N° de Edición 6824
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Nueva audiencia: el aporte de la Brigada Aérea de El Palomar a la Brigada de San Justo

 Nueva audiencia: el aporte de la Brigada Aérea de El Palomar a la Brigada de San Justo.

Con los testimonios de un exsoldado conscripto que realizó el servicio militar en dictadura en la Primera Brigada Aérea de El Palomar, donde participó de operativos del terror de Estado.

Y con la declaración de la hermana de una exdetenida del Complejo Habitacional 17 de Ciudad Evita-La Tablada que también sufrió secuestro y torturas, continuó el debate por uno de los CCD más grandes de la zona oeste del conurbano en dictadura.

La audiencia se inició con la testimonial de Witold Jorge Nowakowski, exsoldado conscripto en la Primera Brigada Aérea de El Palomar, partido de Morón. El testigo, que ya declaró en el TOF 1 de San Martín en la causa 1861/2011 caratulada “Barberis, Marcelo Eduardo y otros” (Mansión Seré 2), detalló que fue sorteado para el servicio militar en el Distrito Militar San Martín e incorporado a la Brigada de Palomar en enero del ’77.

El rol de la Fuerza Aérea

Allí revistó en el Escuadrón Tropa y por tener aptitud de tiro lo asignaron a la Compañía COIN (Contrainsurgencia) como soldado apuntador de FAL. La compañía tenía unas 80 personas, entre apuntadores de FAL, de FAP y choferes, y se dividía en 2 grupos: los operativos, que salían a recorrer y realizar operativos en camionetas Dodge con armas pesadas y otro de apoyo que acudía a los sucesos una vez en desarrollo.

El testigo también sostuvo que realizó vuelos al sur en Hércules para llevar pertrechos y que su baja anual se estiró por la vigencia del conflicto limítrofe con Chile, donde la tropa fue retenida preventivamente. Tras ser dado de baja fue reconvocado en 1978.

Sobre la dinámica interna en la Brigada del Palomar sintetizó que los soldados tenían instrucción militar, técnica y física, y que las prácticas de tiro las realizaban con material liviano en la misma dependencia y con armamento pesado y automático en Campo de Mayo.

Preguntado por el rol real que cumplía la Fuerza Aérea en el esquema represivo en esos años, el testigo dijo “yo esto lo veo ahora de grande, en ese entonces uno tenía la fantasía de hacer el servicio militar, pero a nosotros nos instruyeron para hacer operativos. Era nuestra función natural. La Fuerza Aérea hacía función de policía, porque detenía delincuentes comunes y los traslada a las comisarías, la más cercana la de Palomar, a 3 o 4 cuadras de la Brigada.

A la Brigada sé que han llevado gente porque hemos ido a buscar personas a distintos domicilios. A veces nos acompañaban vehículos de civil, algunos oficiales o suboficiales que andaban de civil con nosotros. Iban en autos particulares que no puedo asegurar si era de ellos o de la Brigada, y de civil o con vestimenta mixta, pantalón de jean y campera militar. Ellos hacían operativos y nosotros íbamos de apoyo”.

Los operativos

Requerido específicamente sobre algún operativo de lo que ellos denominaban “lucha antisubversiva”, dijo que una vez participó como apoyo de un hecho en Hurlingham o William Morris, en una fábrica de guantes, donde “por los rastros que quedaban en el lugar se notó que había habido gente herida: restos humanos, masa encefálica, cuero cabelludo, mucho sangre en el piso y en las paredes, señales de disparos”.

“Cadáveres no vi. Nos llevaron como ‘personal de mudanza’, para cargar las máquinas y elementos que había ahí en camiones de la Brigada. Era una casa baja con un cerco en una calle de tierra”. Además recordó que “se cargaron máquinas, bolsas de guantes y cueros. Recuerdo que después un suboficial repartió algunos guantes en la compañía”, relató el testigo.

Además afirmó que los materiales levantados en esa casa se guardaron en un hangar de la Primera Brigada donde habitualmente se guardaban los carros de asalto. Y agregó que en ese hangar, además de materiales de uso habitual como cubiertas de aviones o mangueras, también había heladeras, cocinas, camas desarmadas y roperos que venían de los operativos que se realizaban.

Preguntado sobre las dependencias policiales a las que llevaban detenidos, el exsoldado Nowakowski mencionó las comisarías de San Martín, de Caseros, de Martín Coronado, de Hurlingham y otras, a donde llevaban detenidos por pedido de asistencia de la Policía Bonaerense o “por reciprocidad”. Reconoció que pudo haberse llevado gente detenida a la Brigada de San Justo, pero como él no conocía la zona se enteraba por lo que le decían.

Dijo que el Grupo de Tareas de la Primera Brigada funcionaba en el subsuelo del escuadrón Tropa, junto al casino de oficiales. Allí coordinaba el jefe de la Brigada, Santichone. Sobre la existencia de “zona liberada” el testigo dijo que a veces desde el Colegio Militar informaban por radio que se iba a hacer algún operativo y se activaban los Grupos de Tareas 10 y 11, con 2 o 3 camionetas a cargo de algún oficial.

También que en conjunto con el Grupo 1 de Vigilancia Aérea de Merlo (GIVA), con la Escuela de Suboficiales de Ezeiza o con camionetas Ford de la Séptima Brigada Aérea de Morón, que tenía mejores vehículos que ellos. Recordó que cierta vez la empresa Ford les regaló una camioneta tras filmar una publicidad en el predio. Dijo que por su experiencia “no había restricciones para ir a ningún lado”.

Otros hechos

También contó una experiencia que vivió cuando vio que en un avión que había llegado se puso una escalera y se bajó de una patada a una mujer detenida, que estaba vendada en los ojos, y que cayó estruendosamente al piso. Luego fue alojada en un hangar con otros detenidos y a la noche se los llevaron a destino desconocido. En otra ocasión los llevaron a una casa quinta en Morón a entregar comida para unos detenidos que no era otro que el CCD Mansión Seré, y que por la cantidad de comida que llevaban sospecha que había allí mucha gente confinada.

La Primera Brigada Aérea de El Palomar es la unidad militar aérea más antigua del país, nacida en marzo de 1949 tras la fusión de la Base Aérea Militar “El Palomar” y los Regimientos 1 y 2 de Transporte Aéreo. Su función principal fue la de transporte aéreo: en los ´60 se manejaba con los utilitarios Havilland ingleses y los Lockheed Hércules norteamericanos de transporte, en los ‘70 con los Caravelle franceses y los Fokker holandeses, y en la guerra de Malvinas desde esta Brigada se hizo transporte de personal y equipamiento.

 La injerencia del actual gobierno

Si tras mucho esfuerzo la Primera Brigada Aérea de El Palomar pudo ser señalizada como centro clandestino de detención, con el habitual desparpajo y paso de elefante que lo caracteriza, desde fines de 2017 el macrismo aceleró el proceso de incorporación de las aerolíneas de bajo costo al mercado de vuelos locales y cedió las instalaciones para operaciones comerciales en un aeropuerto trucho.

La iniciativa fue rechazada por muchos vecinos de Hurlingham, Morón y Tres de Febrero por el impacto ambiental que genera y por organismos de Derechos Humanos que pidieron una medida cautelar ordenando la clausura de las obras porque destruyen un sitio de memoria.

Claramente por otros motivos, la avanzada del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, también recibió el rechazo de un sector de la familia castrense, que dijo recibir con esto “un golpe más a la identidad de la Fuerza Aérea Argentina”. La discusión llegó a la justicia y hasta la Corte Suprema intervino por el funcionamiento del lugar sin la correspondiente Declaración de Impacto Ambiental.

Testimonio de una vecina de Ciudad Evita

El segundo y último testimonio de la jornada fue el de Josefina Benítez, hermana de la referente barrial del Complejo Habitacional 17 de Ciudad Evita-La Tablada, que como ella sufrió secuestro y torturas en la última dictadura. La testigo contó que su familia es oriunda de Misiones y que eran 10 hermanos. En 1976 cuando le avisaron a la familia que su hermana Cirila había sido secuestrada en la provincia de Buenos Aires, tenía 27 años, vivía en Misiones y estudiaba para docente.

Cirila era presidenta de la Comisión de madres de la Junta Vecinal del Complejo habitacional 17. Junto a su esposo Aureliano Araujo fueron los principales impulsores de esa experiencia de organización barrial en La Matanza que fue especialmente perseguida por el Terrorismo de Estado de la última dictadura.

La madrugada del mismísimo 24 de marzo de 1976 llegó un operativo a su casa del Complejo y un grupo de hombres de civil y armados entró violentamente, revisando todo y preguntando por su esposo. A Cirila la tabicaron y le ataron las manos, junto a sus cuñadas Olga y Teresa Araujo y un muchacho del barrio, los pusieron en una camioneta y tras un viaje muy corto las llevaron al Regimiento 3 de La Tablada, ubicado frente al complejo.

Ante esa situación Josefina vino a Buenos Aires con su madre para hacerse cargo de los 3 hijos de Cirila y del cuidado de su casa. Solo con el apoyo de los vecinos del barrio comenzaron la búsqueda de Cirila. Sin embargo al tiempo Josefina tuvo que comenzar a viajar A Misiones para no perder sus estudios. En uno de esos viajes, que realizaba con una amiga que tenía auto y cuyo esposo era subalferez de Gendarmería, su compañera le dijo que una persona había preguntado por ella.

La venían siguiendo y finalmente en noviembre del ’76, mientras estaba en su trabajo como enfermera en el Hospital de El Dorado aparecieron 3 personas de civil a las 3 de la mañana y le dijeron que los lleve a su casa. La llevaron en un Unimog de Gendarmería hasta su departamento, que alquilaba con una amiga. “Me alegré porque pensé que iba a haber novedades de mi hermana”, reconoció la testigo.

Duro interrogatorio

Lejos de ello la patota le revolvió el departamento hasta que encontraron una carta de Cirila desde la cárcel de Olmos y un libro del Che Guevara. “Abríguese, nos va a tener que acompañar” le dijeron. La llevaron a una dependencia de Gendarmería donde estuvo horas esperando en un pasillo. Mientras comenzaron a llegar como demorados sus compañeros de trabajo del hospital.

Tras todo el día de espera, a las 3 de la mañana del otro día la llevaron a interrogarla por su hermana y su cuñado Aureliano Araujo. Ella les contestaba que su hermana trabajaba en casas de familia y en los ratos libres gestionaba un dispensario en el barrio. Así la tuvieron 30 días en la sede de Gendarmería con interrogatorios diarios, y donde hasta sufrió un intento de violación de parte de un gendarme. Tras liberarla le dijeron que se fuera, que no volviera más a Buenos Aires y le cursaron una curiosa “constancia para el trabajo” cuyo original la sobreviviente presentó ante el tribunal.

Pese a lo vivido Josefina no podía irse porque estaba al cuidado de sus tres sobrinos, trabajaba de noche como enfermera y además visitaba a su hermana en los penales de Olmos y Devoto, le llevaba comida y lo que necesitara. En esas visitas conoció a otros familiares de presos políticos y con ellos gestionó la salida del país de su hermana.

Josefina contó que todo ese período se vivió con mucho miedo por no poder hablar de lo que sucedía en el trabajo y tampoco poder relacionarse con el resto de la familia para no involucrarlos.

Trabajo social

En su testimonio en este juicio Cirila contó que la tarea social que desarrollaba en el Complejo 17 se basaba en la creación de una Junta Vecinal, que presidía su esposo, y la instalación de una sala sanitaria desde la que ella coordinaba la vacunación de los niños con la colaboración de los médicos Norberto Liwski, Francisco García Fernández Jorge Heuman, Raúl Petruch y otros.

Como se sabe se encuentra agregado a la causa un informe con base en material de la Dirección de Inteligencia de la bonaerense (DIPPBA) que detalla que la Delegación de Inteligencia N°1 de Morón-San Justo venía haciendo tareas de inteligencia sobre Cirila y otras personas activistas del barrio por lo menos desde enero de 1976.

Allí los represores realizaban una semblanza completa de Cirila y la sindicaban como organizadora de la ocupación en el barrio y como militante del PCR. En base a ese informe se desató luego la cacería, que como detalló Josefina, llegó hasta la provincia de Misiones.

Fuente y fotos: H.I.J.O.S. La Plata

 

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