N° de Edición 7412
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Salud Mental: las consecuencias de la pandemia

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Salud Mental: las consecuencias de la pandemia

A un año y medio de la declaración de pandemia por el Covid-19, las sociedades, las relaciones humanas y la cotidianeidad de los individuos son, indefectiblemente, algo muy distinto a lo que solían ser. Todos hemos sido parte, en mayor o menor medida, de cambios estructurales en gran parte de las esferas de nuestra vida.

Por María Belén Peralta

Es por esto que, en busca de una mirada profesional, Diario NCO se comunicó con la psicoanalista Ana Paula Cabaleiro (M.N. 30490) y conversó acerca de las consecuencias que trajo aparejadas la pandemia y el largo período de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en la salud mental de niños y adultos.

Cabaleiro es egresada de la Universidad Nacional de Mar del Plata y especializada en psicología infanto-juvenil por el Hospital C. Tobar García y el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, y aseguró que, en su experiencia, durante el último tiempo vivenció un notorio aumento en la cantidad de consultas psicológicas por parte de todos los grupos etarios.

“La pandemia ha tenido y continúa teniendo efectos en la salud mental debido a la masividad de la situación y a lo abrupto de la irrupción del virus en nuestras vidas. Eso significa que generó algo traumático en los sujetos. Se vieron enfrentados al Aislamiento, al contagio, a pérdidas, y eso afectó la vida de todos de una u otra forma”, declaró.

Los síntomas de la pandemia

Tal como explicó la psicoanalista, “hay múltiples efectos observables y hay otros que todavía no podemos dimensionar porque van a aparecer en el retorno a la cotidianeidad”. Lo importante aquí radica en que ante la irrupción de este suceso “traumático”, cada ser humano experimentó distintas formas de procesarlo psicológicamente: angustias, miedos, conflictos, rupturas amorosas, desarrollo de síntomas físicos, enfermedades derivadas de angustias…

“Aparecieron trastornos en el sueño (pesadillas, insomnio, inversión de los horarios de sueño, etc), problemas alimenticios, dificultades en el estado de ánimo (apatía, nerviosismo extremo, temores excesivos), dificultades en las relaciones familiares por el exceso de convivencia (esto genero violencia, a veces se acrecentaron situaciones de abuso psicológico o sexual), depresiones, etc”, detalló.

“El hombre es un ser social por naturaleza”, diría Aristóteles, y en eso fue precisamente donde más se lo atacó. La falta de relación con “el otro real” puso en vulnerabilidad a muchas personas ya que, según Cabaleiro, “la estructura del sujeto está determinada por el lazo social”. Es por esto que muchas personas comenzaron a experimentar dificultades para relacionarse y “encontrarse con los otros”.

Por otro lado, es visible la cantidad de personas que han comenzado a manifestar episodios de ataques de pánico (definidos por la especialista como “crisis de angustia desbordante”) en respuesta a la situación de emergencia global. Existen, incluso, individuos que han desarrollaron un temor extremo al virus llegando incluso al punto de vivir literalmente encerrados. Esto último observado más frecuentemente en adultos mayores.

Los niños frente a la pandemia

En relación a la salud mental de los más pequeños, la especialista aseguró que “las consecuencias todavía no están a nuestro alcance” debido a la vigencia que aún mantiene el contexto de pandemia, “pero creo que la interacción de los niños que transitan la primera infancia se va a ver muy afectada (…), ya hay dificultades en la comunicación, en el lenguaje… pero eso es algo que todavía está transcurriendo”.

El gran problema para con los niños radica en la imposibilidad de entrar en contacto con el ambiente escolar, en tanto lugar de vital importancia, no solo para la adquisición de conocimientos, sino también para gestionar las relaciones con otros por fuera del ambiente familiar, la búsqueda de nuevas realidades y de pares con quienes identificarse y compartir.

“Lo virtual en la escuela ha funcionado más o menos según cada edad, no es lo mismo un adolescente que ha podido agarrar el ritmo desde lo escolar en sus primeros años que un niño que acaba de comenzar el primer ciclo”, analizó la psicoanalista. En línea con esto, Cabaleiro asegura haber observado “que los adolescentes arman vínculos sociales dentro de lo virtual que resultan mucho más fluidos en contraposición con los vínculos con la escuela y los contenidos académicos”.

Para finalizar, es importante destacar que ni tomarse las cosas con plena liviandad ni enfermar el cuerpo o sentir verdadero terror por la situación es bueno. “Lo importante – cerró Cabaleiro – es no patologizar, el momento traumático genera respuestas subjetivas diversas y cada sujeto responde con lo que cuenta, pero ningún extremo es bueno”.

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