N° de Edición 7013
Fototitulares

La verdad sobre el Covid-19

La verdad sobre el Covid-19.

¿El fin de una sociedad o una oportunidad desperdiciada?

La necesidad, los intereses económicos y el narcisismo de nuestra sociedad son los principales obstáculos para combatir un virus letal para los jubilados y los sectores más dañados de nuestra comunidad.

Mientras que el Covid-19 arrasa con la población en todo el mundo, en nuestro país luchamos contra nuestras propias falencias sociales, culturales y económicas, que parecen volverse aliadas de la pandemia.

El hacinamiento y la precariedad en las zonas más precarizadas del país casi no son visibilizadas por los medios, que solo se interesan en romantizar el aislamiento en la clase media y alta. Mientras que continúan apareciendo los casos de ciudadanos que desestiman el riesgo de contraer el virus y rompen la cuarentena en todas partes.

Por otro lado, en los sectores de mayor poder político y económico se discute si es moralmente correcto bajarse los sueldos, mientras que, paralelamente, miles de vecinos hacen fila por un cucharón de guiso. Lentamente comienzan a resplandecer los intereses de sectores económicos y de los partidos políticos, intereses que son un claro rebrote de violencia social y económica. Un tipo de violencia letal.

Consecuencias psíquicas  del aislamiento y el hacinamiento.

Hay muchos aportes sobre las consecuencias psíquicas del aislamiento. Casi todos orientados a un sector de la sociedad que puede disfrutar de un metro cuadrado de espacio personal, Wifi, servicios y comida caliente. Pero ¿Cuáles son los efectos del aislamiento y el hacinamiento en una situación de precariedad económica? Ciertamente no saber si mañana tus hijos y vos van a comer es un factor predominante que puede generar un gran monto de angustia y desesperación.

Por otra parte, dentro del contexto familiar, los periodos prolongados de hacinamiento pueden acentuar la resolución de los conflictos a través de los códigos relacionados al poder y la violencia. La carencia del espacio físico es un claro factor de violencia donde la función verbal pierde su efecto.

No solo se pierde la libertad de salir a la calle, sino también, la libertad de hablar.  Entonces el sometido se encuentra más sometido y vulnerado y el opresor se halla en una posición de mayor poder e impunidad. La propia imagen narcisista de uno puede verse distorsionada, en algunos casos disminuida y en otros potenciada.

Violencia social y estatal, un detonante.

El fantasma del derrumbe socioeconómico es un factor constante. Mientras que cada familia resuelve el aislamiento y la precariedad con muy pocos recursos, la desigualdad económica es totalmente visibilizada. La imagen de miles de jubilados poniéndose en riesgo a causa de la desorganización de los entes bancarios, solo puede generar impotencia y frustración.

El abuso de las fuerzas de seguridad, el aumento descarado de precios y el repliegue de las instituciones sociales son solo algunos factores que pueden volverse un detonante del estallido social.

Coronavirus. Vivir día a día.

Al parecer, la gestión política es clave  para enfrentar el coronavirus. Cada país está pagando caro las falencias de los diferentes modelos económicos. Mientras que el filósofo  Slavoj Zizek se anima a hablar de una reinvención del comunismo en el futuro, Byung-Chul adelanta que la presencia del virus no generará cambios en el modelo capitalista.

Por otra parte, la sociedad parece ir a otro ritmo. Un futuro inmediato totalmente incierto nos obliga a vivir un presente angustiante y a observar con los ojos abiertos que, detrás de los defectos económicos, políticos  yacen deseos deshumanizantes, altamente violentos que podrían ser los mayores aliados de un virus que se ha encargado de develar nuestra verdad como sociedad.

Tags
Mostrar más

Articulos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

[fbcomments]
Close