N° de Edición 6936
Internacionales

La democracia está lejos en Medio Oriente

Alberto Galeano
El caso de Egipto, donde los militares se resisten a entregar el poder, parece demostrar que la democracia es una meta lejana en el cambiante mundo de Medio Oriente.

Sin embargo, con idas y vueltas, la llamada «Primavera árabe» puso ya fin al reinado de cuatro dictadores, desde que se inició a principios de enero: el tunecino Ben Alí, el egipcio Hosni Mubarak, el libio Muammar Kaddafi y el yemení Alí Abdalah Saleh.

En Egipto, precisamente, los militares ratificaron la primera fase de las elecciones legislativas -previstas para el lunes- pero rechazaron poner fin inmediatamente al gobierno castrense que sucedió a Mubarak en febrero pasado.

Los militares controlan el país desde los tiempos en que Gamal Abdel Nasser dio un golpe de Estado contra el rey Faruq I, en 1952, que proclamó la república.

En un intento por aplacar los ánimos, la junta militar que gobierna dicho país africano nombró el jueves a Kamal al Ganzuri como nuevo primer ministro, con el fin de que lidere un gabinete de transición hasta junio.

Al Ganzuri es conocido por los egipcios como el «ministro de los pobres», ya que entre 1996 y 1999 fue ministro de Planeamiento y Operaciones internacionales del gobierno de Mubarak, gestión durante la cual trató de fortalecer los lazos con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Detrás de los militares aparecen los moderados islamistas de los Hermanos Musulmanes, quienes son favoritos para ganar las elecciones del lunes con su brazo político, el Partido Libertad y Justicia (PLJ).

Los Hermanos Musulmanes critican a los militares, pero no participan de las manifestaciones que se realizan en la plaza Tahrir de El Cairo y, en cambio, protestaron en la mezquita de Al Azhar por la decisión de Israel de destruir el muro de Al Magarba en Jerusalén.

El principal grupo opositor señaló que en caso de ganar los comicios formará un gobierno de unidad nacional y advirtió que anulará un tratado de paz firmado con Israel en 1979.

“Los militares pueden aún jugar un rol positivo. Pero deben abandonar su monopolio de poder y lograr un genuino acuerdo con los civiles», afirmó Khairi Abaza, un ex funcionario del Partido liberal Wafd de Egipto, en una nota publicada en The New York Times.

«Un acuerdo puede actuar como un catalizador para las reformas políticas y asegurar que todo el mundo juegue su rol”, afirmó Abaza, investigador de la Fundación de Defensa por la Democracia en Washington.

Estados Unidos, que contribuye anualmente con 1.300 millones de dólares de ayuda a El Cairo, dijo en una declaración que “la completa transferencia del poder a un gobierno civil debe realizarse de manera que responda a las legítimas aspiraciones del pueblo egipcio, tan pronto como sea posible”.

A la cabeza del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcias se encuentra el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, que asumió como jefe de facto tras la renuncia de Mubarak, de quien fue estrecho colaborador.

Tras el derrocamiento de la monarquía en 1952, Tantawi participó en la crisis del Canal de Suez y en las guerras que mantuvo Egipto con Israel, en 1967 y 1973, respectivamente.

Un cable del gobierno estadounidense de 2008, filtrado por el sitio web WikiLeaks, describe a Tantawi como un hombre “encantador y cortés”, pero también como una persona “resistente a los cambios”.

“Tantawi y Mubarak han focalizado la estabilidad del régimen y mantenido el status quo, pero ambos no tienen la energía, la inclinación o el punto de vista para hacer algo diferente”, dice el cable, informó la BBC de Londres.

Muchos de los candidatos de los 50 partidos o coaliciones que se presentan en las elecciones legislativas de Egipto han participado de la «maquinaria de la corrupción» que gobernó el país durante décadas.

Los comicios legislativos del lunes son los primeros de un largo calendario electoral que finalizará el 30 de junio de 2012, fecha límite para las elecciones en las que se elegirá al nuevo presidente y se redactará una nueva Constitución.

La organización Amnistía Internacional, con sede en Londres, señaló que la junta militar “ha sido responsable por un catálogo de abusos que en algunos casos exceden el record de Mubarak”, se informó en un comunicado.

Para el analista Adrian Hamilton, “no hay que asumir que la sublevación en Egipto ha fracasado”, debido a la resistencia de militares por dejar el poder.

“Nosotros habíamos esperado demasiado de la ´Primavera árabe´ y estamos en peligro de ser demasiado pesimistas respecto a eso. En Egipto vemos la reanudación de las protestas y la brutalidad y la opresión como durante la era de Mubarak”, dijo Hamilton en un artículo en el diario The Independent.

Los analistas previenen que la exclusión de pequeños grupos islámicos en el Congreso, así como de los cristianos coptos, dañaría el proceso democrático egipcio.

Se cree que los coptos -que representan el 10% de los 80 millones de habitantes de mayoría musulmana- votarán en contra de los partidos islámicos, después de las manifestaciones de octubre en la que fueron reprimidos por los militares.

Algunos analistas previenen que una elección «fraudulenta» pondría otra vez al país -como ocurrió durante la salida de Mubarak- al borde la guerra civil.

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