N° de Edición 6831
La Matanza

Audiencia N°25 del juicio por la Brigada de Investigaciones de San Justo

Audiencia N°25 del juicio por la Brigada de Investigaciones de San Justo.

Con el relato de una mujer que presenció el secuestro de su prima en diciembre de 1977, el testimonio de la hija de un desaparecido en septiembre de ese año cuya identidad fue robada por uno de los represores que lo secuestró y el aporte de una simpatizante del PC de Lanús que estuvo 6 días en la Brigada a fines del ’77, continuó el debate por uno de los CCD más grandes del conurbano oeste en dictadura.

La primera testimonial de esta audiencia correspondió a Liliana Espósito, prima de Ana María Espósito, quien ya declaró en el debate sobre su secuestro y el de su esposo Aníbal Ces, ocurridos el 9 de diciembre de 1977 en Lanús. Ana María y Aníbal eran simpatizantes de la Federación Juvenil Comunista del PC. Liliana contó que en esa fecha estaba yendo a la casa de su tía, madre de Ana María, ubicada en Lanús, donde su prima trabajaba haciendo camisas.

Duro testimonio de Liliana Espósito

Pero al llegar ve que hay dos hombres armados apostados en la vivienda. Como no podía ingresar y no quería exponerse, dejó pasar el tiempo mientras registraba los detalles de lo que sucedía. Al rato vio que sacaban a su prima y se la llevan en una camioneta. Entonces decidió entrar a la casa, donde habían quedado sus tíos y el pequeño hijo de su prima de 1 año y dos meses.

La testigo dijo que con posterioridad, supo que los represores habían llevado a su prima a la casa de su esposo, Aníbal Ces, para esperarlo y que allí ambos fueron llevados a un Centro Clandestino de Detención en La Matanza. Destacó también que su padre y su tío realizaron varias gestiones para averiguar dónde estaban sus familiares, con los debidos Habeas Corpus.

Y seguidamente declaró que “hubo hasta una reunión en el municipio de Lanús con varios compañeros de su prima. Por esa vía se enteraron que otros compañeros de su prima habían sido secuestrados en esos días, entre los que recordó a Ana Ehgartner y su marido Jorge Farsa y Haideé Mabel Rodríguez.

En el debate ya aportaron su testimonio Ana María, su esposo Ces, y los compañeros de militancia en el PC de Lanús: Ehgartner, Farsa, Eduardo Nieves y Sigfried Watzlawik, todos secuestrados y llevados a la Brigada de San Justo. Ana María dijo que de la casa de sus padres la llevaron secuestrada en una camioneta marrón a su domicilio, distante a 3 cuadras, donde fue golpeada y víctima de violencia sexual.

Modus operandi

Tras una hora llegó Aníbal, al que entraron de los pelos pidiéndole que de nombres. Como no obtuvieron nada los llevaron a ambos tabicados en la caja de una camioneta, donde ya estaba secuestradas otras personas a las que Ces reconoció como Haideé Rodríguez y José Sánchez, apodado “Negro Black”. Espósito, Ces y Rodríguez fueron liberados el 28 o 29 de diciembre del ’77, cuando los volvieron a sacar en una camioneta.

Entre los represores que actuaban en la Brigada Ana Espósito recordó a “Panza” “Eléctrico”, “Tiburón”, “Víbora” y “El Coronel”. Finalmente agregó que fue a la señalización de la Brigada de San Justo, ingresó al lugar y reconoció el calabozo donde estuvo cautiva.

Además recordó los apodos de otros represores como “El Jefe” que era un segundo de Raffo, “El Panza” que se hacía el bonachón y “Eléctrico”, que los hacía lavar la celda. El testigo realizó en la audiencia el reconocimiento fotográfico de dos de los represores imputados en el debate: Boan y Héctor Carrera.

La declaración de Andrea Guerechit

El siguiente testimonio fue el de hija del militante de la JP y Montoneros Orlando Luis Guerechit, secuestrado el 13 de septiembre de 1977 y desaparecido desde la Brigada de Investigaciones de San Justo.

Andrea comenzó relatando que su familia estaba compuesta por su padre, vendedor ambulante de embutidos, su madre Rosa Agüero y su hermano de 2 años, homónimo de su padre. Recordó a su padre como una persona amorosa, divertida y jovial. Vivían en Bella Vista, partido de San Miguel, a una cuadra y media de la sede de Campo de Mayo, en una casilla muy humilde que constaba de una pieza y una cocina.

La noche del secuestro, la madre y los niños estaban durmiendo y su padre en la cocina charlando con un amigo, el militante de la UES Osvaldo Raúl Corrales, apodado “Café”, que estaba realizando el servicio militar obligatorio en Campo de Mayo. Cerca de la 1 de la mañana se escuchó como una explosión: era el grupo operativo había arrancado la puerta de la casilla.

Así ingresó una patota de hombres armados y de civil que apuntaron a todos y los redujeron. Según Andrea, que al momento tenía 6 años, sabían que había dos niños porque ella se escondió debajo de la cama y los represores preguntaron “¿Dónde está la nena?”. Cuando la sacaron de su escondite vio que eran 6 hombres de los cuales dos eran conocidos porque frecuentaban la casa y supuestamente eran amigos y compañeros de su padre.

Uno era apodado “Petiso” y el otro “Colorado”. Los represores se encargaron de dar vuelta toda la casa, y mientras preguntaban por armas de fuego les rompieron todas las pertenencias, hasta las fotos familiares. “Esta foto que tengo de mi papá la recuperé de una que alguien publicó de un casamiento al que mis padres estaban invitados. No me quedó ninguna foto familiar porque lo rompieron todo”, dijo y mostró una imagen de Orlando.

En un momento se llevaron a su madre encapuchada, a su padre atado con cadenas y a “Café” Corrales sin tabicar. Antes de irse, el hombre apodado “Petiso” les dijo a los niños “tranquilitos que mamá y papá ya van a volver”. Andrea y su hermano quedaron solos, pero a los pocos minutos llegó al lugar un tío político que los vistió y los llevó a la casa de sus tías maternas en Loma Hermosa.

Dolorosa reconstrucción

Luego Andrea pudo reconstruir que antes de secuestrar a sus padres y a Corrales, la patota había ido a la casa de sus tías en Loma Hermosa, donde apuntaron a toda la familia y obligaron a su tío a llevarlos hasta la casa de la familia de Orlando en Bella Vista.

La testigo afirmó que su madre fue liberada el mismo día del secuestro y que por relato de su madre, supo que en el traslado la llevaron con Orlando y con Corrales en un auto en un viaje bastante corto hasta un lugar donde bajaron a su padre y a “Café”, y que Guerechit antes de ser llevado, pudo despedirse de su esposa y le dijo que cuidara a los chicos.

Rosa Agüero también escuchó que en lugar donde bajaron a su esposo cerraron un portón muy pesado y ladraban unos perros, hasta que salió una mujer que refiriéndose a ella dijo “esta no es”. Luego la liberaron.

Andrea contó también que hasta hace poco tiempo no supo nada del destino de su padre, hasta que por otra hija de desaparecido, Claudia Congett, pudo rastrear el archivo de militantes peronistas desaparecidos que confecciona el historiador Roberto Baschetti y acceder al testimonio de José Moreno, exdetenido de Brigada de San Justo que compartió cautiverio con su padre y con “Café” Corrales.

A través del testimonio de ese sobreviviente, se sabe que Orlando Guerechit estuvo en la Brigada de San Justo por lo menos hasta que José Moreno fue trasladado desde ese lugar al “Pozo de Banfield”, es decir hasta fines de septiembre de 1977.

Sobre la familia Corrales la testigo dijo que vivían a media cuadra de la casa de su tía, tenían un almacén y la madre de dos hermanos era Elsa Olivera. Además de Osvaldo “Café” Corrales, secuestrado con su padre, Andrea conoció al hermano Ernesto Lorenzo Corrales, apodado “Topo”. Dijo que al momento de los hechos tenía una bebé y estaba conviviendo con una chica.

Ernesto “Topo” Corrales fue secuestrado una semana antes que su hermano de su casa de Loma Hermosa  y estuvo en la Brigada de San Justo por lo menos en el mes de septiembre del ’77. Al igual que su hermano “Café” continúa desaparecido. Sobre su situación como hija de desaparecido, Andrea contó que ella y su hermano pasaron de tener una familia a estar desposeídos de todo.

Sufrieron el desarraigo de la familia paterna, que decidió alejarse de ellos. Vivieron en la pobreza y su madre tuvo que salir a limpiar casas de familia. Ella y su hermano salieron a trabajar desde muy jóvenes: “Nos robaron la infancia y la inocencia”, sentenció.

Fuente: https://juiciobrigadadesanjusto.blogspot.com.ar/

 

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