N° de Edición 7013
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Médicos: ¿héroes de la sociedad o trabajadores precarizados?

Médicos: ¿héroes de la sociedad o trabajadores precarizados?.

Es necesario para toda sociedad transformar sus historias en mitos.

La consecuencia inmediata  es hacer más soportable la realidad,  pero en el camino algunas verdades se pierden.

La realidad actual se ha vuelto sumamente adversa para todos los seres humanos. Estamos enfrentando un virus desconocido que despierta angustia y un gran nivel de zozobra. La respuesta  a este conflicto es el mito, un mecanismo fundante de nuestra cultura.

El mito es una ficción que permite explicar ciertos aspectos de la realidad, que de otro modo serian insoportables o incoherentes. El psicoanálisis propone que la verdad tiene la estructura de mito, debido a que en sí misma es inalcanzable. Ahora bien, en la elaboración de todo mito hay ciertos  restos que se terminan velando o perdiendo en el camino.

Héroes y villanos

En toda historia bien contada hay héroes y villanos. El villano generalmente es el otro siniestro, aquel que se vuelve una especie de sombra de uno, y el héroe básicamente es… “nosotros”; o sea, el bueno casi siempre es “uno”, hay que decirlo, el bueno siempre es el que cuenta la historia; el famoso: “nosotros”. El héroe  tiene un estatus por fuera de la media, es magnífico y capaz de hacer proezas para el bien común.

Es una proyección narcisista de lo que todo sujeto añora ser. A simple vista el villano es una antítesis del héroe, pero lo cierto es que ambos se crean con los mismos componentes y procesos. El villano también cuenta con un elemento narcisista, pero apoyado en aquello que no se reconoce como propio.

¿Por qué una sociedad necesita héroes?

Para la cultura griega la figura del héroe es arquetípica. Existió casi desde el nacimiento de los dioses. De hecho, es el eslabón que une la mortalidad del hombre con la eternidad de los dioses. Lo curioso es que en esa creación se observa la miseria de la divinidad (su lujuria, su goce) y el desamparo del ser humano.

Básicamente el héroe es la conjunción del desborde de lo real y el sufrimiento del sujeto. En esa mezcla se crea un personaje que filtra el padecimiento humano, lo poetiza, lo vuelve asimilable, digerible, lo vela y esconde en su propia esencia, para luego enfrentar una adversidad que su mismo progenitor ha impuesto.

El héroe es ese personaje que, aun en su condición adversa, enfrenta su destino con un plus de fuerza más allá de la media. Por lo tanto, se lo recuerda por su proeza y no por su origen verdadero o realidad.

En el medio de nuestro aislamiento obligatorio, nosotros como sociedad necesitamos elevar el estatus de un trabajador precarizado al nivel de un héroe; porque, si no sintiéramos que hay alguien dispuesto a ir más allá de los límites de su condición, la realidad se nos haría insoportable y los símbolos sociales que nos sostienen comenzarían a derrumbarse.

Es por este motivo que el gobierno busca que el sistema de salud no colapse. El personal de salud y las fuerzas de seguridad que trabajan constantemente para servir a los ciudadanos y mantener el orden, se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad social y económica. Porque,  no solo se exponen a un virus altamente contagioso, sino que todos sus derechos son velados y arrasados, mientras que la sociedad los ubica como “héroes”.

Héroes y/o villanos

La figura de la fuerza de seguridad, muchas veces pensada como heroica, otras tantas, como símbolo de villanía, en un examen más profundo permite observar que hay un grupo amplio de sujetos que se encuentra altamente desbordado, carente de ideas y de herramientas para responder adecuadamente a las necesidades sociales.

Todas las noches los médicos reciben un aplauso al unísono de parte de una población impotente, que muchas veces no termina de comprender lo alarmante de la situación; ellos trabajan una extraordinaria cantidad de horas en una situación de precarización social y económica nefasta, a sabiendas que, en el momento menos oportuno, todos esos aplausos se pueden convertir en insultos o en desprecio por aquel que requiera de una atención que no se puede satisfacer.

¿Por qué sucede esto? Porque no hay nada más perseguido y odiado que un ideal, porque muchas veces la caída de un héroe puede causar tanto placer como su ascenso, porque este supuestamente es todopoderoso, y si deniega algo a la sociedad, no es porque no puede hacerlo, sino porque no quiere darlo; por lo tanto, debe ser agredido destituido y perseguido.

Lo cierto es que no hay sociedad o cultura que no halle sus fundamentos en estas imágenes arquetípicas, pero la realidad es que estos mitos esconden el sufrimiento de los sujetos que las representan. La precarización laboral del personal médico y de seguridad es algo que debe estar en la agenda del gobierno y que la sociedad no debe olvidar el día después del coronavirus.

Del héroe individual al héroe colectivo

El Eternauta,  la obra genial de  Oesterheld, nos propone un tipo de héroe que no representa al individuo único capaz de grandes proezas, sino el héroe colectivo, el grupo social que trabaja en conjunto para enfrentar la adversidad. No debe ser casual que Juan Salvo, el protagonista, se ampare en sus amigos y familiares para salir del enclaustro al que se vio afectado.

Este tipo de héroe que se funda en relación a los otros, podría ser la alternativa a la figura heroica del mártir que muere por todos. El héroe colectivo en nuestra sociedad es la misma sociedad, que no olvida el sufrimiento de ningún argentino y que pelea por cada uno de ellos, sin importar quien sea.

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