N° de Edición 6789
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Un recorrido por el Presidio de Ushuaia

Un recorrido por el Presidio de Ushuaia.

Diario NCO visitó la cárcel, convertida en museo, donde los presos más famosos cumplieron su condena.

Pijamas a rayas, trabajo, disciplina y castigos severos eran características del establecimiento donde la fuga no era una opción.

Temperaturas bajo cero y escasez de un ambiente calefaccionado eran parte de las dificultades a las que debían enfrentarse los presos más peligrosos del país en el presidio de Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego. ¿Escapar? Sólo se dejaba para los más valientes y no estaba entre las opciones de la gran mayoría.

Pabellones largos,con paredes rasgadas y puertas que rechinan, son los restos que quedaron de la cárcel que, en la actualidad, fue convertida en museo. Si bien la estructura del lugar en forma de estrella capta la atención de las personas, los principales protagonistas son los productos y oficios que los reclusos realizaban durante su condena.

Trabajo y disciplina eran dos pilares fundamentales que resonaban, entre 1896 y 1947, en el Presidio del Fin del Mundo.Los condenados no sólo construyeron el propio establecimiento, también ofrecieron sus servicios a toda la ciudad, tales como la primera imprenta, panadería, telefonía, electricidad y elaboración de puentes y calles.

El penal tuvo alrededor de 30 sectores de empleo, algunos ubicados en las afueras del lugar, y contaba con un sistema de recompensas para los delincuentes dispuestos a ejercer sus tareas. Muchos de ellos lograban fabricar sillas de madera, casas de muñecas talladas, juegos de mesa, e incluso los habitantes de la provinciaconcurrían a la zonapara hacerles pedidos especiales.

Entre los beneficios de los que gozaban los reclusos, al cumplir con sus deberes, se encontraban: salir los días domingos y fiestas patrias, con la compañía de un guardia, asistir al Salón de recreo y poder habitar con su familia. En el caso de los solteros, se les concedían los materiales necesarios para que construya una pieza luego de conseguir su libertad.

Sin embargo, los castigos por desobediencia o infracción del reglamento eran severos e implicaban desde trabajos forzados, sin compensación, hasta la incomunicación en un calabozo a pan y agua, de uno a quince días. Además, hubo una época en la que recibieron golpizas y se los mantenía con la ropa mojada en sus celdas, a oscuras. Las sanciones dependían del reglamento vigente en cada oportunidad.

Presos famosos

El primer grupo de 14 penados, entre ellos 9 mujeres, arribó en enero de 1896 cuando solo se encontraba habilitada una “Cárcel de Reincidentes”, compuesta por simples casas de chapa y madera. Recién en 1902, comenzó la construcción del Presidio Nacional que será reconocido por el paso de sus reclusos más célebres.

Conocido por su piromanía, su frialdad y su cinismo, Cayetano Santos Godino, apodado como “El Petiso Orejudo”, era uno de los asesinos de niños más temidos del momento. No obstante, su conducta en el presidio fue considerada “ejemplar” hasta el momento en que sus compañeros hicieron justicia por su cuenta y lo mataron tras enterarse de que había asesinado a la mascota del establecimiento.

Durante su condena, recibió asistencia médica con intenciones de realizarle una cirugía estética ya que se pensaba que su maldad podría estar radicada en sus orejas. “Salía de mi casa a buscar trabajo, y como no lo encontraba, tenía ganas de matar a alguien.Si encontraba a alguien chico me lo llevaba a alguna parte y lo estrangulaba», así confesaba el homicida en una de sus declaraciones.

Luego de asesinar a sus víctimas, asistía a sus velorios para chequear que estuvieran en el estado que las había dejado. Esta forma de accionar fue una prueba crucial para su posterior captura, en la que se secuestró un trozo de cordón del bolsillo de su pantalón. El arma homicida.

Otro de los reclusos más famosos fue Simón Radowitzky, un joven anarquista de origen ruso, famoso por cometer el asesinato del comisario Ramón Falcón con una bomba arrojada hacia dentro de su coche. Su condena se basó en una reclusión en su celda a pan y agua durante 20 días por año, cuando se aproximaba la fecha de muerte del oficial. Así pasará 19 años en el presidio de Ushuaia.

Por su parte, Mateo Banks, apodado “El Místico”, fue un multi-homicida que también cumplió su sentencia en la famosa cárcel tras asesinar a su familia y a dos peones en Azul. Acusado por su intención de apoderarse de las dos estancias heredadas, se declaró inocente y varias veces insistió con su versión.

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