N° de Edición 6909
HURLINGHAM

Reconoció al asesino de su papá por sus ojos claros: la Justicia lo absolvió por un tecnicismo

A Juan Gregorio Díaz (42) lo mataron para robarle la moto, en Hurlingham. Su hijo, hoy de 16 años, fue el testigo clave para señalar al acusado, de 17.

Reconoció al asesino de su papá por sus ojos claros: la Justicia lo absolvió por un tecnicismo
Reconoció al asesino de su papá por sus ojos claros: la Justicia lo absolvió por un tecnicismo

Antonella juega al «veo-veo«. Se ríe de costado pensando colores difíciles mientras los demás esperan nerviosos, en la puerta de los Tribunales de Morón, el veredicto final. Adentro, en una sala a la que no pueden entrar, los jueces absuelven al único acusado del crimen de Juan Gregorio Díaz (42), un adolescente que hoy tiene 17 años.

La audiencia dura menos de lo esperado y el fiscal se acerca con las novedades. «Malas noticias«, lanza. La hija menor de Juan, de 7 años, corre a preguntar: «¿Qué pasó, mami?«. Pero Vanesa Asís (42) no se lo puede explicar.

A Juan Gregorio Díaz (42) lo mataron el 7 de junio del año pasado. Había ido a buscar a su hijo, Juan Ignacio (16), al colegio Santa Marta, ubicado en Juan de Santander al 100, en Hurlingham.

Mientras regresaban alguien los seguía. No fue hasta que les pusieron otra moto a la par que notaron lo que estaba por convertirse en un robo. No hubo maniobra, grito ni alerta: directamente dispararon contra padre e hijo.

La familia de Juan Gregorio Díaz (42), asesinado por motochorros en Hurlingham. Foto Maxi Failla

Juan Gregorio manejó ocho cuadras hasta que tuvo que frenar. Dejó la moto y se corrió. Los ladrones les robaron hasta el casco y escaparon. Se desvaneció delante de su hijo, con un tiro en la espalda. Murió en el Hospital Posadas a las pocas horas.

Juan Ignacio, que en ese entonces tenía 15, también estaba herido. Lo balearon en el brazo izquierdo y tuvieron que operarlo.

Al poco tiempo, por el crimen detuvieron a un adolescente que ahora tiene 17 años. Estuvo bajo tutela del Estado en un instituto durante un año, pero en julio regresó a su casa, a la espera del juicio. Esa casa es sólo a cuatro cuadras de la de la familia de la víctima. Y desde entonces tienen miedo, se mueven con custodia.

El hijo y la viuda de Juan Gregorio Díaz (42), asesinado por motochorros en Hurlingham. Foto Constanza Niscovolos

Fue gracias al testimonio de Juan Ignacio que pudieron atraparlo. Lo reconoció por sus ojos claros en una rueda de reconocimiento. Había jugado a la pelota con él cuando eran chicos. Tuvo que reconocerlo, otra vez, el primer día del juicio.

El juicio oral duró cinco días, entre el 28 de octubre y el 1° de noviembre en el Tribunal de Responsabilidad Penal Juvenil N° 1 de Morón. El adolescente asistió todos los días a las audiencias, pero prefirió no declarar ni hacer uso de las últimas palabras. La familia de la víctima solo pudo presenciar la primera audiencia.

El fiscal Gabriel Iturri había pedido una pena de 12 años para el único acusado por el crimen, pero los jueces Marianela Tschiffely, Daniel Lepen y Clementina Cristina Landolfi lo absolvieron.

«El menor fue absuelto porque fueron descartadas pruebas de la autoría por cuestiones técnicas que sabremos cuando estén los fundamentos. Se trata de una cuestión muy técnica, muy forense. Nosotros estamos igual de insatisfechos que la familia. Por eso vamos a recurrir», indica el fiscal Iturri ante la consulta de este diario. Este jueves se conocerían los argumentos de los jueces para alcanzar su decisión.

Juan Gregorio Díaz (42) fue asesinado para robarle la moto en Hurlingham. En la foto, junto a su hija.

«Yo me imaginaba muchas cosas, pero nunca esto. A ellos les interesó cómo se llegó al testigo que se desdijo en el juicio. Pero mi hijo lo reconoció, tiene antecedentes. Yo no esperaba una condena alta, lo que siempre pedí es que me dieran la posibilidad de que Juani termine el colegio, organizarles la vida a mis hijos para irme de ahí. Quería que le den la pena que sea, pero que me dieran tiempo para que mis hijos tengan una vida normal«, dice Vanesa, sentada en un cantero. No cree, todavía, lo que acaba de pasar. «Tengo bronca, dolor, impotencia. Todo eso tengo», describe y se traga las ganas de llorar.

De a ratos se calla y trata de entender lo que sucedió pero busca respuestas como quien no acaba de caer. Es que su casa, la que construyó junto al padre de sus hijos, queda a solo cuatro cuadras de la del joven que mató a su marido. Desde el día del crimen que Juan Ignacio va al colegio custodiado por un patrullero. Otro acompaña a Vanesa a tomar el colectivo para ir a trabajar o cuando el micro escolar va a buscar a Antonella, que recién concurre a primer grado.

Juan Gregorio trabajaba en el sector de mantenimiento en la clínica DIM, de Ramos Mejía. Ahora Vanesa se desempeña ahí y Juan Ignacio va a capacitarse en sistemas. Este viernes realizarán una marcha para reclamar justicia después del fallo. Será a las 20 en Vergara y Kiernan, hasta la comisaría de Villa Tesei. «Acompañemos a la familia en el dolor de vivir esta injusticia«, es el lema.

«No sé cómo me levanto y voy a trabajar mañana. No sé cómo voy a hacer. Tal vez no nos pase nada, pero tal vez sí. Yo nunca pensé que le podía pasar esto a mi marido y acá estamos, no me alcanza con la posibilidad de que no pase nada. Ahora me pregunto para qué expuse a mi hijo, para que reconozca al que hizo esto, si no sirvió para nada. Nada de todo lo que hicimos sirvió. Vamos a apelar, si, pero eso puede llevar un año, o tres y yo qué voy a hacer», se pregunta Vanesa.

La mujer concluye: «Antonella me pregunta ‘mamá, qué pasó‘. ¿Qué le digo? Que el asesino de su papá está libre y que nadie va a hacer nada. ¿Cómo le explico que tenemos que tener cuidado o que nos tenemos que ir de la casa que construimos con papá? ¿Cómo le digo?».

Fuente:Clarin.

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