N° de Edición 6735
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Nuevos testimonios en la décimo cuarta audiencia del Juicio Brigada de San Justo

Nuevos testimonios en la décimo cuarta audiencia del Juicio Brigada de San Justo.

(I Parte)

En la 14° y extensa audiencia por el juicio a los genocidas de la Brigada de Investigaciones de San Justo, continuó el debate con los testimonios de dos ex detenidas y una compañera de colegio de uno de los desaparecidos de la UES zona oeste. La brutalidad de la acción genocida y la ajustada coordinación represiva van quedando cada vez más al descubierto en el debate.

Los jueces del Tribunal Oral 1 de La Plata dieron inicio a lo pautado para la audiencia, con el testimonio de Zoraida Martín, ex detenida desaparecida en el Centro Clandestino de Detención de la zona oeste y hermana de Adriana, ex detenida de la Brigada de San Justo y caso en este juicio. La testigo comenzó afirmando que habla como sobreviviente del Terrorismo de Estado en el circuito represivo de zona oeste.

Crudo testimonio

La casa familiar en Villa Udaondo, en Morón -hoy Ituzaingó-, fue allanada el 16 de diciembre de 1976 por un operativo de la Fuerza Aérea. En aquella oportunidad  la buscaban a ella, militante secundaria de 16 años, pero no se encontraba puesto que estaba en una reunión política. Entonces se llevaron a su hermana Adriana, de 14 años, que fue derivada a la Comisaría 3ra de Castelar por dos meses.

A raíz de esa situación, Zoraida se refugió en Godoy Cruz, Mendoza, donde igualmente fue secuestrada en enero de 1977 y traída en avión desde El Plumerillo a la Base Aérea de El Palomar, luego a la 3ra de Castelar, donde pudo saber que estaba su hermana, y finalmente a Mansión Seré. Fue liberada en 28 de diciembre del ’77 en un basural en la ciudad de Bancalari, cerca del río Reconquista y el camino del Buen Ayre.

El 29 de septiembre del ’77 Adriana fue nuevamente secuestrada de la casa de sus padres y estuvo cuatro meses desaparecida en la Brigada de San Justo y pudo reconocer a muchos de sus compañeros de la UES en el cautiverio. Zoraida relató que cuando fue liberada su hermana “estaba transparente, pelada, sin dientes, no podía caminar sin ayuda, fue algo terrible. Nos decía balbuceando que quería ir a avisar a la casa de los compañeros”. Pese a lo lamentable del momento, cuando Adriana se recuperó pudieron ir a la casa de las familias Von Schmeling, Moglie y Fernández a contar que había visto a sus hijos en San Justo.

Sobre Juan Alejandro Fernández recordó que después del primer secuestro de su hermana “Juancito pasaba por mi casa para ver qué necesitaban mi madre y mis hermanos más chicos. Era oficial montonero y sabía que no podía ni pisar. Rescato su solidaridad como militante”.

La casa de la familia Martín era el lugar de muchas reuniones del grupo de militantes secundarios de la UES zona oeste. Esa casa sufrió 13 allanamientos: con ello vivieron los secuestros y torturas de las dos hijas, del padre Manuel y secuelas en los hermanos Sergio y Gustavo. De hecho tanto Zoraida como Adriana afirmaron que posterior a su liberación vivieron vigiladas bajo órbita de aquella fuerza.

Torturas y muerte

El padre de las militantes, Manuel Martín, fue secuestrado un mes después que Adriana y liberado a fines del ’77. Pese a las secuelas físicas que le dejó la tortura les pudo transmitir que presenció el castigo hasta la muerte que sufrió Herman Von Schmeling, con quien compartió la celda.  A su vez, Adriana vivió los últimos momentos con vida de Rubén Cabral, compañero de Zoraida y militante montonero apodado “Guli”, que había sido secuestrado en septiembre del ’77 y es caso en este juicio.

“Yo estaba comprometida con él”, dijo Zoraida, “pensaba casarme y tener hijos, pero arruinaron mi proyecto de vida. Mi hermana me contó que a Rubén lo picanearon tanto que no iba a sobrevivir, estaba podrido por la picana”. Al recordar a su compañero dijo que “era ingeniero de sistemas, un genio, una persona con mucha paciencia. Lo habían mandado de la columna norte de Montoneros a la oeste y tuvo que empezar de cero, hacía pastones y actividades en la sociedad de fomento”.

Finalmente afirmó que Adriana “me dijo también que en San Justo tomaban lista a los detenidos y en un momento no lo mencionaron más. A Mansión Seré lo llevaron en octubre del ’77 solo para cerrar el círculo”. Zoraida contó que al momento en que empezó la represión fuerte ella hacía cuatro años que militaba en la UES y era parte de la “territorial” de Montoneros.

“Los pibes de la UES eran compañeros míos”, dijo, y agregó que “el ‘Indio’ Aibar, ‘Polenta’ Perez  y ‘Chelo’ Moglie estaban conmigo en la ‘territorial’, habían ascendido en sus responsabilidades”. También reseñó la matanza de por lo menos seis de esos compañeros secuestrados en San Justo que le relató su hermana: “a Sonia y a mi hermana las sacaron juntas. Los llevaron a todo el grupo a un basural y los fusilaron”.

En el testimonio ya brindado en el debate, Adriana había ubicado esa matanza el 28 de diciembre del ’77, y describió que a todo el grupo de jóvenes los sacaron tabicados en distintos autos, tras un largo trayecto los bajan y escucha “¡arrodíllate!”, seguido de ráfagas de disparos a su lado. Luego hubo corridas y gritos y la orden “¡súbanlos!”. A ella le gatillaron 3 o 4 veces en la cabeza, se desmayó y luego despertó nuevamente en la celda de la Brigada.

Violaciones sexuales en cautiverio

Zoraida también relató la reducción a la servidumbre, las violaciones sexuales sufridas por ella y su hermana en cautiverio y las secuelas que les dejaron: “para nosotros los militantes políticos era un quiebre en la psiquis, algo que no se puede tolerar. También hubo violaciones en la 3ra de Castelar. Mi hermana fue violada con la introducción de picana en la vagina, le destruyeron una de las trompas y tuvo que hacer tratamiento muchos años. Tuvo un embarazo psicológico. La Fuerza Aérea ya violaba como parte de la tortura”, señaló la testigo.

Sobre el lugar en que fue liberada, el basural de relleno de Bancalari, agregó que era habitual que allí aparecieran cuerpos de personas secuestradas, que ahí se fraguaban enfrentamientos y que hace algunos años pudo reconocer el lugar con el Equipo Argentino de Antropología Forense. Lo describió como un triángulo operacional entre el Batallón 601 del Ejército, la Fuerza Aérea y la Regional de Inteligencia de la Policía bonaerense (RIBA).

Sobre la coordinación represiva en la zona Zoraida recordó la existencia de la denominada “Orden Provincia 2/76”, del Comando de Operaciones Aéreas, que implicó el accionar autónomo de la Fuerza Aérea como mando operacional para el exterminio en la zona oeste.

Con este testimonio Zoraida Martín participó en cuatro juicios orales, aportó a la condena de algunos de los verdugos de la zona oeste. “Parte de mi vida está en este juicio por la Brigada de San Justo”, concluyó.

A continuación se escuchó el relato de Irma Greus, cuñada del militante montonero Herman Von Schmeling y tía de la estudiante secundaria Sonia Von Schmeling, ambos desaparecidos y caso en este debate. La testigo relató la coordinación evidente que hubo en los secuestros de sus familiares y el cautiverio que sufrió ella, su padre, su madre y su tío como parte de la persecución a la familia.

En principio destacó que la noche anterior al secuestro de Sonia, ocurrida el 28 de septiembre del ’77, ella estaba estudiando en su casa cuando llegó un operativo de gente armada que dijo que buscaba a Herman, padre de la joven de 16 años. Herman había vivido con su familia cerca del domicilio de Irma, pero luego de haber sufrido una primera detención y torturas en la 3ra de Castelar en octubre del ’76 se había mudado a otra casa en Olivos.

Greus desconocía la dirección y debió sufrir la presencia del grupo operativo mientras buscaba la dirección en sus anotadores. Cuando la encontró proporcionó el dato y los represores se comunicaron entre ellos para pasarlo. Pero no se fueron, se quedaron una hora más y recién se retiraron la madrugada del 28 de septiembre.  Entonces Greus se comunicó con la casa de su hermana y Herman, que le dijeron que habían secuestrado a Sonia, diciendo que la llevaban solo por “unas averiguaciones”.

Tras esto, Irma acompañó a su cuñado a realizar gestiones ante la iglesia y el Ejército por el paradero de Sonia. Pero nunca tuvieron respuesta. Sólo una vecina, llamada Marta Moyano, dijo a la familia que tenía contactos, no acaró en qué fuerza, los hizo ilusionar con llevarle algunas cosas a la joven en su lugar de detención y hasta trajo una supuesta nota de Sonia diciendo “mamá, estoy bien”.

Al reconfirmar este dato sobre esta vecina, que ya había sido aportado por Herman Von Schmeling hijo en su testimonio, la fiscalía pidió al tribunal que se cite a declarar a esa persona.

Continúa mañana…

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