N° de Edición 7241
La Matanza

Atalaya: Un ejemplo de solidaridad

Nicolás Spalek
nspalek@hotmail.com

Se suele decir que la verdadera solidaridad, pura sin intereses, es aquella donde se entregan cosas que a uno no le sobran ya sea tiempo o dinero. Ruben Dos Santos y Sandra Bustos son un matrimonio de mediana edad que ejemplifica ese postulado.

Fundaron hace poco más de dos años el comedor Las Manos Solidarias, ubicado en la calle Caupolican 5836, del Barrio Atalaya en Isidro Casanova. Desde sus comienzos cuando alimentaban tímidamente a 6 niños, hoy le dan una merienda diaria y almuerzo semanal a más de 70 chicos.

Ruben recuerda ante Diario NCO los comienzos del comedor: “Tanto mi esposa como yo fuimos de colaborar con los demás, uno la ha pasado mal de chico y no quiere que los demás lo sufran. 6 hermanitos que venían del barrio San José venían a pedir comida y Sandra les preparaba algo. Un día de lluvia en invierno hacía un frío terrible y la estaban pasando bastante fulero (sic), y mi esposa los invitó a merendar”.

Durante toda esta semana Las Manos Solidarias (que da un almuerzo los miércoles y una merienda de lunes a viernes) esta preparando el festejo del Día del Niño. Están recibiendo en su casa juguetes de todo tipo para regalar el domingo. Los que no se regalen van a ser “administrados” durante el resto del año, cuando se los regalen por el cumpleaños a un chico. Dos Santos adelanta que habrá un mini festival que tendrá lugar en Caupolicán al 5800 que comenzará pasado el mediodía.

En esa primera merienda el matrimonio se dio cuenta de la necesidad que tenían los chicos y se propuso establecer un comedor. Invitaron a los hermanitos a tomar la merienda todos los días desde la semana entrante. Los 6 niños se hicieron 15 en una semana, y desde ahí se fueron multiplicando. En dos meses superaban la treintena. Hoy por hoy la casa de Dos Santos tiene dos ambientes y su cocina totalmente dedicados a Las Manos Solidarias.

Las paredes del comedor están llenas de su corta historia. “Todas las cosas que están pegadas es porque tienen que ver con alguien que nos donó algo. Puede ser que esa persona no conozca a los chicos, pero ellos lo conocen por nombre y apellido” explica Ruben, un empleado de la salud de 51 años que se quedó sin trabajo durante la crisis de 2001.

La familia se completa con 4 hijos. Dos Santos recuerda que cuando comenzaron con esta iniciativa fue “todo un tema” con sus hijos. “A mis hijos les costaba adaptarse y ellos a mis hijos. Fuimos haciendo escuela donde les enseñamos que acá tenían un lugar donde se los iba a escuchar”.

Por alguna razón sus ojos miran constantemente a su izquierda cuando repasa los eventos que tienen durante el año y las vivencias que han pasado desde que abrió Las Manos Solidarias. Se siente “un referente” para los chicos.
Su esposa Sandra Bustos, una enfermera municipal y trabajadora social, ha organizado fichas de todos los niños que alimenta el comedor, con contactos familiares que le permiten tener un mejor bagaje de la experiencia de vida de cada uno. Además, llevan cuenta de quienes están escolarizados. Hasta ahora, los 72 chicos que alimentan están escolarizados. Ese considera que uno de sus “grandes logros”.

Si ya de por sí el camino que transita es cuesta arriba, se hubiese hecho mucho más complicado sin la ayuda de comerciantes de la zona. Han recibido donaciones que van desde un televisor –“para los chico es un cine” grafica- pasando por bancos y sillas por parte de diferentes comercios que suman su grano de arena. También locales de la zona les dan una mano semanalmente con alimentos. “Todo lo que entra se comparte” es la filosofía que pregonan.

Ruben destaca el rol que han tenido las redes sociales, puntualmente Facebook en el crecimiento del merendero. Su perfíl es Manos Solidiarias, y allí pueden ver todas las actividades que también desarrollan.

Las Manos Solidarias es una de esas instituciones –no han recibido ayuda municipal y cuando la han pedido se consideraron “paseados”- que lucha contra viento y marea con un objetivo, la socialización de un sector que encuentra respuestas en pocos espacios, que va cumpliendo de a poco. Pero cumpliendo. Como resume Rubén: “Somos los intermediarios”.

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