando el novio de Vanesa era abogado, y la fiscalía tuvo que insistir en que éste no ejercía, “ni matrícula tenía”; llamó “terrible mentira” al relato de Apud: “la madre, lo llevaba a la rastra o rengueando?” “No le pidamos rigorismos gramaticales a un chico que quizá no terminó la secundaria”, respondió Longobardi.

Un niño con miedo a la muerte

“Hubo diversas secuencias de agresión: fue humillado, golpeado, amenazado en esa cocina”, inquirió la querella, y se extendió en citas de instrumentos legales nacionales e internacionales, antecedentes y demás documentos descriptivos de las nociones de “sufrimiento”, “vulnerabilidad” y “tortura” que enmarcan el hecho.

“Luciano no podía salir ileso”, respecto de esa situación de “absoluta humillación” que planteó la querella como “tortura psicológica”, y aclaró: se trata de un “niño”, “detenido de forma de dudosa legitimidad”, que pertenecía a “un sector social vulnerable”, “con la etiqueta de pibe chorro”; todo “aumentaba su sensación desamparo, ante el poder de la fuerza pública ejercida de forma ilegal e ilegítima”.

“Hay que volver al barrio después de denunciar a la policía”, ironizó Medina, y recordó el testimonio de Mónica acerca del pedido que le hizo Luciano, que cuando no esté lo tapase con la remera de River. “Tenía miedo a la represalia, que se naturaliza a través de la discriminación. Todos conocemos la situación en los barrios”, y remarcó: “era un niño que ya tenía miedo a la muerte”.

Los gestos

A la salida tras 4 horas de debate, entre banderas, militantes y aplausos, Mónica, con la misma calma y seguridad de siempre, distinguió: “Ya ganamos. Nosotros lo podemos mirar de frente pero él tiene la cabeza gacha». De hecho, durante las cuatro audiencias, Torales ocultó gran parte del tiempo su rostro con una mano, se tapaba la boca o se refregaba sus ojos, cerrándolos.

Mientras tanto, a 3 cuadras de esa sede, vecinos y miembros de diferentes cuerpos policiales colmaban la renovada Plaza de San Justo, que sería reinaugurada minutos después por el intendente Fernando Espinoza y el gobernador Daniel Scioli, entre expectativas por sus respectivas candidaturas.

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