N° de Edición 7274
Internacionales

El separatismo catalán crece al calor del ajuste y realizará una demostración de fuerza

TESTESTE


Cecilia Guardati
Se espera que una multitud marche en Barcelona bajo el lema “Cataluña, nuevo Estado de Europa”. El malestar por el ajuste aplicado desde el gobierno español impulsó a los independentistas.

Cataluña celebrará mañana la “Diada”, su día nacional, con una manifestación separatista que, al calor de la crisis, se prevé multitudinaria y marcará el nivel de conflictividad que deberá afrontar el gobierno de Mariano Rajoy ante el creciente malestar social en la región nororiental.
Se espera que los actos oficiales, encabezados por el presidente regional, el nacionalista Artur Mas, se vean desbordados por la convocatoria de la recientemente constituida Asamblea Nacional Catalana (ANC), que en menos de dos meses generó una gran expectativa al anunciar una marcha que recorrerá el centro de Barcelona con el lema “Cataluña, nuevo Estado de Europa”.

Los organizadores aseguran que llegarán a la capital catalana mil ómnibus repletos de manifestantes del interior de Cataluña, cuatro trenes repletos, y que los stocks de banderas independentistas,“esteladas”, están agotados desde hace días.
El propio Mas, que inicialmente se había distanciado de la manifestación independentista, aseguró que le gustaría estar presente, pero su responsabilidad institucional se lo impide.
Sí asistirán a la marcha el resto de miembros de su Ejecutivo, que intentarán evitar que la jornada de reivindicación patriótica sea monopolizada por los separatistas y, en cambio, sirva para marcar el pulso con el Ejecutivo de Rajoy en función de sus intereses más inmediatos.

Cataluña, la comunidad autónoma más rica de España, que aporta el 18,5% del PIB (Producto Interior Bruto), se vio obligada a pedir recientemente un rescate al gobierno español, que si bien confirmó que le dará un anticipo para evitar su default, advirtió que las ayudas estarán condicionadas.
El presidente catalán aseguró que no aceptará “una intervención”, y que convocará elecciones anticipadas si se produce una “situación límite de usurpación del poder político”, en referencia a la intención de Madrid de avanzar sobre el autogobierno.

El Ejecutivo local, a la vanguardia en la aplicación de los recortes que castigan a la clase media, asegura de forma recurrente que los problemas financieros de Cataluña se deben a que aporta al gobierno central más de lo que recibe y a que el Estado incumple con sus compromisos de inversión.
En base a esta idea, que está calando hondo en la sociedad, Mas propuso un “pacto fiscal” similar al “concierto” del País Vasco, que permitiría a los catalanes recaudar todos los impuestos y luego pagar al Estado por “servicios comunes”.

La propuesta, aprobada en julio por el Parlamento regional, es inaceptable para el Ejecutivo del derechista Partido Popular (PP), que no está dispuesto a perder más poder que el ya cedido a la Unión Europea (UE).

En este caldo de cultivo y una semana después de que dos pequeños municipios, Sant Pere de Torelló y Calldetenes, se declararan“territorios catalanes libres” y “sin injerencias extranjeras”, el gobierno catalán, desbordado por la iniciativa ciudadana, celebra la fiesta nacional más separatista o independentista de su historia.

En plena crisis del euro, que amenaza los cimientos de la propia UE, una manifestación separatista multitudinaria en Cataluña no pasará desapercibida en España ni en el resto de Europa.
El influyente Financial Times advirtió en un reciente artículo que “El separatismo amenaza el futuro de España”, ya que “por primera vez el clamor popular a favor de la independencia tiene el apoyo de más de la mitad de la población”.

Según la encuesta de junio del instituto de Estadísticas oficial, el 51,1% de los catalanes respaldarían la independencia en un referendo, frente al 24,3 % de hace dos años.
Sin embargo, estas cifras se ven matizadas cuando se traducen en la realidad electoral catalana, puesto que las fuerzas separatistas no representan ni el 30% del electorado.
A pesar de ello, la adhesión al independentismo parece estar cobrado fuerza en medio de la debacle económica, ante el evidente fracaso de la gestión de un Estado plurinacional, y el incremento del centralismo que impone el Partido Popular desde Madrid.

La presidenta de la ANC, Carme Forcadell, advirtió hoy que la manifestación es “inequívocamente independentista”, aunque dirigentes como el nacionalista Josep Antoni Duran Lleida, portavoz de los de CiU en el Congreso, y el líder de los socialistas catalanes, Pere Navarro, digan que será una expresión del “malestar” que sienten los catalanes con Madrid.
“Que vengan todos los que se sienten parte del pueblo catalán, pero los contaremos como independentistas. El lema es claro y todo el mundo lo sabe”, dijo Forcadell en declaraciones radiales.

No todos están de acuerdo. Los ecosocialistas catalanes, por ejemplo, llaman a los ciudadanos a defender los “derechos sociales” de Cataluña ante los recortes de CiU y el PP.
En 1977, tras más de tres décadas de dura represión franquista, la “Diada nacional del Onze de Setembre” –fecha que conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas durante la Guerra de Sucesión de 1714- sacó a la calle a cientos de miles de catalanes bajo el lema “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”.

En aquella ocasión, la manifestación, que fue liderada por los partidos políticos tradicionales, marcó el inicio de un proceso de transición que supuso el regreso del exilio del presidente catalán Josep Tarradellas y la restauración de las instituciones propias y la recuperación del autogobierno, más limitado que el actual, que regía bajo la II República.
Ahora, 35 años después, la Diada será monopolizada por los separatistas, pero ofrecerá a todas las fuerzas catalanas la oportunidad de abrir un nuevo camino, que aún está lleno de incógnitas.

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