Número de edición 7771
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Parar la inflación requiere de otra política

 

Con la inflación en alimentos en el mes de febrero del 9 por ciento, el pueblo es víctima principal de este flagelo, en los hogares ya no se sabe ni que cocinar con el escaso dinero con que se cuenta, ni hablar de la ropa o útiles del colegio. De seguir así la inflación en el año destruirá aún más los ingresos de la mayoría de la población.

Por Licenciado Benito Carlos Aramayo
Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Jujuy
Miembro del Comité Central del PCR.

Ante este cuadro el presidente sembró expectativas, anunciando el inicio de una «guerra contra la inflación», y en su mensaje del viernes 18 de marzo a la noche dijo que es una maldición histórica en Argentina. El mensaje se limitó a describir principalmente lo que está pasando con el trigo como consecuencia de la guerra en Ucrania. El precio del trigo fue el centro de su referencia y el de sus derivados de harina, pan y fideos.

La medida concreta para desligar el precio internacional de los precios internos consistiría en la creación de un fondo de estabilización para subsidiar la compra de harina para la producción de estos bienes de la canasta básica de alimentos. Para ese fondo se aplicarían impuestos que provendrían del comercio exterior.

Asegura que los responsables de la escalada de precios son «los especuladores que quieren sacar rentas extraordinarias» y anticipa aplicar la ley de abastecimiento. Junto a esto se convoca a empresarios y trabajadores a buscar acuerdos de precios. Hasta aquí llegan las acciones de esta «guerra».

Ante la pobreza de análisis y propuestas para combatir en serio la inflación es necesario que abordemos en esta nota las causas de fondo del fenómeno, que está relacionado no con una maldición divina sobre la Argentina, sino a la estructura monopólica – terrateniente e imperialista con predominio del capital financiero, imperante en la economía como factores multicausales de la inflación, que no se menciona ni por asomo. Sin terminar con el predominio de este verdadero poder sólo pueden llegar paliativos y no se podrá modificar nada sustancialmente.

Precios internacionales e internos

¿Cómo desacoplar los precios internacionales de los internos si no se toca al monopolio de la comercialización de los granos y cereales en manos de una decena de empresas, la mayoría de capital imperialista? Esta es la causa de que el país no tenga el control de lo que produce.

En el primer gobierno de Perón el instrumento eficaz fue la Junta Nacional de Granos, con el mecanismo de que el gobierno compraba el trigo a un precio sostén que le garantizaba una ganancia razonable a los chacareros y a ese precio se vendía internamente a los sectores industriales. Junto a ello el gobierno era el único exportador al precio internacional y se quedaba con la diferencia cuando el resultado era positivo, los saldos de la balanza comercial ingresaban a las reservas del Banco Central.

De aplicarse hoy la nacionalización del comercio exterior también los insumos para el agro que no producimos y que se importan tendrían el precio bajo control. Lo mismo vale para la soja, maíz, sorgo o para las frutas que se exportan. Hoy las subas extraordinarias de los precios quedan en manos de las empresas agro exportadoras y de los terratenientes rentistas.

Junto a ello una de las medidas a encarar es el control real y manejo de los puertos del Paraná. Permitiría saber cuánto y qué se exporta y a qué precio, porque ese es un dato que las empresas privadas dan por declaración jurada y que no necesariamente tiene que ver con la realidad de los volúmenes exportados y los verdaderos precios de transferencia. Sobre ese monto declarado se aplican los impuestos a la exportación.

Monopolios y especuladores

Existen los especuladores, es cierto, pero los que forman los precios principalmente son un puñado de empresas que abastecen lo que compramos en las góndolas de los supermercados y almacenes. No existe control sobre sus costos y tampoco sobre el nivel de sus ganancias, que son extraordinarias. Lo mismo ocurre con el precio de los servicios que consumimos. Agreguemos que incluso en Pandemia siguieron teniendo súper rentabilidad.

A modo de ejemplo: en algunos alimentos y bebidas se puede constatar que monopolios como Arcor, Molinos Río de la Plata, Danone – La Serenísima, Adecoagro, Ledesma, Coca Cola, Nestlé, Mondelez – ex Kraft, Molinos Cañuelas, Morixe) y las grandes cadenas de ventas en supermercados como Coto, Carrefour, Cencosud, la Anónima, Walmart, manejan el 65% de la comercialización de estos bienes que se consumen en el país.

En el caso de la industria láctea, donde la leche ya es un lujo, para no hablar de quesos y manteca, sólo 4 empresas concentran más de un tercio de la producción láctea de la Argentina. Son La Serenísima y Armonía (donde Arcor tiene el 49% de las acciones); Saputo (de origen canadiense) con las marcas La Paulina y Ricrem es la segunda lejos en producción del resto.

Por ello, diversificar la producción con empresas medianas y pequeñas de origen nacional pueden romper con los precios establecidos por ese puñado de grandes empresas. Así podríamos dar ejemplos en cada una de las ramas que producen bienes para nuestros hogares. Esto no se arregla con la Ley de Góndolas y es imposible inspeccionar cada boca de venta, ni con un Fondo de Estabilización como el que se lanzaría en el caso del trigo.

Productores y consumidores

Para ir al combate contra los especuladores e intermediarios en el caso de la verdura y las hortalizas es necesario darles atención y prioridad a las producciones circundantes a los centros de consumo y gran impulso a las ferias, que, junto a la economía popular, vinculen directamente al pequeño y mediano productor con el consumidor, para lo cual tiene que intervenir el Estado nacional, provincial y municipal con inversiones en infraestructura y logística.

Quienes manejan los alimentos con sus monopolios son el verdadero poder y la batalla o la guerra se la podemos ganar con una firme decisión política, que lamentablemente hoy no está en los planes del gobierno, que repite fórmulas ya fracasadas.

Hoy en nuestro país es necesario «tomar el toro por las astas», porque el derecho elemental del pueblo a alimentarse se hace cada vez más difícil y sigue aumentando la pobreza y la indigencia. El Gobierno del Frente de Todos aún tiene por delante convocar a un gran despliegue y protagonismo de las fuerzas nacionales y populares y ser severo con el objetivo de terminar con la pesadilla del aumento descontrolado de precios. Los tiempos apremian.

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