N° de Edición 7274
Internacionales

Renuncia del Papa: Repercusiones entre los obispos argentinos

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Buenos Aires (AICA): Los obispos argentinos reconocieron que la renuncia del papa Benedicto XVI a su pontificado los tomó por “sorpresa”, destacaron su testimonio de vida, subrayaron su magisterio y valoraron el modo en que durante ocho años condujo la Iglesia Católica. Rezan junto con sus comunidades para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales que participarán del cónclave para elegir al futuro Papa. Mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina y reflexiones de los prelados.

Los obispos argentinos reconocieron que la renuncia del papa Benedicto XVI a su pontificado los tomó por “sorpresa”, destacaron su testimonio de vida, subrayaron su magisterio y valoraron el modo en que durante ocho años condujo la Iglesia Católica.

Rezan junto con sus comunidades para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales que participarán del cónclave para elegir al futuro Papa. Mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina y reflexiones de los prelados.

Conferencia Episcopal Argentina: “Habiendo tomado conocimiento de la renuncia de Benedicto XVI como Obispo de Roma y pastor supremo de la Iglesia, invitamos a todo el pueblo de Dios que peregrina en la Argentina a dar gracias a Dios por el don tan grande del ministerio del Santo Padre en estos ocho años. Debemos dar gracias por su magisterio, sus escritos, sus catequesis, su profunda sabiduría, su testimonio de oración y contemplación, y su coraje y valentía para conducir a la Iglesia ‘en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe’, tal como él mismo lo describe”.

Mons. José María Arancedo (Santa Fe de la Vera Cruz): “Creo que es un gesto muy libre de él, tiene derecho a hacerlo. De parte de nuestra Iglesia, yo voy a agradecer todo el testimonio y lo acompañaremos con nuestra oración. Debemos prepararnos para recibir a quien será el próximo sucesor de Pedro, el próximo Papa. Creo que el testimonio que ha dado de su vida e incluso en su misma renuncia hablan de una gran seriedad, de responsabilidad”.

Mons. Alfonso Delgado: (San Juan de Cuyo): “Con una mirada de fe, creo que se trata de un acto de enorme grandeza y de profunda humildad por parte del Papa. Expresa un amor gran amor a la Iglesia y una plena confianza en la providencia de Dios. El 30 de enero último tuve oportunidad de saludar al Papa y de agradecerle el haber proclamado el Año de la Fe, que estamos viviendo, y sus luminosas enseñanzas para la Iglesia y para el mundo. Es una delicia saludarlo o conversar con él. Sabe escuchar, comprender y alentar de un modo que sorprende y llena el corazón”.

Mons. Andrés Stanovnik (Corrientes): “Benedicto XVI bebe de la misma fuente que su predecesor el beato Juan Pablo II: del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Con Él ambos aprendieron a hacer la voluntad del Padre y llevarla hasta el final por caminos diferentes, pero semejantes en grandeza espiritual y humildad evangélica. En el Año de la fe, damos gracias a Dios por hombres de fe tan extraordinarios que nos ha dado para gobernar la Iglesia. Es digno de destacarse, además, la claridad, profundidad y sentido pastoral de la enseñanza de Benedicto XVI, y su extraordinario sentido de humanidad que se hacía explícito en el amor sincero y universal que transmitía por todos los hombres, sin ninguna distinción”.

Mons. José Luis Mollaghan (Rosario): “Seguramente cada uno de nosotros está profundamente conmovido por esta noticia del Papa, ya que la luz de su pontificado llegaba a todos nosotros como una estrella brillante, con su cercanía de padre y su magisterio luminoso. Además de los hondos sentimientos que experimentamos y la sorpresa que nos causa esta decisión; confiamos que brota de su sabiduría y de su corazón humilde y valiente”.

Mons. Carlos Ñáñez (Córdoba): “Es una invitación a seguir en la fe, porque la Iglesia no es nuestra sino de Jesucristo. Nuestra misión y también la del Papa es servir. Una decisión humana que seguramente tomó después de meditarlo interiormente”.

Arzobispado de Mendoza: “Como Iglesia diocesana recibimos su decisión con respeto y espíritu de fe. Destacamos su humildad evangélica y su grandeza de alma. Oramos por él, agradecidos por este ‘humilde trabajador en la viña del Señor’, cuyo pontificado constituye una enorme riqueza para el anuncio del Evangelio. Benedicto XVI ha sido un cabal servidor de la verdad”.

Mons. Santiago Olivera (Cruz del Eje): “De manera personal expreso mi dolor por su renuncia, un hombre de Dios a quien admiro por su firmeza en la fe, un profundo amor a la Verdad y su entrega total a la Iglesia. Una decisión humilde que lo engrandece y nos hace mucho bien”.

Mons. Antonio Marino (Mar del Plata): “De una vida enteramente dedicada a Jesucristo y a su Iglesia, como fue la suya, no podemos esperar sino motivaciones santas. En un hombre extremadamente lúcido, la conciencia de la seriedad de esta decisión ha sido largamente ponderada ante Dios. No nos queda otra actitud más que el sincero agradecimiento y la admiración por todo lo que un hombre excepcional como él ha entregado a la Iglesia. Su magisterio nos ha iluminado y queda en el tesoro de la sabiduría de la Iglesia”.

Mons. Francisco Polti (Santiago del Estero): “Benedicto XVI se puso desde el primer momento en las manos del Espíritu Santo, como un humilde servidor. Con la misma humildad y sencillez con que enfrentó los momentos difíciles de su pontificado, ha decidido ante Dios -valorando que se puede servir de distintos modos y que cada uno debe descubrir en cada momento qué es lo que Dios le pide- que su misión como Papa está cumplida, que Dios necesita de otro instrumento para llevar adelante a su Iglesia. Con este gesto, muestra una vez más que el Papa es el siervo de los siervos de Dios, y que su único afán, lejos de todo protagonismo personal, es que la Iglesia y la humanidad sean bien servidas”.

Mons. Miguel Angel D’Annibale (Río Gallegos): “El Papa ha hecho un gesto muy importante, gesto que habla más que muchas palabras. Que el Papa reconozca su debilidad, tanto espiritual como física, que le impide estar a la altura de la nueva evangelización, propuesta por él mismo para toda la Iglesia, nos hace mucho bien. El seguirá prestando su ayuda a la Iglesia por medio de la oración silenciosa y fecunda. Y así deja la ‘puerta abierta’, para que otro pueda tomar su lugar y continuar con alegría, entusiasmo y cercanía la obra de la evangelización. En al Año de la Fe, éste también es un gesto de profunda fe en el Señor.

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