N° de Edición 7124
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“No estás deprimida, estás oprimida”

“No estás deprimida, estás oprimida”.

La otra cara de la depresiónse halla más allá de lo estrictamente patológico, es una faceta que se dirime en una articulación entre las fronteras del campo  social y el psíquico, teniendo componentes morales.

Esta es la opresión.

Cuando hablamos de que la otra cara de la depresión es la opresión, nos referimos a la depresión reactiva y a los afectos depresivos como la tristeza. La primera es producto de una perdida real, ya sea por muerte o separación de un ser amado, o la pérdida de su amor.

Este estado depresivo puede ser considerado como una respuesta normal del individuo, que exige un trabajo psíquico para recomponerse frente a la pérdida sufrida. Ciertamente, cuando hablamos de opresión como un aspecto importante de la tristeza, estamos más alejados de los estados melancólicos profundos.

Para Freud la melancolía compartía algunas características con la depresión llamada normal. La  diferencia fundamental se centra en la rebaja del sentimiento de sí, ese menosprecio que tiene el sujeto por su propio ser (intensos sentimientos de culpa infundados, desestima de habilidades, etc). Sin embargo, es importante  agregar que para el psicoanálisis la diferencia entre la salud y la enfermedad solo reside en la intensidad y la recurrencia del estado padecido.

¿De qué hablamos cuando hablamos de opresión?

Este término deviene de la pedagogía social de Paulo Freire (1968) es un concepto que parte del campo social, donde se destacan las particularidades de las relaciones asimétricas entre individuos de una misma sociedad.

Estas asimetrías sociales son fundadas y validadas bajo claros parámetros de opresión, muchas veces vinculados a aspectos de organización económica, social, religiosa, política y moral que son sostenidos por las instituciones que conocemos.

De este modo, según Foucault, se configuran los individuos, a partir de biopolíticas de poder; y Byung- chul han da un paso más afirmando que el sistema social ejerce efectos opresivos al generar dispositivos psicopolíticos que influyen en la formación de las subjetividades.

¿Qué relación tienen los sistemas opresores con los afectos depresivos?

Es recurrente escuchar a algunas personas padecientes de un afecto depresivo que describen sus sensaciones corporales y afectivas sobre su estadoanímico. “Me siento ahogada”, “me asfixio”, “no puedo decidir”. Estas expresiones nos permiten pensar que no solo estamos hablando de una rebaja en el sentimiento de sí frente a una pérdida de un ser amado, sino que el individuo se percibe oprimido por el entorno, su pareja, o la sociedad en general. Pero no solo esto; podemos inferir que la rebaja en el sentimiento de sí es ocasionada porque es el mismo sujeto quien asume toda la culpa de no poder avanzar o tomar ciertas decisiones en su vida. Según Jacques Lacan, hay un factor preponderante en los afectos depresivos y este es la cobardía moral.

¿A qué nos referimos con el aspecto moral de la depresión?

Para el psicoanálisis la moral está construida por los sentidos aportados desde el lugar del Otro, es en el campo del otro donde seproveen los sentidos que tensan y, en incontables casos, producen el padecer del sujeto. En esta dirección, el deseo del sujeto se define bajo los códigos aportados por el Otro, que adquiere sus particularidades a partir del lenguaje, la familia, la sociedad y las instituciones que los sostienen a través de sus dispositivos que configuran  biopolíticas y psicopolíticas. Es esperable entonces que el sentimiento depresivo se encuentre relacionado con un goce del sujeto que  permanece en tensión con los límites impuestos por la sociedad.  Cierto dolor moral, expresado en el dolor de existir, puede ser manifestado en estas condiciones. Moral en tanto hay un más allá del Otro del sentido, donde el goce del sujeto puede hallar sitio, pero indefectiblemente también podría encontrar su sentimiento de culpabilidad.

Opresión y culpa

La culpa como dolor de existir, como dolor del ser, se halla en todos, de una u otra manera. La diferencia radica—los explicitamos nuevamente— en las intensidades y recurrencias. En los estados melancólicosla culpa puede manifestarse megalómana, situación donde el sujeto se vuelve una especie de culpable universal e histórico, “un culpable de todo”, alcanzando tintes delirantes.

Claramente este espacio no permite el desarrollo profundo que este tema merece, pero es importante mencionar que la clínica de la melancolía y de los afectos depresivos es diferente. En este último caso, es importante acompañar al sujeto a reconocer y distender  aquellos hilos morales que oprimen fuertemente al sujeto para aliviarlo, al menos un poco, de esa culpa de existir.

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