N° de Edición 6789
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Otros testimonios en la décimo cuarta audiencia del Juicio Brigada de San Justo

Otros testimonios en la décimo cuarta audiencia del Juicio Brigada de San Justo.

(II Parte)

En la décima cuarta y extensa audiencia por el juicio a los genocidas de la Brigada de Investigaciones de San Justo, continuó el debate con los testimonios de dos ex detenidas y una compañera de colegio de uno de los desaparecidos de la UES zona oeste. La brutalidad de la acción genocida y la ajustada coordinación represiva van quedando cada vez más al descubierto en el debate.

El 15 de noviembre del ’77 fue secuestrado Herman Von Schmeling padre cuando iba de su casa al trabajo. Entonces la noche del 16 de noviembre Irma se fue a acompañar a su hermana en Olivos, que había quedado sola con sus otros hijos, incluida una bebé recién nacida. Pero debía cumplir con su trabajo en la empresa Massalin & Celasco, subsidiaria de la Philip Morris en Villa del Parque, Capital Federal.

El modus operandi

La mañana del 17 de noviembre, luego de llegar tarde al trabajo recibió una curiosa llamada de su hermana preguntando si estaba bien. Su hermana le contó que la había llamado su madre, que no tenía teléfono en la casa, que tenía una voz rara, y que cuando le preguntó qué le pasaba cortó. Entonces Irma decidió volver a su casa y allí el portero le informó que la buscaban.

Así tuvo que enfrentar a dos tipos de civil con bigotes y armados que la encapucharon y la trasladaron en un Jeep verde militar a lo que, dan todos los indicios, sería la Brigada de Investigaciones de San Justo: 45 minutos de viaje, un ingreso con portón, una sala en planta baja con escalón, luego un piso liso, una escalera con curva y finalmente una sala en primer piso con escritorio.

Allí fue interrogada encapuchada y sentada en una silla con apoyabrazos, con preguntas sobre su casa, su familia y su trabajo. Además le dijeron que a Herman y a Sonia los iban a “trasladar”. Luego uno dijo “esta no sabe nada”. Entonces la bajaron, la volvieron a subir al Jeep y la dejaron en Avenida Rivadavia al 17.000 diciendo “tuviste suerte, esto no pasa con nadie”.

Entonces develó el curioso llamado de su madre a su hermana: cuando volvió a su casa se enteró que la noche del 16 de noviembre los represores habían ido a casa de su madre preguntando por ella, y como no estaba se habían llevado a su madre, su padre y su tío político a un lugar donde fueron maltratados e interrogados, que también da todas las características de la Brigada.

A la madre le dijeron que a Herman lo tenían “medio muerto de la paliza que le dimos”, y la hicieron subir una escalera hasta una habitación donde la obligaron a llamar por teléfono con un arma en la sien. Luego, siempre la mañana del 17 de noviembre, llevaron al tío secuestrado a marcar a Irma al ingreso del trabajo, cosa que no pudo hacer porque ella ese día llegó tarde.  Por ese episodio, que fue interpretado como falta de colaboración, el tío sufrió torturas con picana eléctrica ya de vuelta en el lugar de confinamiento. Luego los padres y el tío fueron liberados.

Los secuestros paso por paso

Irma Greus aportó tres datos más sobre el lugar en que estuvo ella y el grupo de su padre, madre y tío. Dijo que en el año ’78 conoció a la sobreviviente Adriana Martín y le contó que había estado con Sonia y “Chelo” Moglie en la misma celda de San Justo. Además afirmó que su madre le comentó que en el lugar de detención parecía estar contiguo a una escuela, porque se escuchaba la rutina del recreo alternado con silencios de clase.

Luego sumó que fue una vez con su sobrino, Herman hijo, a la Brigada de San Justo y vio que daban todas las características de lo que ella recordaba, pero que no podía tener total certeza porque siempre estuvo encapuchada. Además vio unos buzones ciegos que tenían agujero tipo mirilla de observación, y recordó que Martín le había dicho que Sonia había visto pasar a su abuela detenida por el pasillo de San Justo, la reconoció, se puso muy mal y dijo “¡Por qué a mi abuela también!”.

La testigo pidió condenas ejemplares para los imputados en el debate y los comparó con los nazis: “Pido que se haga justicia por lo que hemos vivido. Que si hay responsables, que esté presos. Mi hermana murió hace 6 años. Arruinaron la vida de toda mi familia. Nos quitaron la vida de dos personas, pero nos quitaron años de vida a toda la familia”, concluyó.

Los chicos de la UES

El último testimonio de la jornada fue el de Mabel Cuadrado, ex integrante de la UES zona oeste y compañera de curso del militante secundario desaparecido Juan Alejandro Fernández. La testigo contó que ingresó al colegio San Francisco Solano de Ituzaingó en 2º año, y que para 4º, en 1976, se activó la elección de delegados y la formación de la UES en el colegio.

Los compañeros la aclamaron a ella, y en la votación fue electa delegada y Juan Alejandro Fernández subdelegado. “Juan me explicó el rol del delegado. Él llevaba la voz cantante. Tenía volantes y los repartía. No se relacionaba mucho, era muy callado” refirió. También contó que como iban al colegio de mañana las reuniones políticas se hacían a la tarde en un bar a la vuelta de la institución. La testigo dijo que su padre, Marcos Cuadrado, era personal civil de la Fuerza Aérea, trabajaba como electricista, y no le permitía tener actividades políticas.

Sin embargo ella iba a algunas reuniones a escondidas. “Juan iba a las reuniones políticas de la UES en Capital Federal y traía los informe”, dijo. Un día que ubica como de octubre del ’76 Mabel llegó tarde, se metió al bar y cuando salió vio dos autos y unos tipos golpeando al grupo de la UES. A Juan lo habían metido dentro del auto para secuestrarlo. Mabel se metió en el forcejeo. La agarraron de los pelos para subirla al auto y pudo ver que algunos de los atacantes usaban borceguíes.

Entonces un vecino que tenía una inmobiliaria realizó un disparo al aire, Juan aprovechó para zafarse y bajar del auto, y los represores escaparon del lugar. Ese día no entraron a la escuela y Mabel ocultó lo sucedido en su casa. Pensaba que se trataba de un hecho común. “Al día siguiente pusieron una bomba en la inmobiliaria, se rompieron los vidrios de la escuela y murió la señora y el hijo del dueño”, dijo Cuadrado.

Ese mismo día su padre llegó antes del trabajo y le dio una paliza mientras gritaba “antes que la maten ellos la mato yo”. Entonces los padres decidieron llevarla escondida a Córdoba por el resto del año. “Viví con mucha soledad y odio a mis padres. Pensé que me estaban castigando por una mentira de juventud, pero en realidad me estaban protegiendo”, señaló. Ya en el verano del ’77 los padres la hicieron rendir las materias libres y pasó de año.

La joven continuaba relacionada con los chicos de la UES pero en mucha menor medida. Después comenzaron a hacer tareas comunitarias, como limpiar vidrios de autos y cortar el pasto, para juntar dinero para el viaje de egresados a Córdoba. “Juan no iba mucho porque tenía muchas reuniones políticas”. Antes del viaje de egresados iban a hacer una excursión por el día del estudiante del año ’77. Estando todo listo notaron que Juan no llegaba y el colectivo se retrasó. Entonces vieron que llegó la madre de Juan y avisó al colegio que sus dos hijos Juan Alejandro y Jorge Luis habían sido secuestrados.

La testigo recordó además que a comienzos del ’77 Juan le había pedido que ella se concentrara en la militancia de la UES porque él se iba a hacer tareas con un grupo cristiano. En realidad, como contaron sus hermanos José Gabriel y Marcela en la cuarta audiencia de este juicio, la familia lo estaba enviando en salvoconducto con un grupo juvenil de una parroquia de Moreno e iba a viajar a fines del ’77 para realizar tareas sociales.

No llegó porque fue secuestrado junto a su hermano. Estaban preparando la celebración estudiantil de la primavera, y la noche del 19 de septiembre de 1977 un grupo de personas armadas irrumpió en la casa familiar de Castelar en el entonces partido de Morón, hoy Ituzaingó. La patota entró con violencia y preguntando por “Rulo Ramírez”, que en realidad era Enrique Rodríguez Ramírez (para sus compañeros “Pluma”) otro militante de la UES secuestrado esa noche y desaparecido.

De hecho, en lo que podría calificarse como “la otra Noche de los Lápices”, entre el 16 y el 29 de septiembre del ’77 fueron secuestrados los hermanos Fernández, Alejandro Aibar, Marcelo “Chelo” Moglie, Enrique “Pluma” Rodríguez Ramírez, Ricardo “Polenta” Pérez, Adriana Cristina Martín y Sonia Von Schmeling, entre otros.

La mayoría de los integrantes de ese grupo fueron sacados de la Brigada de San Justo y asesinados como detallaron las hermanas Martín en el debate. Estos relatos habilitan la posibilidad de ampliar la acusación sobre los represores imputados por los homicidios de estas víctimas, ya que hoy sólo se contemplan los secuestros y torturas sufridas por ellos sufridas.

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